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A finales del pasado junio se cumplieron 25 años de un triste suceso, que fue recogido en las páginas de Diario de Cádiz del 1 de julio de 1975 por quien esto escribe, en sus funciones de corresponsal en San Fernando de dicha publicación. Titulaba la información «TRISTE COINCIDENCIA» y decía así:

«Pocas veces se habrá dado la coincidencia de que un padre y su hija hayan muerto el mismo día por causas no violentas, y esa circunstancia todos la conocen en San Fernando, después del tristísimo acto de la tarde del pasado sábado, cuando los dos féretros, tras su escala inicial en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, continuaban, cubiertos de coronas de flores, para su destino final en el Cementerio católico de nuestra ciudad.

Eran los del coronel médico de la Armada don Álvaro Sánchez Hernández y de su hija Matilde, de Acquaroni (don Fernando). Impresión inmensa, lágrimas en numerosas personas, silencio en la gran masa, resignada y esperanzadora ante los designios inescrutables del Todopoderoso. Una lección de la vida, relacionada con la muerte, muy difícil de ser olvidada.
Quien esto escribe siente un gran afecto por esta familia isleña, y especialmente por la de Acquaroni, con la que ha compartido, durante más de doce años, las inquietudes del mismo bloque y de la misma escalera, siempre unidos por una simpatía y una cordialidad que no podrá olvidar.

Al coronel Sánchez Hernández (a quien daba el tratamiento castrense y que él agradecía) le veía frecuentemente junto al ascensor o subiendo, con resignación, los peldaños que conducían al segundo piso, siempre con un gran optimismo impropio de sus 79 años. Matilde era su hija mayor, la que le había dado más nietos y, probablemente, la que era objeto de más atenciones por su parte.

Y su hija, después de una corta y traidora enfermedad, fue la que le acompañó en el viaje definitivo. Dos féretros iguales, que permanecieron media hora en la iglesia del Carmen, muy próximos a la venerada imagen de la Patrona de la ciudad y de la Marina, sólo diferenciados exteriormente por el ramo de claveles sobre el de la Sra. de Acquaroni, que simbolizaba el homenaje a la madre y esposa ejemplares.

Doce años de convivencia, como antes decimos, aunque en planos y edades distintos, representan mucho en la vida diaria de las personas, porque llegan a conocerse facetas del modo de ser y de sentir, que en estos trances supremos adquieren sus verdaderas dimensiones humanas y emocionales.

Matilde Sánchez Beardo era el entusiasmo y la alegría personificados, y la comunicación siempre optimista y jovial, lo mismo en la lucha diaria con sus cuatro hijos que en el trato con sus vecinos o en los avatares de la vida social. Parece que iba gastando, a un ritmo superior a sus fuerzas, su gran corazón, en una proyección constante y abnegada a los demás, para adelantarse a ellos en el camino que Dios tiene reservado a los que le sirven en esta vida, como Matilde supo servirle.

Don Álvaro Sánchez y su hija Matilde han dejado en una familia de San Fernando un vacío enorme, que no podrá llenarse.

Nosotros, con estas modestas y sencillas líneas, queremos rendir a los dos un homenaje lleno de afecto, y renovar, al mismo tiempo, los sentimientos de pesar a doña Carmen Beardo Morgado, a don Fernando Acquaroni Bonmati, a los hijos de ambos y a los señores de Rubio Gutiérrez (don Joaquín, ex alcalde de la ciudad, ella Carmen Beardo, a quienes Dios en su infinita bondad, sabrá dar la resignación y las fuerzas necesarias para sobreponerse a esta adversidad.»

Para la familia de tan inolvidables isleños, mis mayores respetos y afectos.






 

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