Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces


Entre las diversas cartas recibidas el último mes -todas de agradecimiento o felicitaciones por la revista o por algún artículo concreto-, me llega un E-mail de un lector que, aunque también muestra su agradecimiento y manifiesta que disfruta con la revista, me reconviene a que no opine de nada que tenga que ver con políticos o la política. También me señala la abundancia de “improperios” que utilizo, manifestando que «...aunque se encuentran recogidos en el diccionario de la Real Academia, y su uso es correcto, no dejan de ser mal sonantes...» (sic).

Aunque no me dice qué sección ni qué artículo es el merecedor de sus observaciones, he de suponer que se refiere a mi sección “La voz de Arena y Cal” y, quizás, al artículo del pasado mes, “La Parrala”.

Como habrá podido observar a lo largo de los ya casi cinco años de vida de la revista, mi desconocido comunicante, no suelo emplear esta página para temas banales. No suelo hablar de fútbol o de toros ni de ningún otro espectáculo de masas, como tampoco de religión o de política -ni apología ni proselitismo-. Ahora bien, “La voz de Arena y Cal” es un artículo de opinión (dentro del orden referido tienen perfecta cabida como parte de la Cultura), una sección que toca temas generales bajo la fundamental premisa de que sean de interés para todos. En esta tesitura, pueden caber temas que tengan algo que ver o rocen la política o a algún político, pero siempre porque se trate de un hecho singular y su interés así lo aconseje. Es el caso (no me negará que sorprendente) del Sr. Anguita pagando las multas del ex juez Sr. Gómez de Liaño que describía el pasado mes.

En cuanto a los “improperios” (Injuria de palabra, especialmente la empleada para echar en cara algo. Sin. Denuesto, Dicterio, Insulto. Dic. de la R.A.E.), permítame decirle que todo el mundo me merece respeto y que jamás ha salido de mi pluma injurias ningunas hacia nadie. Quizás a lo que quiere referirse es al uso de palabras lúbricas, escatológicas y aun sicalípticas. Si es así, créame, no soy ningún meapilas y, al igual que otros muchos escritores (incluidos premios Nobel), procuro utilizar la lengua en toda su riqueza y variedad de expresiones. A veces hay personas, cosas o circunstancias que son inefables; en otras, se ha de tratar a determinados elementos que no admiten otro nombre ni calificativo que el de hijodeputa. Podría utilizar doscientos eufemismos, pero prefiero fablar en román paladino.

Por último, permítanme que haga lo que pretendía hacer desde el principio: ¡desearles a todos unas muy felices fiestas!




 

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