Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

A uno le ha «caído» de la última Feria del Libro ese «Diario político y sentimental» -Paco Umbral en estilo puro- y no puede más que celebrar otra vez -y van tantas- la prosa lírica, la verborrea acertada, el arrebato de literatura vital que inunda el pensamiento -por escrito- de este autor beodo de palabras y párrafos, de nombres y experiencias, como plásticas fotografías preciosistas, azules o grises según el color del día que nos toca leer.

Este diario recuenta los días con golosa mansedumbre. Los describe en cielo y viento, lo mismo que en peripecia y cenáculo. Umbral nos habla del cáncer de Carmen Diez de Rivera, lo mismo que de las inauguraciones de pintura en el Reina Sofía. También nos llora la muerte de Pilar Miró. Pero su crónica no es fría, no tiene la textura pulida del hierático alabastro. El autor se involucra en/con su diario.

Recuerda sus personajes cuando estaban sanos, los celebra; se baña en las exposiciones, sin quedarse al margen de hielo del crítico altanero. Entre cena y exposición, Umbral vive la rutina de su día a día; ese devenir de amaneceres en su «dacha», viendo, sintiendo pasar las jornadas bajo el sonoro silencio de las estaciones, respirando la naturaleza, contemplando el espectáculo de los árboles movidos por el viento, escuchando la canción del «gran oso invernal que está viniendo». Y hay en este diario la sombra honda, esa penumbra umbraliana que se peina con melancolía, que se conoce perecedera e imposible, un rumor de vida y escritura que Umbral representa.

Político y sentimental, gigante y bucólico, cansado y decadente, poético y severo, irresponsable y veraz, el escritor nos abre sin pudor el sonido de cristal y hojarasca de sus vivencias más contemporáneas. No falta su periódico, su diario, su columna teñida del inevitable sombrajo -la política, la opinión ideológica, la faz de los que firman- y no falta esa opinión desengañada, de vuelta de lo que llama «el negocio literario», ahíto de condecoraciones, batido por cierto tedio -como aquel personaje de Moravia que dejó de pintar-, sintiéndose en ocasiones, a causa del paso de los años, «el muerto que todos llevamos».

El mejor Umbral se deja leer en estas páginas. El escritor relajado de precipitaciones y columneos, el hombre que vuelve al hombre para escribir sobre sus mañanas de «sol y viento», sin más grandilocuencia; o quizá con toda la grandilocuencia necesaria: La prosa diamantina, pulida, limpia que repasa la cotidianeidad con aroma sosegado de membrillo Un diario otoñal, de mañanas cristalinas de «Cielo absoluto: el absoluto es azul».

Un diario lírico y existencial. También político, pero menos. Palabra de Umbral.





 

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