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Antecedentes.

Con la unión de las Armadas de Castilla y de León bajo el reinado de Fernando III el Santo, encontramos en sus galeras y naos oficiales de «cuenta y razón». A estos oficiales, en 1251, el rey Alfonso X el Sabio les denominaría «Omes del Rey».

Años después, en 1258, el 7 de septiembre, se publican las «Ordenanzas para la Policía y gobierno de las embarcaciones de Barcelona», redactada por los prohombres de mar de dicha ciudad y confirmadas por el rey Jaime I en dicho día.

Refiriéndose a los «escribanos» dice: «Ordenamos que toda nave o leño lleve escribano en cada viaje, el cual no escribirá cosa alguna en el libro de la embarcación si no estuvieren presentes ambas partes, el Patrón y los Mercaderes o el Patrón y sus Marineros. Si los patrones no quisieren llevarlo, no podrán salir de Barcelona o de otro paraje, hasta que tomen al dicho escribano si pudiesen hallarlo».

El 5 de enero de 1354 se decretan las «Ordenanzas Navales de la Corona de Aragón», firmadas por el rey Pedro IV el Ceremonioso, en las que ya se trata de los veedores y escribanos.

El veedor asumía las funciones de inspector general y las de intendente, como representante de la Hacienda.

El personal administrativo de Aragón tenía las categorías siguientes:

Jefe superior o veedor.
Escribano de Mesa Real: segundo jefe en tierra, para formar las dotaciones o intervenir en las operaciones de contabilidad.
Escribano Real: iba a bordo de los buques con el almirante, interviniendo en las operaciones administrativas de a bordo, escrituras, requerimientos, pagos, inventarios, etc.
Escribano de Galeones y Flotas: autorizaba las operaciones que el general de Galeones o su auditor efectuaban en el transcurso del viaje.
Escribano de Galeras: ejercía en ellas la acción fiscal de la Hacienda en lo referente a la administración y contabilidad.
Escribano de Naos: embarcaba en los buques mercantes para tomar razón de los fallecidos a bordo y autorizar los testamentos e inventarios.
Escribano de Ración: ejercía las mismas funciones en los barcos de guerra, siendo su principal misión la cuenta y razón de las raciones a cargo del maestre de los víveres y pertrechos.

El año 1500 se denominan veedores generales a los que dirigen la administración naval, desapareciendo las denominaciones de tenedor de las Reales Atarazanas (Sevilla) y escribano de la Real Armada. Asumían también el mando de galeras o escuadras.

El 15 de enero de 1568 se dictan las instrucciones para el régimen de la Armada de Felipe II. Dicen en su artículo 41: «La cuenta y razón de lo que toca al sueldo de la Armada y gente de ella y de nuestras galeras, así como las que anduvieren por nuestra cuenta propia y del subsidio, y de lo uno y de lo otro, y distribución del dinero y de las vituallas, bastimentos y municiones, y compras de ellos, y todo lo demás tocante y concerniente a ésta; dejando que la tengan de sus libros todos los Veedores, Contadores y Proveedores».

El 21 de enero de 1594 se publica una instrucción de 36 capítulos que detalla los deberes y atribuciones de los veedores de las Armadas y de los veedores de Flotas.

El 25 de mayo de 1596 se dispuso que «con objeto de que el Veedor y Contadores de las Armadas y Flotas pudiesen ejercer sus cargos con la debida Independencia de aquellos a quienes debían fiscalizar e intervenir, no se les podía prender por los Generales, así como que los Auditores puedan conocer las causas contra aquéllos, limitándose a dar cuenta a S. M. de los excesos que cometieran en el ejercicio de sus funciones».

El 23 de mayo de 1602 una real cédula destaca que a los veedores seguían en autoridad los contadores, que tenían las mismas preeminencias que los anteriores como jefes administrativos y estaban encargados de «hacer listas, asentarlas, asistir a los pagamentos, despachar libranzas y tener libros de la Razón de todo».

El 24 de enero de 1633 se firmaron las Ordenanzas de la Armada del Océano, y fijábase en ellas el cargo de veedor general de la Real Armada de la Guardia de la carrera de Indias, que era en la época el oficio más preeminente de la administración marítima.

Durante el siglo XVII muchos de estos veedores generales asumen el mando de escuadras, falleciendo algunos en acto de servicio, como don Francisco Alfaro, que en marzo de 1672 muere a bordo de la fragata «San Antonio», durante el combate y rendición del navío francés «Santiago», hundido en Cádiz.

El 14 de junio de 1677 Carlos II expide una real cédula confirmando la existencia de los siguientes empleos, especificando los deberes y derechos de cada uno: veedores generales, veedores de escuadras, comisarios contadores proveedores, tenedores, pagadores y maestres.

El 6 de junio de 1705 es nombrado intendente de Marina y ministro nato de la Junta General de Comercio don Ambrosio Daubenton. El puesto se establecería en el Ejército en 1711 con ocasión de la campaña de Portugal.


Cuerpo del Ministerio de Marina.

Al advenimiento de la Casa de Borbón al trono de España, Felipe V dispuso, por Real Cédula de 21 de febrero de 1714, la unificación de las diez Armadas que con tribunales independientes y distintas denominaciones habían existido hasta principios del siglo XVIII, bajo el régimen de la Secretaría de Despacho de Marina e Indias. Estas Armadas quedan agrupadas bajo la denominación de Armada Real.

don José PatiñoEl 28 de enero de 1717 se designa a don José Patiño Rosales intendente general, concediéndole a la vez la Superintendencia del reino de Sevilla y la Presidencia del Tribunal de Contratación. De sobra son conocidas las obras que este prestigioso milanés de origen español realizó en la Marina. Tenía el encargo del Rey de encauzar y fomentar cl comercio y navegación a las Indias, trasladando al efecto el Tribunal de Contratación de Sevilla a Cádiz, por considerarse este último puerto más a propósito para la vigilancia de las expediciones.

