Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Somos muchos los que vemos la televisión a diario. No todos, pero casi. Es más, entre los fenómenos que intervienen en nuestra vida, pocos hay tan universalmente compartidos como la televisión. Sin embargo, la sociedad que asiste al espectáculo monitorizado está dividida por innumerables muros de aislamiento: a saber, los muros de nuestros pequeños hogares. Quizá por esta circunstancia vital, el convivir todos juntos pero no revueltos, el estar compartimentados estancamente y blindados con portones que tienen mirilla y candados (modernas fortalezas que esconden los mini-reinos de cada cual), quizá, digo yo, por esto, lo doméstico-ajeno nos llama la atención. Seguramente es el caso de esas series cómicas que nos introducen en casas y familias de cartón piedra, que se enfadan mucho y otro tanto se reconcilian y, además, con moraleja y todo. Y seguramente también es el caso de El Gran Hermano. Y todo el mundo se pone a discutir, media España en contra, media a favor. Y todos los que discuten pensando, analizando, mirando, opinando sobre el asunto, algo que, después de todo, es bastante lógico si tenemos en cuenta que la televisión la vemos casi todo el mundo, y que nos gusta echar un vistazo a otras vidas más allá de nuestro portón con mirilla y candado. ¿Y qué dice la gente? Veamos...

Oigo decir que hay un cambio cualitativo en el modo de hacer televisión; que si a la audiencia le gusta pensar con las emociones de otros; que si esto es un zoológico humano, es decir, animales racionales en una imitación de su medio natural expuestos a la vista de todos. Oigo decir que si la frescura, la falta de guión, la sorpresa de lo no planificado por el guionista; que si medio país está descerebrado o que si la otra mitad rechaza por sistema todo lo que sea popular (pues, ya se sabe, la inteligencia pertenece sólo a una minoría selecta que tienen capacidad crítica, no como esos salvajes que han nacido para trabajar con sus manos y su sudor -ellos y ellas-, o para pelar ajos y limpiar tazas para deposiciones -sólo ellas-). Y después de todo esto uno no sabe muy bien qué pensar, pues parece que los ánimos se exaltan en la discusión y que las opiniones son demasiado radicales como para ser sensatas. Y sobre todo pienso que vaya un tema tonto de discusión, con la de cosas más importantes, sangrantes o relevantes que suceden en el mundo.

Y sin embargo me veo obligado a pensar sobre el tema, más que nada por una especie de responsabilidad o qué sé yo, que me obliga a racionalizar lo que pasa en el mundo, programita incluido.

Una primera opinión que ensayé fue la clásica condena ética a la mercantilización de la vida humana. En efecto, se piensa que las cosas y los animales están para utilizarlos a nuestro antojo, a diferencia de las personas, que no se sabe para qué sirven y que son libres en teoría. Todo esto entre comillas, por supuesto, pues hoy en día pensamos que los animales, vegetales, ecosistemas y accidentes geográficos deben ser protegidos.

Además, ¿qué sentido tiene hablar de libertad en el contexto, por ejemplo, de las fabelas brasileñas? Mi primera opinión sucumbió en seguida a la vista de tales hechos. En efecto, me parece que hablar de la mercantilización de la vida humana en el caso del Gran Hermano es simplemente ridículo mientras haya tanta miseria y sufrimiento en el mundo real. Además, los diez fueron libremente y en busca de dinero y cuando les dé la gana pueden marcharse... y Telecinco tampoco es que los torture ni nada por el estilo... o sea, que es un insulto y una insensatez rasgarse las vestiduras por este programa, con la de barbaridades de verdad que pasan en el mundo real.

En seguida me puse a pensar en otra línea. Me pregunté qué es lo que llama la atención de la gente, dónde está el morbo, cuál es el secreto del programa, asuntos todos misteriosos para mí, igual que también resultará misterioso para algunos mi gusto por los documentales de animales que echan por la tarde en la segunda cadena. En efecto, ¿qué hay de especial en ver a dos primero y dos después que se enamoran, otro que se tiñe el pelo, una que se le ve el culo de vez en cuando y otra que está casada y que le hace masajes cariñosos a un médico de urgencias que está solito y puede que cachondo? Después de todo, eso no es tan interesante como ver un partido de fútbol, donde hay esfuerzo, habilidad y lucha; o una corrida de toros, donde la belleza plástica sólo es superada por el valor del torero y los borbotones de sangre del bicho; o uno de esos trucos de magia del Copperfield. ¿Qué hay que llame tanto la atención? ¿Desde cuando lo cotidiano cutre es interesante? Te juro que estoy harto de ver chavales enamorados y que la gente pasa un kilo. Todos los días vemos muertos en la tele y la gente se come los pucheros como si nada. ¿Por qué es interesante el Gran Hermano?

La respuesta que todos tienen es morbo. Ya saben, esa sensación que tuvo Adán al morder la manzana que era sólo de Dios, la que tiene cualquiera que mire por el ojo de una cerradura lo que pertenece a la intimidad de otro, ya saben. En el Gran Hermano habrá besos, caricias, broncas, juegos y picores genitales, pero no por exigencia del guión, sino porque son libres y hacen con su vida lo que les dé la gana y nadie tiene derecho a meterse en su vida ni a ponerse a mirar lo que no le importa. Y como son libres y su vida es suya, si tuviéramos educación no miraríamos, porque mirar lo que no te importa es una impertinencia propia de tontos, niños y fisgones. Y como son libres, pues deciden que van a vivir en una casa televisada, cobrando su buen dinero y haciéndose famosillos por la cara y por lo que no es la cara. Así que, al final, como la sarna con gusto no pica, ellos renuncian libremente a su derecho a la intimidad y nosotros obtenemos licencia para mirar lo que normalmente no miraríamos con tanta dedicación. Algo parecido al negocio de la prostitución, pero sin contacto físico. Ellos venden y nosotros compramos. Limpio y sencillo. Con sabor a prohibido, pero sin serlo. Casi indecente, pero sin serlo de veras.





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep