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veleroLos exámenes para pilotos los presidía el comandante del Cuerpo con sus ayudantes. Trataban sobre los puntos fundamentales del arte de navegar, así como del manejo de instrumentos náuticos. 

A los aprobados se les extendía certificado con el que el capital general del departamento les expedía el correspondiente nombramiento. 

El Cuerpo sufrió en veintisiete años cuatro reformas. En principio existían tres clases: pilotos de altura de primera y segunda, pilotines o ayudantes y pilotos prácticos de costas y puertos. Posteriormente la denominación de pilotines -los había de doce años- sería sustituida por la de oficiales terceros. 

Cuando se organizó el Cuerpo su distribución por departamentos era la siguiente:

De 1ª, 2ª, Pilotines, Prácticos
Cádiz         20 20 30 2
Ferrol        10 10 15 -
Cartagena  10 10 15 4
Total.......   40 40 60 6

Los primeros y segundos instruían en náutica a los guardias marinas, resolviendo sus dudas y dando cuenta al comandante del aprovechamiento de cada uno.

Ostentaban graduaciones militares. En un principio los primeros pilotos fueron graduados de alféreces de fragata y los segundos de oficiales mayores. Más tarde, los primeros lo fueron de tenientes de navío y de tenientes de fragata -según la antigüedad-, y los segundos, de alféreces de navío y alféreces de fragata. Los pilotines carecían de graduación. Posteriormente al suprimirse el empleo de teniente de fragata, los primeros lo serían de teniente de navío; los segundos, de alférez de navío, y los terceros, de alférez de fragata. Las graduaciones no significaban antigüedad, por lo que no se perjudicaba a otros al poseerla de mayor o menor categoría. La antigüedad se computaba desde que obtenían la clase de numerarios. A algunos pilotos se les concedían, por relevantes servicios, empleos efectivos e integración en el Cuerpo General, ocasionando vacante en el Cuerpo de Pilotos. La antigüedad con que ingresaban en el Cuerpo General era la que tenían de primeros pilotos. Sin embargo, durante algunos años estuvo suprimido este pase de un cuerpo a otro. La provisión de vacantes de los pilotos era de la competencia del director general de la Armada. Una Real Orden de 25 de enero de 1771 disponía que los pilotos graduados disfrutasen a bordo de las mismas consideraciones que los oficiales efectivos.

Coexistían con los pilotos de la Armada los pilotos particulares admitidos al servicio de la misma. Así, desde 1797, los alumnos de los Colegios de San Telmo de Sevilla y Málaga y del Instituto Asturiano de Gijón podían embarcar como meritorios en los buques de guerra. Los pilotos particulares prestaban servicio en determinadas unidades, por lo general en buques transportes de vela y vapor, en guardacostas y en el mando de faluchos. Eran admitidos al servicio por los capitanes generales de los departamentos y apostaderos, los que también disponían su cese.

Las Ordenanzas de 1793 decían: «Los pilotos de primera y segunda clase, aunque no lo sean de número del Cuerpo de la Armada, sino habilitados, podrán servir cualquiera de aquellas dos plazas y los pilotines y prácticos de costa propietarios serán considerados como oficiales mayores, pero tanto los pilotines que no tengan más nombramiento que el de habilitados, como los prácticos no numerarios, se reputarán sólo oficiales de mar.

En los nombramientos interinos se ha de expresar la clase para que se confieren: de primera, segunda o pilotines, según resultas del examen, méritos, años de servicio y antecedentes de mar de los interesados. Habiendo marineros que sin ser meritorios de las escuelas tengan conocimiento de pilotaje, se destinarán en las guardias del alcázar en la mar, a fin de que cultiven las enseñanzas náuticas a la orden del piloto en lo que se les encomendase, sin faltar por eso a las faenas de maniobra, como igualmente deben ejecutarlo los meritorios en proporción a su edad y para su adelantamiento.»

Las mismas Ordenanzas decían con respecto a los pilotos embarcados: «Corresponderá al capitán general del departamento expedir los nombramientos de los pilotos, pilotines y prácticos interinos, precedido de informe del comandante del Cuerpo, consecuente a providencia para llamar al servicio a los capitanes, pilotos o patrones de buques particulares y examinar su idoneidad, según se prescribe en su lugar.»

En 1801 se estableció que el régimen del Cuerpo de Pilotos estaba a cargo de su comandante particular en cada departamento, quien recibía del comandante en jefe todas las órdenes relativas a su gobierno. El comandante en jefe estaba subordinado al director general de la Armada. Era prerrogativa de éste expedir nombramientos a los pilotos, bien para ingresar en la Armada en el número de esta clase o para sus ascensos. Únicamente en la clase de los primeros pilotos había de dar cuenta al rey. Sin el despacho del director general no podía formarse asiento alguno a ninguno de los pilotos de número en las Contadurías de los departamentos. El director general podía despedir a los segundos pilotos y pilotines, con motivo para ello y en virtud de su decreto causaban baja en las listas, pero para tomar decisiones con respecto a la clase de primeros tenía que dar cuenta al rey por vía reservada y recibir su real aprobación.

En 1802 se confirieron a los primeros pilotos los empleos efectivos de oficiales de la Armada, mas, al ser derogada la Ordenanza Naval quedaron sólo con graduaciones como en la legislación anterior.

En los estatutos para el régimen y gobierno del fondo para el Montepío de pilotos de la carrera de Indias, fechado el 28 de julio de 1804, se decía, entre otras cosas: «que teniendo los pilotos mandos de cañoneros en la defensa de la Isla de León y Cádiz, al igual que los del Cuerpo General, éstos gozaban de empleos efectivos y los pilotos sólo de graduaciones. En 1823 se suprimieron los pilotos de altura y quedaron los prácticos en los destinos que se les asignaron. De los primeros, los que poseían buenos antecedentes, hojas de servicios favorables y se hallasen en activo, eran incorporados al Cuerpo General. Una Real Orden de febrero de 1826 dispuso que las Escuelas de Náutica, que hasta entonces estaban agregadas a Marina, quedasen separadas de ella. Sin embargo, su inspección siguió dependiendo de los comandantes de los Tercios Navales y el Ministerio de Marina continuó expidiendo a los profesores sus nombramientos (Las Escuelas de Náutica particulares estaban a cargo de las entidades que las sostenían. Podían nombrar pilotos de la Armada con autorización del rey, pero para navegar habían de sufrir exámenes en los departamentos o apostaderos respectivos -Real Orden de 20 de febrero de 1826-). Otra Real Orden de 25 de abril de 1830 estableció que la Comandancia General del Cuerpo afecta al departamento de Cádiz, así como su jefe, pasasen al detall general del Cuerpo. Esta medida, aparte de ahorrar gastos, redujo el número de pilotos para las necesidades de la Marina de aquella época. Por Real Orden de 5 de abril de 1831 el Cuerpo quedaba bajo el mando directo de los comandantes generales de departamentos y apostaderos. La mayor parte del profesorado de las Escuelas Náuticas particulares pertenecía al Cuerpo de Pilotos.


Uniformes.

El uniforme de los pilotos era de color azul y consistía en divisa y chupa encarnada con ojales de oro en vueltas, solapas, carteras y faldones y variaban según su clase: los primeros pilotos, tres ojales de esterilla de oro; los segundos, dos ojales de esterilla de oro, y uno los terceros. También usaron casaca vuelta y pantalón azul, chupa vuelta con solapa encarnada, ojal de oro y botón dorado con anda. En el cuello de la casaca o levita, una estrella de cinco rayos bordada en oro. Los prácticos usaban chupa con solapa azul.

En 1771 fueron autorizados a vestir el uniforme de los segundos de altura. Los pilotos particulares graduados llevaban como gala: Uniforme azul, casaca cerrada vuelta atrás con cuello alto rojo con divisas; charreteras plateadas, bicornio con escarapela y galones con la correspondiente graduación. De diario: pantalón y casaca vuelta azules y gorra con una estrella de cinco rayos bordada en oro. Por Real Orden de 19 de septiembre de 1844 se les señaló el uso de botón de ancla sin corona, con lema alrededor con las palabras «Marina mercante». Los que no tenían graduación usaban casaca vuelta y pantalón azules. El de verano era igual, pero con pantalón blanco. También vistieron levita de paño azul turquí de solapa vuelta con dos hileras de siete botones plateados sin ancla ni corona cuello vuelto, dos botones en el talle, dos en la mitad de los faldones y dos en sus extremos; chaleco de tela blanca o paño azul, según la estación; pantalón azul o blanco y gorra de paño azul con una estrella de cinco rayos bordada en plata. Aunque los uniformes de las distintas clases de pilotos pasaron por varias modificaciones, las normas generales de los mismos fueron establecidas en 30 de noviembre de 1792.


Extinción.

