Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces


Después de haber visto, una y otra vez, en la pantalla de la televisión la terrible imagen del niño extraído del fondo de los escombros, donde permaneció nada menos que una semana enterrado en un hueco del edificio destruido, seguramente debajo de alguna escalera que es donde los huecos se hacen mayores y más permanentes en los derrumbes; después de contemplar aquellas cuencas orbitarias negruzcas, profundas, con unos ojos en el fondo asombrados y desorbitados, con unas pupilas distendidas por el terror y las negruras del momento; después de ver los labios costrosos resecos, deshidratados y ásperos pidiendo agua a gritos y por piedad inmisericorde; después de todo esto una y otra vez en la pantalla televisiva, ya no puedo aguantar más y pienso, no en lo que estoy viendo horrorizado sino en lo que será y puede ser la vida de este niño que crecerá en un mundo de epidemias, temor, odios, persecuciones, afectividades inexistentes, desde luego, y desarrollados con la secuela terrible de esos días que ha vivido en el fondo del hueco terrible de su enterramiento vivo, y, sobre todo, en esos otros días que le quedan por vivir hasta que llegue a ser adulto y ¿qué se le puede pedir a un adulto que ha tenido semejante infancia?, ¿qué se le puede pedir y qué se puede esperar de él?

Ya pueden estudiar bien sus problemas afectivos y considerarlos como enfermitos que deberán ser tratados con el mayor cuidado y el más minucioso y atento afán para que no se tuerza lo que viene así de torcido ya, desde antes...

La sensibilidad del niño es tan delicada que el no atenderla puede dar lugar a una generación de humanos nueva, distinta y hasta terrible, llena de complejos, desgracias y desdichas difíciles de corregir, cumpliéndose algo tan vulgar como lo de que «desde pequeñito el arbolito» hasta el profundo y detallado estudio de nuestro gran psiquiatra el profesor LÓPEZ IBOR, cuando nos demuestra que es preciso aceptar el concepto de EPISTEMOLOGÍA o CIENCIA DEL CONOCIMIENTO.

¿Cómo llegarán a este estudio y a este conocimiento estos desgraciados niños como el que nos enseña la televisión en sus pantallas?

Estudiemos algo de esta EPISTEMOLOGÍA. Y en este algo está el contacto del ser humano niño con su entorno por medio de los sentidos. López Ibor nos cuenta cómo existen dos formas de percibir este perimundo por dos clases de sentidos, y vamos a referirlos ya para que comprendamos cómo lo puede haber hecho este niño enterrado vivo en el hueco de una escalera (supongamos que así fue como más probable), allí, en este hueco terrible sin nadie que escuchase sus lamentos ni atendiese su sed ni consolase su soledad terrible, su falta de alguien que mitigase su dolor y acariciase sus heridas o las tratase con medios terapéuticos algunos... Entonces, estos sentidos del niño, que para López Ibor pueden ser ACTIVOS o PASIVOS, sufrirán una terrible crisis que difícilmente tendrán solución, jamás, en su vida. Porque lo normal es que ya forme parte de su vida entera el terror de aquellos momentos, vividos por el desgraciado niño, cuya imagen no se nos borra del pensamiento y supongo que tampoco lo hará del pensamiento de los millones de telespectadores que hayan contemplado semejante secuencia de la televisión, tan repetida y recalcada en la pantalla, por desgracia estos días de catástrofe mundial humana.

Los conocimientos activos por los sentidos, según López Ibor, son: EL TACTO, LA VISTA, EL OLFATO y el GUSTO. Conocimiento sensitivo pasivo es el OÍDO para LÓPEZ IBOR.

En este pobrecito niño el GUSTO sería una boca reseca, estropajosa y repugnante que pediría agua a gritos... LA VISTA sería la más terrible oscuridad en un lugar a donde llegaban las voces de sus salvadores pero no su presencia. El OLFATO, claro que sería un nauseabundo olor a podrido y a muerte como la que se acercaba a pasos agigantados y rápidos y de la que mejor es no pensar.

En fin, que lo peor es que todas estas sensaciones van a formar parte de la vida de este niño, que podría haberlas vivido en la mejor paz y felicidad con el mejor amor y cariño, y hasta caricias, y van a ser la huella terrible de unas horas que se marcharon pero le dejaron con vida suficiente para poder llegar a tener que vivir toda una vida entera, porque va a ser todo un ser humano con todos los años de una existencia completa de ser humano con sus cariños, ansias, felicidades y desgracias, alegrías y penas, estaciones otoñales de veranos calurosos, fríos inviernos, ilusiones de paternidades, maternidades, familias enteras de amor y compañía compartida de alegrías y angustias, todo lo que es la vida de un ser humano, que en este caso estará bastante roto, por desgracia para este pobre niño que tanto aparece en nuestra televisión, para darnos una visión exacta de lo que es y puede ser la desgracia del ser humano ante las catástrofes del mundo que nos rodea y que forma parte tan profunda de nuestra vida...

Es importante que sepamos lo que es el mundo a través de lo que ocurre, pensando que una imagen es mejor que mil palabras, como dice el adagio oriental, no cabe la menor duda, pero también es inevitable el poder pensar todo lo que ha formado parte de nuestros días estos meses de verano que termina ya, y que Dios quiera que lo haga sin más desgracias humanas, no porque seamos algo especial y respetable que no merece semejante situación y desdicha, sino porque los seres humanos pasan por esa edad infantil en la que las desgracias son las que más fuerza tienen para la humanidad, seguramente no se merezca semejante castigo, aunque sólo sea porque los hombres al pasar por la infancia puedan ser víctimas, aún mas terribles, de este planeta nuestro, tierra inmisericorde de la que no sabemos nunca hasta dónde pueden llegar nuestras desgracias, sobre todo si pasan por esa edad terrible que es la de la infancia.

¡Válgame Dios!




 

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