Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

En la Edad Media pensaban que el hombre es la más digna de las criaturas. Había dos fundamentos de esta creencia: a) somos los hijos de Dios, estamos hechos a su imagen y semejanza y tenemos un alma inmortal que nos diferencia del resto de la creación; b) la tierra está en el centro del universo al ser el escenario de la historia humana y de la acción divina.

Ya en la modernidad, dos acontecimientos científicos dinamitaron estos pilares, dando al traste con la supuesta dignidad del hombre: a) la astronomía mostró que la tierra es un planeta entre otros, en un sistema solar entre otros, en una galaxia entre otras; b) la selección natural mostró que el hombre es un animal evolucionado a partir de otras especies animales. A partir de estos hechos, la supuesta dignidad del hombre se volvió problemática. Nietzsche (en la segunda mitad del s. XIX) resumió esta situación de crisis diciendo que «Dios ha muerto» y pregonando la necesidad de una reforma de los valores humanos y del concepto de dignidad humana.

¿Qué nos ha pasado? ¿Ya no somos «especiales»? La protección ideológica que nos aislaba del mundo exterior se ha desintegrado. En el nuevo mundo tras Galileo y Darwin hay que encontrar otro fundamento a la supuesta superioridad del hombre sobre el resto de los objetos y criaturas naturales. ¿Qué será lo que nos hace dignos señores de la tierra y hasta del universo?, y ¿realmente lo somos?

Una respuesta negativa se insinúa peligrosamente. Nos vemos tentados a pensar que la vida humana no es más digna que cualquier otra forma de vida, e incluso, que es bastante despreciable. Después de todo, la sangría bélica del siglo XX, la destrucción del medio ambiente y la costumbre de acabar con especies enteras de seres vivos nos da que pensar. Si es verdad que el movimiento se demuestra andando, apaga y vámonos, pues la especie humana ha probado de sobra que merece nuestro más encendido desprecio.

Sin embargo, se impone una respuesta positiva. ¿Por qué? Pues porque nos da la gana. Realmente no hay otro motivo. A los hombres nos gusta tener un poco de esperanza en lo que somos. Puede que la especie humana sea una plaga y que la vida de sus individuos sea una mierda, pero, como sólo se vive una vez, hay una tendencia a pensar que tenemos algún valor después de todo. Así es como se termina suponiendo que nuestra dignidad se fundamenta en que poseemos un cerebro altamente desarrollado y en que nuestra conducta es extraordinariamente compleja en comparación con otras conductas animales. Somos unos inútiles en términos puramente biológicos, pero nuestra hermosa inteligencia nos ha colocado muy por encima de los peligros y vaivenes de la naturaleza. Sí, señor. Por eso somos especiales ¿Fin de la cuestión?

Ojalá, pero la cosa no acaba ahí. Una nueva revolución, como la de Galileo o Darwin, está muy próxima. Hoy asistimos a una nueva amenaza al dogma de la «superioridad del homo sapiens». Su nombre es CIBERNÉTICA y se define como la ciencia o arte de construir y manejar aparatos, dispositivos y máquinas que, mediante procedimientos electrónicos, transforman ciertas señales o «información» que se les suministra en un resultado, de modo semejante a como lo hace la inteligencia humana (el nombre es reciente y ha surgido con la creación de máquinas electrónicas de calcular y los SERVOMECANISMOS -dispositivos que controlan automáticamente el funcionamiento de cualquier instalación-). 

El peligro cibernético se viene anunciando con una serie de hechos aislados que, de momento, apenas despiertan nuestra curiosidad: que un ordenador gane al ajedrez al campeón humano, que todas las empresas dependan del buen funcionamiento de sus computadoras, que en todos los campos industriales cada vez hacen falta menos obreros y más servomecanismos, etc. Dirán que soy un catastrofista y que me paso un poco. Bueno, es posible; hoy en día todo parece controlado. Pero, ¿qué pasará en un futuro a medio y largo plazo? Las perspectivas pueden no ser tranquilizantes.

En efecto, mis temores no tienen que ver con el presente. Los reservo para cuando las máquinas puedan obtener información por sí mismas y para cuando alcancen la capacidad de «autoprogramarse». Ese día puede que tomen conciencia de sí mismas. Ese día puede que la vida humana deje de ser «superior». ¿Qué demonios? Puede incluso que nuestra especie se encuentre en peligro.

La CIENCIA FICCIÓN es el modo como nuestra época reflexiona sobre el futuro y, cómo no, también sobre la posibilidad de una rebelión de las máquinas.

Generalmente sus conclusiones son que las máquinas no son peligrosas de por sí, que el verdadero peligro está en el hombre tras la máquina. Otras veces se nos cuentan historias de máquinas que adquieren autoconciencia y que siguen siendo inofensivas, como es el caso C3PO y R2D2 (Guerra de las galaxias). Y algunas veces más se habla de una verdadera guerra entre hombres y máquinas, guerra total y de supervivencia en la que, milagrosamente, siempre son los hombres los que ganan (¿se acuerdan de Terminator?).

Cambiando de tema, la gente no prevé esta última posibilidad y de momento se limita a ocuparse de averiguar si las máquinas son más o menos inteligentes que los humanos. Cuestión que es bastante ridícula si pensamos que la INTELIGENCIA no consiste en la capacidad de resolver problemas que tienen una respuesta determinada (aquí los ordenadores nos ganan), sino en la capacidad de resolver problemas que admiten más de una respuesta (reino de la libertad) y, sobre todo, en la asombrosa capacidad de los humanos para encontrar esos problemas. Dicho de otro modo, el supuesto debate sobre si la máquina es más inteligente que el hombre se resuelve distinguiendo entre inteligencia computacional e inteligencia humana.

Así de simple. De momento.





 

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