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COMPRENSIÓN para la terminación y lección, con escarmiento, de las Navidades pasadas y para lección de las que puedan llegar en ese otro siglo y otro milenio que se acercan.

Se terminaron unos días de amor en los que tuvimos que tener contacto más intenso con nuestros hijos, por fuerza, porque nos echaron a nuestra casa, con las vacaciones, a todos con todos. Así lo exigía la obligación hermosa de estos días que pasaron y que se repetirán cada año, en el curso de la vida que nos queda... Que el refrán lo dice bien claro, ¡Bendito sea Dios!: AMOR CON AMOR SE PAGA, pero lo terrible del caso es que desamor debería pagarse con desamor solamente para el otro mundo, para el NO CRISTIANO y, nosotros, con esa fuerza grande de las circunstancias, más veces de las debidas, llevamos muchas más de amor al desamor que amor al amor, por desgracia y olvido, bien lo sabe Dios, cuando era y debería ser siempre amor, incluso al desamor, según nos exige nuestro Bautismo.

En estos días pasados del turrón y los villancicos, algunos tan divinos, estuvimos todos juntos, las familias llenas de reencuentros, en los que tantos disgustos pueden llegar, porque esto muchas veces no va a ser a gusto de todos, porque se van a tener que TRAGAR que SOPORTAR, ¡tantos!

Querer imponer el amor y la fiesta, por la circunstancia maravillosa nada menos de que TANTO AMO DIOS AL MUNDO QUE LE ENTREGO SU ÚNICO HIJO (Jn.3, 16), y todo ello para salvarnos; ¿qué menos que agradecerlo con unas fiestas sagradas que se nos van a imponer y que vamos a necesitar?

Cuántos «berrenchines» a escondidas, cuánto mirarse de reojo con otros familiares que ya no vamos a ver más en todo el resto del año, verse sin quererse ver, sonrisas estereotipadas, besos que queman, atragantamientos que te hacen palidecer de rabia, ¡cuántos, Dios mío!

Que si mi padre, que si los tuyos, que si me toca, que si te toca a ti, que si les regalo o no, ¡cuántos! Porque en esos días vivimos contactos familiares inesperados y aclarantes de muchos falsos sentimientos y mentiras, y se hace preciso AMAR.

Hacerlo como nunca AUNQUE EN EL MAYOR SACRIFICO Y ENTREGA, que AMOR ES COMPRENSIÓN, esto, sobre todo y por encima de todo, ¡no lo olvidemos!

Para conocer bien una cosa es preciso saber sus defectos. Todos nos deseamos, incluso en postales ya impresas y adornadas de ángeles y primaveras sonrientes, nos deseamos, repito, PAZ, FELICIDAD, AMOR y triunfos... que pueden ser, ya lo creo, hasta falsos y eso es lo peor.

Para conseguirlo se hace preciso prepararse, no todo es recibir parabienes y alegrías e incluso regalos. Se hace necesario precisar todo lo que hemos dicho y hecho y prepararnos para las sorpresas vengadoras. Salirse al paso en el mejor de los amores que es la COMPRENSIÓN. Es preciso comprenderlo para amarlo, no se puede amar y no comprender.

Moliere nos dice algo verdaderamente cierto, que se impone en nuestra vida si queremos ser felices: EL AMANTE VERDADERO ES EL QUE SABE AMAR HASTA NUESTROS DEFECTOS.

En esos días deberemos amarnos HASTA EN LOS DEFECTOS.

Hay familiares que nos quieren imponer, con saña, caprichos y gustos que no son los nuestros, pero, cuidado, tampoco nosotros debemos hacer lo mismo con los demás, que nuestros gustos son los nuestros y no deben ser castigo para nadie, ni desazón o inquietud.

Esto nos lo dice muy bien ROF CARBALLO cuando afirma que hay padres que quieren justificar su rigidez perniciosa y agobiante aclarando que lo que pretenden no es más que el bien de los suyos y su superación y mejoría en la vida.

