Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces


Hay noticias que te desconcojonan, que te funde los plomos de tu capacidad de comprensión, que te repatean el raciocinio, que te dejan con la boca abierta, y, aún más allá de sorprendido, atontado, alelado, bobo...

Que políticos de distinto signo se compren, sobornen y se intercambien los collares, no nos sorprende; que se tiren de los pelos y se digan de todo menos bonito con elecciones y sin ellas, no nos sorprende; que metan las manos en las arcas del dinero público, amasen fortunas allá donde no lo sabe ni Dios y saluden desde el tercio con carita de tonto, no nos sorprende; que se suban los sueldos a capricho y que a los demás, incluido jubilados, viudas y huérfanos, les den por el sitio, no nos sorprende... Como tampoco nos sorprende que un juez, un señor a quien la sociedad le confía la sagrada misión de aplicar y mantener la justicia, se líe la manta a la cabeza y prevarique, es decir, que, a sabiendas, con plena conciencia de causa, dicte una sentencia contraria a la Ley librando de culpas a un delincuente o favoreciendo a un litigante que no lleva razón. Ya no nos sorprende nada.

Y, hete aquí que, cuando ya creíamos que nada es capaz de sorprender a nuestros ojos, cuando creíamos que ya ninguna actitud dimanante de políticos o personas encargadas de regir y administrar nuestros fundamentales derechos como ciudadanos era capaz de pintarnos interrogantes en el rostro, leemos en la prensa la salida a la palestra de un señor, responsable máximo de una formación política con identidad y peso a nivel nacional, que, desconcienciado de que existe una Justicia y que ésta se aplica y tiene que estar por encima de afectos, intereses u otros criterios de razón particular, pasándose por la bragueta la opinión que pueda merecerle a sus miles de electores, se erige en una especie de adalid seráfico, recauda dinero entre sus allegados y pretende abonar la multa impuesta por la Ley a un delincuente.

Nada tengo en contra del ex juez de la Audiencia Nacional, señor Gómez de Liaño, pero, si el Tribunal Supremo lo ha encontrado culpable del delito de prevaricación -y supongo que, al tratarse de un colega, habrán mirado todo con lupa-, lo ha condenado a quince años de inhabilitación y expulsado de la carrera judicial, el caso es claro: tal señor no es sino, simple y llanamente, un delincuente más.

Y aquí las preguntas: ¿Qué coño hace el señor Anguita en este asunto? ¿Qué argumenta para erigirse en salvador de éste y no de otros delincuentes? O, sin suspicacias: ¿Qué habrá entre el señor Anguita y el señor Gómez de Liaño?

Me esfuerzo y no lo sé, pero me recuerda la copla de “La Parrala” o la "Zarzamora"... Algo así como, “...por qué llora en los rincones, si no se le ha muerto nadie...”

Me temo que nunca tendremos respuestas. Pertenecen a la intimidad.




 

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