La entrada en el Cuerpo de Pilotos, nutrido durante muchos años, fue decreciendo en su última época hasta casi desaparecer por consunción, cuando se inauguró en 1 de enero de 1845 el Colegio Naval de San Carlos para Aspirantes de Marina.

Por Real Orden de 23 de octubre de 1846 se declara a extinguir el Cuerpo. Los primeros pilotos que poseían informes favorables ingresaron en el Cuerpo General como alféreces de navío con la antigüedad de sus nombramientos. Los segundos ingresaron igualmente con la misma categoría, detrás de los anteriores en la escala y según su antigüedad. Los terceros siguieron embarcados como meritorios hasta cumplir ocho años de servicio en buques de guerra. Una vez cumplidos éstos, sufrieron examen en el Colegio Militar de Aspirantes de las materias exigidas a los guardias marinas de primera clase, aprobado el cual ingresaron como alféreces de navío con la antigüedad de la fecha de examen en el Cuerpo General. A los terceros y meritorios que fueron desaprobados se les concedió un plazo de seis meses para, sin desembarcar, sufrir nuevo examen. Los suspendidos nuevamente cesaron en el servicio, con opción a recibir el nombramiento de pilotos particulares que les correspondía. Los meritorios examinados para terceros pilotos también cesaron en el servicio, y se les expidió credencial de terceros pilotos particulares. En cuanto a los terceros que continuaron embarcados como meritorios, pasaron a depender de los mayores generales de los departamentos y apostaderos. Quedaron a bordo a las órdenes de los ayudantes de derrota, verificando cuantas prácticas se les encomendaron, asistiendo a las escuelas de guardias marinas en los buques. A los alumnos de los Colegios de San Telmo de Sevilla y Málaga se les prohibió el ingreso en la Armada.

Las academias de los tres departamentos fueron clausuradas. Los efectos y enseres de la de Cádiz se entregaron en el Colegio Militar de Aspirantes, y los de las de Ferrol y Cartagena a los respectivos mayores generales, para que «a cargo de algún sargento inválido quedasen para los usos a que se destinasen en lo sucesivo». Se hizo una clasificación de los componentes del Cuerpo de Pilotos, según sus condiciones y mérito, para incorporarlos bien al servicio activo, al servicio de Tercios Navales, para vigías, para pasarlos a retirados o para separarlos del servicio. En enero de 1847 los libros, cartas y planos de las academias de pilotos pasaron a la Biblioteca del Colegio Naval. Por Real Orden de 13 de mayo de 1854 fue suprimida la clase de meritorios, de los que sólo existían dos. Uno que se hallaba enfermo fue graduado de alférez de fragata; el otro fue incorporado con los guardias marinas en el navío «Soberano», escuela de prácticas de Cádiz y promovido a alférez de navío cuando terminó los estudios.

En 1858 escasearon los oficiales de Marina. Al estallar la guerra de Africa en 1859, los buques mercantes adquiridos en el extranjero para transportes, de mando de teniente de navío, llevaron como oficiales primeros y segundos pilotos.
En 1901 aún había en la escala de reserva del Cuerpo General un teniente de navío graduado procedente del Cuerpo de Pilotos: don Vicente Roig Llorca, Ayudante de Marina de Benidorm.

Aun estando declarado a extinguir el Cuerpo de Pilotos, se produjo el ingreso de pilotos particulares. En 20 de mayo de 1873 se dispuso que podían ocupar destinos en Comandancias y Ayudantías de Marina. En 1900 había veinticinco pilotos graduados, en calidad de eventuales, agregados a la escala de reserva del Cuerpo General. Los más antiguos contaban con veintitrés años de servicios y los más modernos con nueve. En 1911 quedaban en servicio en dicha escala trece pilotos particulares de los veinticinco que existían en 1900, con graduaciones de teniente de navío y alférez de navío. En 1925 sólo quedaba uno de estos últimos, don Antonio Porrúa Andrade, graduado de capitán de corbeta, que cesó en el servicio el 28 de enero de 1925, al cumplir sesenta años de edad. El posterior ingreso en la Armada de personal procedente de la Marina mercante sería el 19 de noviembre de 1915, al crear la Reserva Naval. El más antiguo entró al servicio el 21 de mayo de 1918.

Por su vinculación con la Armada, aunque no propiamente por su función ni formación -que efectuaba en centros propios-, el Cuerpo de Pilotos puede considerarse como un antecedente de la Reserva Naval Activa y los pilotos particulares, por su procedencia, como antecedente de la Reserva Naval.







 

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