Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Un cierto odio sí se tenían. Ojalá no hubiese sido así y las cosas hubiesen seguido por otro camino, un camino más acorde con sus aspiraciones. A fin de cuentas ambos querían lo mismo. Para ellos sólo existía el dinero y cualquier fórmula para conseguirlo era válida.

Jon el Pecas se reservó el negocio de la droga y Pepi González dedicó su negocio a la prostitución. Jon el Pecas hizo con Pepi González una alianza: el primero suministraría la droga directamente al segundo, evitando así problemas de suministro y precios. Pepi González ofrecería a sus muchachas y clientes la droga que le vendía su amigo Jon el Pecas. Entre ambos existió cierto respeto, respeto que durante años representó un signo de tranquilidad para la ciudad que ambos tanto amaban.

Con frecuencia se reunían en Alhoja Bar, un tugurio de lo más selecto. Jon el Pecas obsequiaba a su amigo con las drogas mejor preparadas y Pepi González compensaba a su amigo con los placeres y exquisiteces de cualquier virgen que, por no ser virgen, ofrecía exquisiteces.

El negocio de ambos crecía y se hinchaba como un globo. Todo el mundo tenía necesidades de droga y de sexo. Y la encontraba sin problemas en cualquier lugar. Fueron aquellos unos años felices y fáciles para los ciudadanos.

Lo del odio llegó con los años. Nadie sabe si fue Pepi González quien empezó a suministrarse de droga por cauces distintos de Jon el Pecas o si fue éste quien empezó a abrir prostíbulos con las muchachas recién llegadas de Asia. Pero cundieron los rumores. Jon el Pecas perdía las ventas directamente. Pepi González se vio obligado a rebajar precios a causa de la competencia.

El odio llegó a crecer en los últimos años. Apenas si se veían en el Alhoja Bar y cuando lo hacían ya no se intercambiaban obsequios. Ni Pepi González gustaba de droga gratuita ni Jon el Pecas gustaba de mujeres atractivas.

-Pepi González es un puerco -razonaba Jon el Pecas-. Por cuatro miserables pesetas ha dejado de comprarme droga.

-Jon el Pecas es un bandido -opinaba Pepi González-. Está haciéndome una competencia desleal.

Eso ocurrió en el 29, que fue cuando ocurrieron las cosas importantes en USA, cuando los bancos norteamericanos quisieron hundir a los bancos judíos y, por falta de inteligencia, fueron ellos quienes se hundieron. Por ello, y ante la experiencia, Pepi González se dijo que él era un hombre de talento y que no iba a caer en desastres. Así pues, planeó la forma de liquidar al que fue su amigo.

-No importa la forma en que lo hagáis -informó a sus compinches-. Pero lo quiero ya.

Jon el Pecas cayó bajo las ruedas del tranvía. Un asco de muchacho. Le prendieron fuego y las cenizas las colocaron en una urna. Pepi González ofreció un millón de dólares a la viuda por las cenizas.

La viuda se avino. Le vendió la urna. Pepi González fue tomando las cenizas mezcladas con sendos vasos de whisky.

Pepi González también murió. Fue algo rápido e imprevisto. Un cólico imparable lo largó de este mundo. Al parecer no todo eran cenizas en el contenido de la urna.

Ahora la tranquilidad vuelve a renacer en la ciudad. La viuda de Jon el Pecas suministra a la viuda de Pepi González toda la porquería que necesita para sus muchachas. A cambio el negocio de la prostitución lo llevan entre ambas. Buenas amigas, las señoras.

De momento sigue reinando la tranquilidad. Que sea por muchos años.

Amén.





 

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