Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Todo mentira. Tú sabes que todo es mentira, pura invención. Han inventado la historia para hundirme. Como si yo fuese alguien importante del que sacar provecho.

Ya ves, tan poca cosa y se ceban en mí. Como pulpos, con sus tentáculos envenenados. Para asentar el veneno en mis venas.

Todo mentira, García. Tú la conoces. Tan ella, tan seriota, tan de su casa. ¿De dónde sacan ahora las acusaciones? Ellos sí son de la manga ancha, de tragaderas impresionantes y señalan con un dedo las debilidades ajenas. Como pulpos, García. Te digo que como pulpos, y perdona la repetición, sin importarles ni la verdad, soñando sólo con el placer de la venganza, que otra cosa no es. Como si tuviesen que practicar un castigo. Malpenados ellos, todos ellos, que acusan sin justificación, sólo por maldad.

Te digo que lo estoy pensando, García. Hace días que no duermo, dale que dale a la idea. Barrunto historias, situaciones extrañas, extravíos, como te cuento. Como si yo hubiese perdido el sendero, como si ya no fuese un hombre cuerdo. Un hombre sensato, como siempre he sido. Un hombre sensato, con un poco de locura.

Inventadnos revanchas, buscando las cosas. Para huir de aquí dando sangre a la sangre. Para huir del oprobio y de la vergüenza.

Porque todo son rencores, inventos de malnacidos, algo con que se vengan de una mujer inocente. De vengarse por el desdén que mi mujer les muestra. Eso, ahí les duele, y porque les duele empezaron a correr la voz de unas infidelidades que nunca han sido. Que si esto. Que si aquello. Y así poco a poco ha ido creciendo la infamia, haciendo un globo de aire, un globo pronto a explotar, un globo de aire que ha de salpicarnos y que llena de dudas y de horror su honra y mi honor. Cosas así, que siempre ocurrieron, envidias de la alegría ajena. De mi alegría de siempre.

Sin dudas, García. ¿Qué dudas puedo tener de su fidelidad? Los años te ofrecen dudas pero también te ofrecen seguridad. Yo no puedo dudar. No puedo creer en estas palabras de cuatro envidiosos.

Por eso no duermo. Días y días sin poder dormir, asustado del gusanillo de mi venganza. Y si tomo la pistola que me entregaron para salvar este honor sé que no voy a utilizarla. Tan seguro estoy de que todo es pura mentira. Porque ella me es fiel, y no voy a vengarme en su carne un pecado que no ha cometido.

Y como todo ha sido una patraña y eso del honor del soldado y del cuartel es pura fantasía, me temo que el disparo irá para los que, con sus mentiras, han roto mi tranquila existencia.





 

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