Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Aunque Cleo nunca supuso que su figura pudiese entusiasmar, aceptó el requiebro de la Magda cuando le lanzó el pestañeo. Cleo se dijo que Magda era un apetecible bombón pese a sus cincuenta marginados años y una papada impresionante. Como Cleo lo que necesitaba era un amor donde encontrar camino, no paró en escenas y se lanzó directamente a la aventura.

La aventura para un timorato como Cleo significaba todo un reto. Ignoraba qué palabras debería ofrecer a Magda, pero confiaba que la buena disposición de la mujer allanaría caminos. Y así, sin pensarlo, Cleo confesó a la mujer que él era un hombre sin amores, sin propuestas ni caminos que le condujeran a un buen fin y que si ella tuviese un poco de compasión, le haría feliz.

Magda -que soñaba aventuras- le escuchó en silencio, considerando la declaración del pobre infeliz. Mujer de amplio corazón, esposa solitaria (su esposo ganaba medallas en las perdidas alcazabas rifeñas), sólo gustaba del amor en las escasas escapadas del marido. Tal vez por esta razón y por su soledad de tantas noches, pensó que un amor furtivo como el de Cleo le iba a ir bien. Y dijo que vale, que estaba dispuesta.

Cleo, entusiasmado, no midió las consecuencias de semejante locura, ni las midió Magda quien, en una tarde de cine, se dieron cita, lugar y hora.

Y he aquí que Cleo, con mil perfumes en su cuerpo, y Magda, con mil perfumes en su cuerpo y en su generoso escote, se dieron al amor, esa cosa tan dulce y tan conocida.

Esa historia de amor, de nadie sospechada, pero de todos presentida, terminó de repente cuando en el éxtasis de la pasión, una recia voz, cercana a la habitación rompió los incontrolables gemidos.

-Soy yo, Magdalencita, tu maridito querido.

En las comedias de enredo las cosas se resuelven colocando al amante dentro del armario, en tanto los brazos abiertos acogen al burlado marido. Y en esa historia hubiese acaecido algo parecido si no fuese porque el armario se encontraba en otra habitación.

-¿Qué hago? -preguntó el asustado Cleo.

-Vete por el balcón -indicó Magda.

-Pero no tengo tiempo de vestirme -informó Cleo.

-Sal desnudo. Ante todo salva mi honra -pidió la mujer.

Cleo saltó de la cama, abrió el balcón y se lanzó al vacío totalmente desnudo. Tropezó con un tiesto y se rompió una pierna.
Y por más desdichas, era de noche y sin embargo llovía.





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep