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LA VOZ DE LA POESÍA ENAMORADA

«Mi libertad llamadla fantasía,
en todo lo demás soy prisionero,
cárcel la realidad, la noche, el día,
la carne, el mundo, todo lo que quiero.»
Miguel Ángel Asturias


La obra poética de Miguel Ángel Asturias ha sido desplazada en cierto modo por la enorme difusión de su obra de novelista. Pero la sensibilidad poética del escritor guatemalteco impregna toda su obra literaria.

La poesía de Asturias, como casi toda su obra, refleja los sentimientos del autor. El amor hacia la humanidad; el amor hacia la rica fuente inspiradora de su pasado maya-quiché; como el acendrado amor por la libertad y la justicia. Es el amor el que conduce continuamente su verso. Cuando lo guía por senderos de lucha, produce una voz bronca; cuando es hacia la ternura, arranca dulces sonidos para el ser amado. En su obra poética hay cabida para la poesía sobre el amor y para la poesía enamorada. Es este último aspecto el que interesa observar para determinar el concepto que, a través de la poesía, demuestra tener del amor, así como el tratamiento que da a la mujer de la cual se halla enamorado.

Miguel Ángel Asturias nace en Guatemala el 19 de octubre de 1899. De padre español y madre india, sus simpatías se inclinarán por la ascendencia materna. Prueba de su cariño por los pueblos primitivos de su patria sería el tema de la tesis de su doctorado en Derecho -El problema social indio (1923)- y la traducción con el mexicano González de Mendoza del Popol Vuh (1927), libro sagrado de los indios quiché.

Con sólo cinco años marcha con su familia a Salamá, huyendo de las iras del dictador Estrada Cabrera. Con ocho años de edad vuelve a Guatemala. Poco antes de finalizar 1917 tuvo una impresionante experiencia: el terremoto que asoló a Guatemala el día de Navidad. Vio caer parte de su casa, así como muchas casas vecinas. Vio toda una población presa de terror, corriendo y dando alaridos por las calles.

Tembló la tierra y tembló el régimen político que dominaba Guatemala durante cuatro lustros. Los estudios de Derecho de Miguel Ángel se alternan con su quehacer literario y la actividad política, participando en las reivindicaciones estudiantiles y luchando contra la dictadura de su país. Fue uno de los fundadores de la revista El Estudiante, la más combativa de su época. También es uno de los más destacados colaboradores de la revista Cultura. Los estudiantes del grupo Cultura, serían más tarde conocidos por la «generación del 1920», en recuerdo del año en que cayó el régimen de Estrada Cabrera.

Abogado en 1922, fue uno de los fundadores de la Universidad Popular. Movido por su inquietud social se convierte en un nuevo y gran defensor de los indios. Asturias es un luchador en favor de esa clase social desposeída de todo, sojuzgada, despreciada.
Viaja a Londres y desde allí marcha a París donde se encuentra con Vicente Huidobro, César Vallejo, Alejo Carpentier, Alfonso Reyes. Conoce también a los más importantes inspiradores del surrealismo: Breton, Aragon, Eluard.

En 1928 vuelve a su país, después de pasar por La Habana. Publica Arquitectura de una nueva vida. Deslumbrado por el mundo quiché, publica en 1930, una de sus obras cumbres Leyendas de Guatemala. Al promediar el año 1930, llega a Madrid. Frecuenta la tertulia del salón de la Granja del Henar, que era presidida por don Ramón del Valle-Inclán. Escribe su primera novela importante El señor presidente. En su país funda el Diario del Aire.

La revolución del 1944, que inicia un periodo democrático en Guatemala, repercute hondamente en la vida del poeta. Viaja por América del Sur como agregado cultural de la embajada en Buenos Aires. Pasa a París como ministro consejero de la embajada y de allí, a El Salvador, con el cargo de embajador, pero el golpe de Estado del 1954, que terminó con la caída de Arbenz, le obligó a exiliarse en Buenos Aires por no querer aceptar la dictadura de Castillo Armas.

En 1966 es galardonado con el premio Lenin de la Paz. Al año siguiente recibe el premio Nobel de Literatura, siendo embajador de Guatemala en París. En mayo de 1968, estuvo en Mallorca, siguiendo el consejo de su amigo y médico, doctor Falicoft. A partir de esa fecha no dejó de visitar la isla. En abril de 1974 fue invitado a pronunciar una conferencia sobre Fray Bartolomé de las Casas, en Sevilla. Después de una breve estancia en Sevilla, Miguel Ángel Asturias volvió a Madrid donde falleció el 9 de junio de 1974.

Entre sus novelas, además de las citadas, recordamos: Hombres de maíz, Viento fuerte, El papa verde, Los ojos de los enterrados, Week-end en Guatemala, El alhajadito, Mulata de tal, El espejo de Lida Sal y Viernes de Dolores. Escribe piezas teatrales como Soluna, La audiencia de los confines, Chantaje, Dique seco y El rey de la altanería. Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan: Rayito de estrellas, Sonetos, Anoche, 10 de marzo de 1543, Sien de alondra, Ejercicios poéticos sobre tema de Horacio y Clarivigilia primaveral.

La primera poesía de Asturias tiene indiscutiblemente, una honda huella modernista. El surrealismo llegará al poeta guatemalteco con tanta fuerza como el modernismo. Pero junto a ambas influencias, continúa latiendo siempre la personalísima impronta de un vigoroso pasado. Y como dijo nuestro poeta: «...Madre, / gracias porque me inventaste; / yo no era, fui inventado por ti  / en las letras, las estrellas, las hojas y los sueños.»





 

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