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El lector que haya tenido la amabilidad de seguirnos en estas breves crónicas gaditanas habrá tenido ya ocasión de observar que el fin de estas páginas tiene como propósito rememorar aquellos pasajes históricos de la ciudad de Cádiz que muestran, con manifiesta evidencia, su importancia cultural a todo lo largo del s. XVIII (el XIX entrañará la búsqueda de la libertad), primero que fue de la casa de Borbón en la monarquía de España.

Hoy traemos a esta revista la pequeña pero decisiva historia de un día de 1760, preámbulo, sin duda, de una hermosa aventura científica en el Nuevo Reino de Granada, protagonizada por un gaditano José Celestino Mutis, artífice y Director de la que será famosa expedición botánica por tierras de la América Meridional (en la que, andando el tiempo, tras la independencia, se constituirá la actual República de Colombia), más de un millón de Kms2, inexplorados en su mayoría, donde se asentaba la mayor diversidad biológica del mundo.

El joven Mutis, que acababa de regresar a Cádiz sobre el 10 de agosto de 1760, después de permanecer algunos años en la Corte, llegaba a su ciudad natal con la firme voluntad de cruzar el océano al servicio, como médico de cámara, del nuevo Virrey del Nuevo Reino de Granada, Don Pedro Mexía de La Cerda, quien lo protege esperando recibir de él los cuidados que de su reconocida sabiduría médica cabía esperar, pues a sus 29 años ya la tenia suficientemente avalada como cirujano en la capital del imperio y su ejercicio de la docencia como sustituto en la Cátedra de Anatomía del Hospital General de Madrid En la Corte y en el Hospital ha tenido tiempo suficiente para demostrar lo que ha aprendido en el Real Colegio de Cirugía de la Armada de Cádiz, que dirige un experto cirujano, Don Pedro Virgili, a quien se debe su fundación, allá por el año de 1748, con el inestimable apoyo del marqués de la Ensenada, Don Zenón de Somodevilla.

A su vuelta a Cádiz, Mutis ya posee un buen conocimiento del sistema linneano (será él el primer español que abrace, sin remilgos, la causa del sabio sueco Karl von Linné, al que siempre respetará y tendrá como amigo epistolar). Con su marcha al Nuevo Mundo, Mutis, el hijo del afamado librero gaditano, Julián Mutis, pretende ser émulo, no sólo de Pehr Löfling, que ha muerto hace apenas cinco años en tierras de la Capitanía general de Venezuela, sino de Don Francisco Hernández, Protomédico General de las Indias -reinando a la sazón Don Felipe II-, que había iniciado la Historia Natural de América desde los inmensos dominios de la Nueva España. Como primer paso exploraría los famosos quinos de Loja y los canelares de Quito. Después, medio continente... La «Flora de la expedición botánica del Nuevo Reino de Granada», protagoniza da por el sabio gaditano, supondrá para España una colección iconográfica de 5.393 bellísimas láminas, un herbario de aproximadamente 20.000 exicados y los manuscritos del propio Mutis. El olvido de unos y la desidia general de todos a lo largo de 130 años, sustraerán al mundo el conocimiento de la gran obra mutisiana, pues sólo a partir de la segunda mitad del siglo XX, gracias a la colaboración de los Gobiernos de España y la República de Colombia, se inició la edición de la misma.

Mutis abandonó Cádiz al alba del 7 de septiembre de 1760. El día 6, desde Sevilla, el botánico sueco Alströmer, que lo ha conocido recientemente, escribe a Linneo: «Si él adorara a dos dioses, el Señor Arquiatra (título otorgado a Linneo por discípulos y botánicos) sería el segundo». Ese 7 de septiembre, a bordo de la «Castilla», el joven Mutis iniciaba su travesía por el gran Océano Occidental rumbo a Cartagena de Indias, destino Santa Fe de Bogotá. Allá, en la sabana bogotana y en la cordillera andina, pondrá toda su ciencia al servicio de la Humanidad -y en especial de América-, pues para ello, como él aseguraba, había sido guiado hasta allí por la mismísima Providencia, una tierra de promisión donde seguro estaba un nuevo Eldorado, hecho de plantas para abarrotar la Sistemática linneana con nuevos especímenes y perfeccionar la farmacopea con nuevos y maravillosos remedios.

Cuando este gaditano universal deje la Bahía de Cádiz, contemplará por última vez los destellos que el sol naciente arranca de la cúpula policromada de la «Santa Cruz», casi perdida junto al alzado de una nueva Catedral, que desde 1722 se yergue lentamente para admiración de propios y extraños... Tal vez, lo que con más fijación quisiera guardar en su memoria de hombre de ciencias sea una torre, alta torre del Castillo de la Villa, donde Jorge Juan ha levantado el primer observatorio de la Armada. No volverá a verlo jamás: su dedicación en cuerpo y alma a América se lo impedirá.

Pero Mutis, en su maleta para «salir al Mundo», no sólo llevará el claro bagaje de su ciencia médica y su imparable deseo de botanizar el Nuevo Mundo, sino algo mucho más importante: el espíritu del siglo ilustrado, que inicia su andadura con Felipe V y que se pretende adjudicar, casi exclusivamente, a Carlos III. Mutis llevará a América, desde Cádiz, las ideas «liberadoras» que tres décadas de pensamiento feijoniano habrán aportado a España una forma distinta de entender la ciencia y la vida. Mutis, el 7 de septiembre de 1760, llevará a la América española su lucha contra la superstición y la ignorancia, tan arraigadas en la vida española como la lapa se adhiere a la carena del velero. Mutis, en definitiva, llevará a la América lo que la España peninsular se resiste a adoptar: un espíritu rupturista con el pasado anacrónico y oscurantista, concretado en la aceptación de la filosofía newtoniana (Copérnico en América, lo que le valdrá acusaciones ante la Inquisición), en las tesis del holandés Boerhaave (una nueva concepción de la medicina: la síntesis de la teoría y la práctica), en la sistemática linneana (la Naturaleza metida en un nuevo Sistema). La modernidad.

A través de un joven medico-cirujano, la antigua ciudad fenicia, ahora en el esplendor de sus días, proyectará un retazo de su cultura sobre tierras lejanas, cruzada por las hermosas y solitarias alturas de los Andes, desde donde será reflejada, como nueva ciencia (botánica americana) hacia España y Europa. En América, el gaditano José Celestino Mutis, sentará, durante 48 años, su voluntad y su preparación científica, sin duda uno de los períodos más manifiestamente productivos de la Historia del Nuevo Reino de Granada y España.





 

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