Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

No le había visto de espaldas, y menos por el retrovisor. Esto si que es alejarse de espaldas, si que es irse hacia atrás. Hacia atrás se va, como si volviera al pasado desde donde quizá nunca debió salir, o desde donde debería haber salido antes de que ocurriera todo esto. (Dejadme salir, ¡imbéciles!, que se pone en rojo). Quiero irme de aquí. Quiero irme a casa. Qué rabia me da que me pasen estas cosas. Como siga llorando así me voy a pegar una torta. No veo nada. Es como si se me metieran en los ojos todas las luces a la vez, distorsionadas, demasiado brillantes, estrellas del infierno, rojas y amarillas, con puntas informes y afiladas. Ya se podía haber pensado antes si no estaba preparado para otra historia. Tiene narices la cosa. Como si yo estuviera en mi mejor momento. Pues no, para nada, pero sé lo que quiero y no me voy a quedar mirando hacia atrás como está haciendo él. La verdad es que no se lo reprocho; yo lo he hecho muchas veces, pero una va aprendiendo a no hacerse daño, a saber quién le conviene y quién no, a saber decir adiós, a hacer de tripas corazón...

Me pareció interesante. Pensé que quizá no iba a gustarme, pero quise comprobarlo antes de dejarme llevar por la primera impresión; es tan parecido a mí emocionalmente, y le hacen daño las mismas cosas. Eso une mucho, ayuda a comprender, a identificarse, a no sentirse solo cuando se va del lado de alguien. (Ya me he pasado la salida del El Plantío-Majadahonda. Bueno, pues salgo por las Rozas; además es más rápido, aunque esté más lejos, y me evito los malditos badenes de El Plantío). Me he equivocado tantas veces con hombres que desde el primer momento sabía que podían llegar a gustarme. (El tabaco, ¿dónde he puesto mi tabaco?). Ahora sé que es mejor ser amigos primero y que la química llega después. Me parece más auténtico, porque así, si me enamoro de él, será de la persona, de lo que no envejece, de lo que perdura (Qué sucio tengo el cenicero; a ver si lo vacío). Tantas veces he elegido lo que no me convenía; estoy harta de escuchar mis primeras apetencias. A lo mejor es que una siente química porque hay una lección que aprender en las relaciones que acaban por hacernos daño, y nos lanzamos de cabeza al sufrimiento, una y otra vez. Pero yo ya no. Yo ya quiero doctorarme, no más pruebas, no más dolor.

Otra vez las luces que se distorsionan con las lágrimas. Qué incómodo es llorar en el coche. Mira por donde me esperaba el dolor otra vez, a pesar de todo. Está visto que he nacido estrellada para esto de las relaciones (No encuentro nunca nada en este bolso, y menos con una sola mano y a tientas; ¿dónde porras estará el paquete de kleenex?). Menos mal que tengo otras cosas buenas; a mí misma, por ejemplo, que parece que por fin empiezo a valorarme. No hay más que ver lo que hay afuera. Cobardía, irreflexión, egoísmo, eso es lo que hay, por eso cada día me quiero cuidar más, porque yo no soy así, con mis defectos, pero no soy así.

(María, no seas tonta. Tú tienes fe en la vida; si es para ti, será para ti; si no, él se lo pierde). Pero si yo lo que estoy deseando es dar, querer, comprender -aunque no sólo eso, pero bueno-. A veces una no busca la felicidad, aunque crea que sí. Busca lecciones, dolor, repetir lo que se conoce aunque nos haya amargado antes la vida. Eso es lo que persigue la mayoría, lo que les despierta la química. Pues yo ya no, lo siento. No me da la gana. Y mira que luego me alegré de no seguir mi primer instinto. Cada día me ha apetecido más verle, cada día me ha ido gustando más, despacito, como tiene que ser, sin prisas (Qué idiota; a ochenta y por el carril central. Seguro que es una mujer, aunque me fastidie. Porque no cogen el coche más que para ir a Pryca o llevar los niños al colegio. Míralo; una mujer con el cuerpo pegado al volante, como si fuera a comérselo). Intuía que íbamos a conectar en cuanto nos abrazáramos, como dos que de pronto se reconocen, se comprenden. Esa es la química verdadera, la que tiene posibilidades de durar; por lo menos, eso creo yo. A lo mejor él no piensa lo mismo, yo antes tampoco lo creía; antes de que me hicieran todo el daño que me han hecho.