Con referencia a este trabajo sólo mencionaré dos grandes realizaciones de Patiño: la Real Compañía de Guardias Marinas en Cádiz y el Cuerpo del Ministerio de Marina.

El 27 de abril de 1717 se fijan las categorías de este cuerpo. Eran las siguientes: intendente, ordenador, subordenador, comisario, subcomisario, oficial primero, oficial segundo, oficial tercero y meritorio.

El 14 de julio siguiente se organiza el cuerpo sobre la base de los antiguos veedores, tenedores y contadores de la Armada, instituyendo en Cádiz al mismo tiempo por especial comisión del monarca reinante, la Comisaría de Ordenación y Contaduría de Marina para la cuenta y razón general del reino.

El 1 de octubre de 1720 es nombrado oficial supernumerario del Cuerpo del Ministerio don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, que sería promovido a oficial segundo en 15 de junio de 1724 y a oficial primero al año siguiente.

El 21 de mayo de 1726 es nombrado don José Patiño secretario del Despacho de Marina y el 6 de agosto siguiente da a conocer unas instrucciones estableciendo nuevas atribuciones administrativas y económicas. Los nuevos empleos eran los siguientes: intendentes de departamento, comisarios ordenadores, comisarios reales de guerra, tesoreros comisarios de provincia, oficiales primeros, oficiales segundos, contadores o escribanos de navío y oficiales supernumerarios (para los destinos de guardalmacenes).

Don Zenón de Somodevilla, después de ser designado en 6 de noviembre de 1728 contador principal de Cartagena, y apenas tomada posesión, recibe orden de trasladarse a Ferrol para encargarse del mando de la Intendencia. Cesa en este puesto el 29 de julio de 1731, embarcando como ministro en la Escuadra del teniente general don Francisco Cornejo en agosto de 1731, y en la de don Antonio Serrano, también teniente general, en junio de 1733.

El 19 de julio de 1735 es publicada la Ordenanza de Patiño, según la cual era de competencia de los intendentes todo lo concerniente al mando administrativo y gubernativo de los arsenales.

El 13 de octubre de 1736 el Rey concede al intendente de Marina don José Patiño y Rosales la Grandeza de España de primera clase, para él y para sus herederos y sucesores, en atención a sus singulares méritos y relevantes y distinguidos servicios. En las postrimerías de su vida, al recibir de Felipe V la Grandeza de España, ya en su lecho de muerte, comentó: «Su Majestad me envía el sombrero cuando ya no tengo cabeza», pues es sabido que, no obstante los elevados cargos que ejerció, murió tan pobre que el propio rey sufragó de su peculio los gastos del entierro.

El 3 de noviembre de 1736 fallece en La Granja (Segovia) el intendente general de Marina y secretario del Despacho de Marina e Indias, don José Patiño y Rosales, que fue sustituido en el cargo por el marqués de Torrenueva.

Con razón ha sido calificado Patiño «el Colbert español», pues a semejanza del gran ministro de Luis XIV levantó nuestra Hacienda y reconstruyó nuestra Marina de Guerra.

En cuanto a Ensenada, llamado a recoger los excelentes frutos de Patiño, tras los breves pasos por el ministerio de don José del Campillo y dos ministros más, con el brillo de su gestión eclipsó, si cabe, la gloria de su predecesor. Entre estos dos hombres se hizo entonces el siguiente parangón: «Fue Patiño el Colón que descubre y señala nuevos derroteros, y Ensenada el Américo Vespucio, que sigue los hechos del primero y completa en cierto modo sus trabajos». Ambos realizaron el milagro, como ministros de Hacienda, de llevar a ésta a tal estado de prosperidad, y cobró calor de popularidad la especie que circulaba por entonces de que «Fernando VI tuvo que apuntalar las arcas del Tesoro Nacional», rebosantes de numerario. Teniendo en cuenta lo que ha venido padeciendo la Hacienda española en casi todas las épocas, no cabe mayor ni más completo elogio que esta frase popular de alabanza de estos dos grandes estadistas.

marqués de la EnsenadaLos singulares méritos de don Zenón fueron recompensados con el título de marqués de la Ensenada, quien culminaría su carrera el 21 de mayo de 1743 al ser nombrado «Lugarteniente General del Almirantazgo, Secretario de Estado y del Despacho de Guerra, Marina, Indias y Hacienda, Gobernador del Consejo de S. M. y Superintendente General de Rentas».

El 2 de diciembre de 1781 falleció en Medina del Campo el marqués de la Ensenada.

Me he extendido al describir la inmensa tarea de estos dos destacados marinos y emprendedores políticos, que ocuparon la poltrona ministerial exactamente con 17 años de diferencia, porque a la inmensa labor de ambos se debió, en gran parte, el resurgir de la Marina y de su administración naval en el siglo XVIII. Hoy recuerdan sus nombres dos buques de la Armada.

El 10 de agosto de 1829 se fijan en el cuerpo las siguientes categorías: intendentes, comisarios ordenadores, comisarios de guerra, oficiales primeros, oficiales segundos, oficiales terceros, oficiales cuartos, oficiales quintos y meritorios.







 

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