Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Con pasos renqueantes iba Ramón Lorente camino de la Residencia a recoger los resultados de la analítica que se hizo días pasados tras haber tenido que abandonar la media maratón que corría todos los años el día de los Remedios. Marchaba con cara de preocupación porque se le antojó pensar que el fuerte dolor en el pecho y en la pierna izquierda no podía presagiar ninguna banalidad. Entró con tiento en la consulta de su médico de cabecera, temeroso de oír una fatalidad, y, sin mediar unas palabras de cortesía, interrogó al doctor:

-Hable usted sin ningún tipo de tapujos. ¿Cuál ha sido el resultado?

-Hombre, no creo que hagan falta tapujos para decirle lo que tengo que decirle.

-Pues diga, porque esto nunca me había ocurrido antes.

-Mire, usted ya no se puede dar estas palizas. Tuvo una tendinitis corriente y un asomo de taquicardia.

-¡Si esta maratón la llevo yo corriendo 30 años sin problemas!, y corro desde que era un chiquillo.

-Pero usted ya no lo es. Tiene 67 años y su cuerpo no aguanta más.

-0 sea, que me dice usted que mi diagnóstico es ancianidad.

-No tiene usted que ser tan duro. Le digo que ya no debe hacer algunas cosas que hacia antes,

-Si, claro, como el Derecho dice que somos ancianos desde los 60.

-Se lo puede tomar como quiera. Yo me alegraría por no tener otra cosa. Tiene la posibilidad de realizar muchas actividades, pero la maquinaria del cuerpo ya no está al 100%. Hay muchos que la tienen peor que usted con bastante menos edad.

-Bueno, pues si no hay nada más, la crema de siempre para la pierna y me puedo marchar. Adiós. No sé si debo darle las gracias por avisarme de que soy viejo. Supongo que sí.

Marchó a casa Ramón y al sentarse en el sofá una lágrima resbaló por su mejilla. Un par de noches sin dormir y largas horas dándole vueltas al tema le hicieron asumir el asunto con filosofía y se dispuso a plantearse un leve cambio en su vida. Después de calentarse tanto la «mollera», realmente se dio cuenta de que tan sólo tendría que cambiar un par de hábitos cotidianos. Mucho más cambio supuso el venirse prejubilado a los 58. Deporte podía seguir haciendo, porque lo había practicado siempre, sólo debía controlar los esfuerzos desmesurados. Dedicaría más tiempo a leer y, a lo mejor, como hacían los de la tertulia esa que sale en la radio, también iba a intentar escribir algunas historias de su vida pasada. Viajar, lo hacia ahora mejor que nunca con las increíbles ventajas económicas que proporcionaba el Inserso.

En fin, que ya era hora de darse unos cuantos mimitos; lo que no haría nunca seria pararse porque se pondría mohoso como aquel reloj de su padre que se quedó colgado en el salón. Tenía razón el pobre doctor, ya no estaba al 100%, ahora tan sólo tendría que procurar no bajar del 99%.






 

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