Y lo de esta noche; bueno, que fuerte. ¡Qué fuerte, Dios! Con lo que me ha costado acercarme, que no lo había hecho en mi vida -y desde luego que se me han quitado las ganas de volver a hacerlo- Rechazo. ¿Qué tengo que aprender del rechazo? No tengo ni puñetera idea, pero estoy harta. No me lo merezco (Qué tranquilo está Majadahonda; no se ve un alma por la calle). Yo le comprendo, pero hasta cierto punto, que con tanta comprensión y benevolencia a veces me olvido de comprenderme yo, o de exigir que se pongan también en mi lugar, que me comprendan a mí. También tengo derecho, y lo necesito, ¡qué porras! (Me voy a dar una ducha en cuanto llegue. A ver si el agua me quita toda esta pesadumbre). ¿Qué va a pasar? No tenía que haberme acercado a él, no tenía que haberlo hecho, y con lo que me cuesta a mí eso. Yo le pregunté qué quería y me dijo que quería desbloquearse; por eso lo hice, porque creía que era una cuestión de indecisión, de timidez, de que nos habíamos pasado de rosca por hablar tanto -porque en eso creo que somos iguales, que damos demasiadas vueltas a todo, que lo queremos controlar todo-. Pero que va, es más que eso, mucho más (Qué tranquilo está Majadahonda, no se ve un alma por la calle). ¿Cómo íbamos a encontrarnos si ella está en medio? Allí estaba, impidiendo cualquier contacto; porque eso no ha sido un contacto, ha sido como tocar una madera rígida e insensible. Y me da rabia, porque sé que es muy sensible, como yo; a lo mejor no puede serlo conmigo (¡Qué ganas de llegar a casa!). Es como si me hubieran arrancado algo; una planta que estaba empezando a brotar, con sus hojitas tiernas. ¡Qué pena! No tengo capacidad de aguantar esto más veces en mi vida; no quiero tener esa capacidad. A ver qué me cuenta mañana. Lo peor de todo es que, encima, me da pena, y no de mi -que es lo más cachondo-, sino de él, de lo mal que lo está pasando (¿Qué pasa con esto que no funciona ya a la primera? Voy a tener que cambiarle la pila al mando; cualquier día me quedo sin poder entrar y tengo que aparcar en la calle -eso si no me pasa por dentro y no puedo sacar el coche-).

Le agradezco lo sincero que es; es tan importante. Pero si es que ha acabado otra relación «antes de ayer», y no es decir como quien dice, sino literalmente antes de ayer. ¿Cómo va a estar? Pero yo no tengo la culpa, que me he encontrado con ésto sin comerlo ni beberlo (Qué ruido hace esta llave. No enciendo aquí, que la niña tiene la puerta abierta; mejor la cocina). No estoy yo para estas historias; ahora menos que nunca. Después de lo que he pasado yo, y otra vez el maldito rechazo.

(Mi cuarto. ¡Qué gusto! Aunque sólo sea para llorar a mis anchas si tengo ganas. ¡Anda que no me han visto a mí llorar estas paredes! Soy imbécil, porque mira que he dicho veces que ya no más, que conmigo no cuenten otra vez. No tengo yo ya el corazón para exponerlo de esta manera, que ya he pasado bastante; y sigo así, yendo a pecho descubierto, más valiente que nadie -¡más tonta que nadie!-. Pero es que no quiero cambiar, no quiero perderme lo mejor de la vida por evitar sufrir (No, no me voy a duchar; sólo quiero meterme en la cama y dormir. A ver si consigo dormirme, porque siento una angustia. La verdad es que estoy agotada).

¿Cómo se sentirá él? Porque también tiene encima lo del ingreso de su abuela en el hospital, que parece que todo viene siempre a la vez. Si ésto no funciona podemos ser buenos amigos, muy buenos amigos. Preferiría que saliéramos adelante, por supuesto, pero si no se puede, no se puede. Yo no quiero medias tintas, ni más fracasos ni más equivocaciones. Si es él, pues estupendo, ya se verá. Pero vaya noche (¡vaya días!, mejor dicho). Quién me iba a decir a mí que esta ilusión se iba a convertir en una nueva tortura («Cerré los ojos al pasado y los abrí al olvido del sueño. Arrastradas por las lágrimas, sobre mi almohada se derramaron las escenas más recientes, hasta extinguirse».) Lo que escribí hace tiempo podría escribirlo hoy, aunque esta vez sería por él, que ni siquiera es una relación aún, que no hemos tenido ni un contacto, porque lo de esta noche no ha sido un contacto. Una madera, una madera rígida e insensible (Las lágrimas me están haciendo cosquillas en la cara). Una madera, sólo una madera; cómo iba yo a imaginármelo. (La almohada es blandita, pero también insensible, como él -como él conmigo, por lo menos-.) Mañana, a ver que pasa...






 

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