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RipComo dijimos en el número anterior, vamos a tratar de explicar, siquiera someramente, unas técnicas de reanimación que nos pueden ser muy útiles (y sobre todo al enfermo) en caso de extrema necesidad.

Volvemos a recordar que lo más importante ante uno de estos casos es lograr la más pronta ayuda de personal especializado. Pero, en tanto llega esta ayuda, podemos y debemos actuar.

Primero hemos de comprobar si existe latido cardíaco. Para ello bastará palpar una arteria importante como la carótida (que discurre por el cuello, paralela a la tráquea) o una arterial femoral (cuyo latido encontraremos fácilmente en la ingle, justo en el nacimiento de la pierna). No se debe perder el tiempo tratando de localizar el pulso de la arteria radial -en la muñeca- o de oír el corazón, porque nos robará un tiempo precioso. Si no notamos el pulso en la carótida o femoral, el primer paso diagnóstico ya esta hecho: la ausencia de pulso indica parada cardíaca y hay que actuar con la máxima rapidez.

Mantener la circulación de la sangre es fundamental e imprescindible y, por tanto, el primer problema a solucionar. La parada del corazón hace imposible que la sangre circule; así pues, hemos de intentar sustituir la bomba o motor cardíaco por métodos externos. ¿Cómo? Muy sencillo: literalmente, a base de estrujar el corazón.

El cuerpo del paciente debe estar situado sobre una superficie dura (el suelo o una tabla), pues sólo así lograremos que la columna vertebral quede rígida y no ceda ante la presión que vamos a realizar, como ocurriría, por ejemplo, sobre un colchón.

Para dar el masaje hemos de adoptar una postura cómoda ya que el esfuerzo a realizar es importante; de otra manera, el cansancio nos impediría un rendimiento eficaz (el masaje puede llegar a durar veinte o más minutos, lo que es verdaderamente agotador). También hay que elegir el punto exacto donde aplicarlo -para evitar innecesarias roturas de costillas-; para ello apoyaremos el talón de una mano sobre la parte inferior del esternón -no sobre su apéndice terminal-, ayudándonos con la otra mano y dejando caer el peso del cuerpo sobre este punto sin flexionar los codos, con lo que la fuerza será mayor y menos el cansancio.

Aplicaremos la fuerza a un ritmo de 60 a 70 veces por minuto, comprobando periódicamente el pulso en las carótidas. En algunas ocasiones se puede comenzar el masaje con un fuerte y seco puñetazo en el pecho, acción que podría bastar para restablecer el latido cardíaco.

Y como de nada serviría mantener la circulación sin el aporte de oxígeno adecuado, hemos de recurrir a la respiración artificial.

Podemos hacerlo por el sistema boca a boca. El ritmo será la cuarta parte del masaje cardíaco, unas doce insuflaciones por minuto. La cabeza del paciente debe estar flexionada hacía atrás todo cuanto sea posible para mantener la vía aérea expedita. Para facilitar la correcta aireación, sólo impulsaremos ese aire cuando no se esté presionando sobre el esternón. Es necesario, pues, acomodar el ritmo entre el que realiza el masaje y el que aplica la respiración artificial.

Estas técnicas deberían formar parte de la educación de todos aquellos profesionales que se encuentren en trabajos de riesgo elevado, donde los accidentes pueden ser frecuentes, y, también, por qué no, de la mayoría de ciudadanos que se consideren capacitados para mantener la sangre fría necesaria en uno de esos angustiosos momentos. La gratificación puede ser enorme: salvar una vida humana.






 

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