Otros padres llegarán cansados (?) buscando en estas fiestas, ese descanso que tanto necesitan y les exige el cuerpo estresado por el agobio de la vida atormentadora de entrega total que forma parte de estos nuevos tiempos. Y se encuentran con que puede hacer de todo menos descansar, porque lo natural es que unos escandalicen, otros discutan, y lo inmiscuyen en el problema difícil de aclarar, pero es normal que otros canten y jueguen, con gritos que le llegan a su estancia a través de los tabiques de la de arriba, de la de abajo o de la calle.

Lo normal es que ellos no quieran saber nada del escándalo que los agobian, mas, dada su situación y estado físico, renunciando al mismo totalmente, que es la forma de que su sufrimiento sea mayor, si ellos participan en el mismo, ya lo creo que lo pasarían también bien y no sufrirían tanto vanamente.

¡Ya lo creo que ellos quieren a sus hijos más que nadie! Trabajan por su porvenir como negros, no les importa el mayor esfuerzo para su bienestar económico; pero, ¿alternar con ellos en el jolgorio y la feliz fiesta? De eso nada y ¿hablar con ellos?, menos todavía, que «quiero mucho a mis hijos, pero son demasiado jóvenes para poder comprenderlos y que me comprendan».

Esta forma de comportamiento, ¡Cuánto daño hace a los hijos!, pues, como el auto que necesita la gasolina, la grasa y el aceite, los hijos tienen su alma, sus problemas, sus angustias y preocupaciones de tanto como quieren conocer de la vida, que desconocen y que hay que aclararles.

Sus problemas, repito, y su vida llena de interrogaciones, de misterios, de ilusiones, de aspiraciones y preocupaciones que no les dejan dormir ni reposar felices, y de la que debería formar parte ese padre que Dios le puso para algo más que saciar su hambre o su sed y abrigar sus fríos.

Porque tienen un alma, un alma inquieta que busca la luz de toda una nueva vida con tantísimas interrogantes, terribles muchas de ellas...

Son padres que se olvidan de ser verdaderos padres, de tratar de servir para algo. Estos padres llegan a desconocer totalmente el lenguaje preciso para hablar con sus hijos y sobre la actitud que hay que tomar para hacerles llegar unos mensajes positivos.

Muchos de estos padres son los que tuvieron una infancia no precisamente muy feliz, bastante triste, con esos malos recuerdos agobiantes que hicieron exclamar a aquella pobre maestra: «LA INFANCIA ES UN MAL RATO QUE HAY QUE PASAR», palabras que nos indignan y amargan y que no debemos aceptar de ninguna manera.

Era Bacón el que decía, «SOLO SE GOBIERNA A LA NATURALEZA OBEDECIÉNDOLA». Hay que obedecer esa ley natural que es ser padres. Obedecerla de forma que cumplamos, con entrega total, el que los hijos sepan encontrarnos siempre que nos necesiten. Pero ésta es una labor de todo el año.

Seguramente, la mayoría de los padres huirían de la algazara festiva a la que podrían haber ayudado con su colaboración, feliz para todos y, ya lo creo que, al final, también para él. Porque querían que todos se mantuvieran como «en visita», ya que ellos necesitan descansar, y yo les recuerdo que no se olvide de que sus hijos también tienen, «sus cosas», lo deben hacer y lo tienen que hacer. Que también ellos llevan sobre sus hombros la ingratitud de sus estudios, que a veces podrán ser de su agrado por cierta vocación particular, pero otras muchas son asignaturas de relleno, complementos precisos para completar un programa que hay que «embucharse» porque así se exige su plan de estudios.

Los padres tienen el cansancio de lo que más les gusta de lo que escogieron para el trabajo de toda su vida. Los hijos están cansados de «engullirse», quieras o no, asignaturas que no soportan y horarios agobiantes, sin descanso apenas para el mayor y mejor de los sueños de lograr un porvenir.

Y esto desde que empiezan con el ESO; horas y horas encerrados entre las cuatro paredes de la clase, peor mil veces que el confortable despacho del padre construido a su gusto y satisfacción.

Es preciso COMPRENSIÓN para llegar al AMOR.

Así, sin duda, conseguiremos la deseada felicidad para TODOS en este año que comienza y en los que vienen, que tenemos que saber y no olvidar que ser felices es conseguir que lo sean los que tanto amamos.





 

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