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RipResucitar es volver de la muerte a la vida, algo completamente imposible hoy por hoy pese al espectacular avance de las ciencias en este siglo que acaba. 

Sin embargo, y centrándonos en el ser humano, hay muchas ocasiones en que, aún existiendo la parada del corazón o el cese de la respiración, el estado de muerte no es total y definitivo.

Podemos advertir la total ausencia de latidos cardíacos, que los pulmones han dejado de respirar, que el cuerpo permanece exánime y que no hay respuesta a ningún estímulo, síntomas que nos lleva a la conclusión de que estamos ante un cuerpo muerto. Sin embargo, y aunque no lo parezca, esa persona aún está viva; la apariencia de muerte es indudable, pero ésta aún no ha terminado su proceso. La muerte tarda un tiempo en instalarse y desplazar total y definitivamente a la vida. Es necesario que el S.N.C. (Sistema nervioso central) cese totalmente en su actividad, cosa que no suele ocurrir hasta que el cerebro permanece sin oxigenación durante un tiempo (no más allá de los tres minutos). Es entonces cuando deviene el cese de actividad en las células neuronales y la muerte irreversible.

Muchas son las situaciones en la vida del hombre que nos puede poner ante la que comentamos: el infarto agudo de miocardio, la electrocución o descarga eléctrica, la inmersión en agua fría -dulce o salada-, el accidente de circulación, la obstrucción de las vías respiratorias por cuerpos extraños o por vómitos, la asfixia por humos o sustancias tóxicas, etc.

Ante un caso de parada cardíaca o respiratoria se hace imprescindible tomar determinadas medidas para intentar resucitar ese corazón o sistema respiratorio; intentar que la sangre circule y que el oxígeno llegue de nuevo al cerebro para lograr que las delicadas células neuronales que lo componen no lleguen a morir. Es necesario tener conciencia de que la rapidez, la decisión y el manejo de las técnicas de resucitación son la clave para lograr restablecer las constantes vitales y dar tiempo para que, ya en el hospital, con técnicos cualificados, pueda continuarse el correcto tratamiento que pueda impedir la definitiva llegada de la muerte.

La primera recomendación es la de no perder la calma, aunque esto no siempre es fácil de lograr. El momento es tan dramático que la reacción de las personas suele ser imprevisible: llantos, gritos, aspavientos, carreras... es decir, ineficacia y pérdida de tiempo. Alguien más práctico, o más osado, se abalanza sobre el paciente, le afloja la corbata, le arrea alguna bofetada bien intencionada, le echa aire con el periódico, o bien se empeña en esa obsesión de hacerle ingerir agua, cuando no coñac.

Repito, lo primero no perder la calma. De inmediato, y si es posible, alguien debe llamar con toda urgencia a un servicio de ambulancias, al hospital más próximo o a cualquier otro sistema de ayudas propias al caso, o bien, desplazarse para buscar ayuda especializada (socorristas, médicos, enfermeros).

Sería de extraordinaria utilidad que alguna persona presente supiera y aplicara las técnicas de reanimación y resucitación apropiadas, entre otras el masaje cardíaco y la respiración artificial. Como no todo el mundo las conoce, en el próximo número continuaremos el tema y describiremos unas nociones básicas sobre estas técnicas. Su conocimiento nos puede hacer salvar una vida humana.

(Continúa...)





 

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