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En la guerra que se mantiene entre los tres grandes señores del mundo científico por conseguir descifrar el Genoma Humano, parece ser que el Caballero de la Orden «PE Celera Genomics», J. Craig Venter, ha conseguido una victoria parcial, aventajando así a sus dos máximos retadores, los igualmente caballeros Francis S. Collins y William A. Haseltine, de los condados de «Proyectos Públicos» y «Human Genome Sciences» respectivamente.

Ya era escandaloso que unos laboratorios farmacéuticos privados mandaran a sus sanguijuelas más aventajadas a los rincones más vírgenes del planeta para conseguir plantas, formulas indígenas, remedios de las etnias más remotas, y hasta información genética de estos indígenas, con el fin de patentar en las oficinas correspondientes estos hallazgos. Los mismos que, una vez transformados en medicinas y remedios para múltiples enfermedades, serán vendidos a precio de oro a sus legítimos descubridores, o mandados vía ayuda humanitaria como muestra de la caridad más hipócrita.

Pues bien, lo del proyecto genoma parece practicar la misma metodología, con el agravante de que en este mercadeo nos encontramos TODA LA HUMANIDAD.

Parece que estaba claro que ese mundo científico que trabaja en la sombra, que parece estar más allá del bien y del mal, no se conformaría con husmear hasta en los rincones más ocultos del planeta, ni con clasificar, cuantificar, y controlar todos los recurso minerales, vegetales y animales, al igual que ejercer ese control sobre los pueblos, razas y grupos étnicos de la Tierra. Tenía que llegar a saber su código más sagrado e intimo, tener información de su mapa genético. En definitiva aceptar el papel de creador y controlador de la VIDA, en función de los intereses que marquen en su momento esos Mundos diseñados a golpe de mando a distancia, al ritmo de sus acciones.

En la actualidad, en las Oficinas de Patentes ya se tienen registrados genes Humanos. Con la información que se puede extraer de ellos, el Caballero Haseltine, que es su «legal» propietario, podrá desarrollar fármacos o vacunas contra enfermedades como el SIDA. No me puedo imaginar cuántos millones tendrá que pagar la Sanidad Pública en concepto de chantaje ético, emocional y humano a este señor de la «Salud Privada», de la oscuridad profunda.

Las compañías de seguros ya se están frotando las manos, pues el Sr. Haseltine les pasara información genética, previo pago de su importe, de sus posibles asegurados, con lo que se cubren las espaldas a la hora de dar cobertura sólo a aquellos que no tengan previstas en su vida enfermedades que conlleven compensaciones económicas. Podrán hacer una selección encubierta, aceptando a pagadores permanentes para así engordar, aún más, las arcas de sus compañías.

Ahora que ese Mundo Feliz del escritor Aldous Huxley ya comienza a dejarse ver, teniendo instalados en estos momentos a sus más peligrosos representantes. Ya nadie se cree esa vertiente Humanista y Social del Mundo Científico, que trabaja en pos de la HUMANIDAD para ayudar a dar soluciones globales que puedan llegar hasta el último rincón del Planeta. El aspecto casi romántico e idealista de esos científicos, que ahora sólo aparece en cuentas corrientes de grandes multinacionales, se ha transformado en una inmensa sombra que engulle de forma arrolladora cualquier punto de Luz.

Ya han empezado por los menos favorecidos, continuando con los pobres y desahuciados de la Sociedad consumista e insolidaria. Pero los pobres se acaban y pronto seremos todos nosotros, sin distinción, carne de cañón, conejillos de experimentación.

Pero ante este panorama desolador, afortunadamente aparece la Esperanza en forma de los alimentos transgénicos, es decir, manipulados genéticamente. Con su consumo, posiblemente nuestro ego sufra una mutación, con la que todo ese laborioso trabajo de espionaje encubierto y financiado por las grandes firmas de laboratorios, «Farmacadáveres», tendrá que ponerse al día y de esta manera podamos librarnos de esos archivos donde comienzan a registrarse todas nuestras vidas.

Aunque, meditándolo bien, seguro que ya habrán pensado en esta posible vía de escape y en esos alimentos transgénicos irán añadidos los códigos de una manipulación a nivel mundial; en ellos irán incluidas todas la enfermedades posibles, siendo, curiosamente, ellos los únicos poseedores de los remedios correspondientes.

En fin, que nos espabilamos y despertamos de este letargo en el que ya estamos, o acabaremos idiotizados totalmente y encima controlados, eso sí, con tecnología punta. Qué broma, todo será vía satélite.

Nos contemplarán los árboles y que dirán de nuestro paso por la Tierra. ¡Despertad, gritad, VIVID... o se nos acaba la aventura!





 

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