Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Se disponían a vivir una de esas excitantes aventuras que el hombre siempre busca con enérgicos deseos de afirmar su fortaleza y dominio sobre todos los obstáculos que su camino le pueda presentar. Tenían que evitar que la visión global del territorio les amedrentara ante la infernal perspectiva de aquellos ríos de fuego que se entrecruzaban dejando a salvo sólo pequeñas porciones de suelo habitable, por eso empezaban el largo sendero con la mirada simplemente atenta a los pasos que iniciaban su arriesgada marcha.

Para acceder al tétrico lugar era necesario elevar nuestros, hasta entonces, rítmicos pasos debido a que toda la superficie se encontraba por encima del nivel del pavimento circundante. Una vez comenzada la senda, parecía que no era difícil que nuestros pies fueran esquivando las trabadas líneas de fuego que nos acechaban, pero si no era suficiente atravesar aquel espantoso damero incendiado, el camino también presentaba redondas planchas de metal que se mantenían incandescentes por el calor. Yo, por mi favorable posición, tenía que ayudar a mi compañero a esquivar con un salto aquellos nuevos obstáculos que se repetían a lo largo de todo el camino. El sendero se entrecortaba, de vez en cuando, y lo atravesaban entonces unas largas lagunas rectangulares en donde veíamos saltar pequeños peces brillantes cuyos diminutos bocados transmitían un veneno de rápido efecto mortífero. Los continuos saltos y la incesante tensión mantenida durante el largo recorrido hacían temblar nuestras agotadas piernas, que requerían, siquiera, un apresurado descanso en una cueva donde debíamos proveernos de algún goloso manjar que nos endulzara y nos premiara nuestra arriesgada aventura por el mismísimo averno. Luego, tan sólo unas últimas zancadas eran necesarias para llegar victoriosos a la deseada meta final.

Lo consiguieron. Inma, exhausta por cosas ya de la edad, supongo, y Jaime, agotado también por sus años, pero en relación inversamente proporcional, ya que sólo tenía cuatro, llegaron contentos y satisfechos a la llamada calle Colón de su pueblo después de atravesar la, en esas circunstancias, larga calle Rosario que estaba adornada con una solería bicolor que despertaba la fantasía de más de un viandante que la atravesaba.

Soñar es muy sencillo. Si lo piensas, te das cuenta de que llegamos a endosarle a la vida los despectivos calificativos de monótona o rutinaria con demasiada rapidez. A veces, es de desear no perder la inquieta imaginación infantil para hacer de un simple paseo por la ciudad una apasionante y soñadora aventura.






 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep