Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Y cuando Ernestina empezó a notar que sus juegos, tan queridos hasta entonces, sólo habían sido un paréntesis para llegar a esa presencia de doce preciosos años, esa presencia nueva, con incipientes pechos, nalgas creciendo como montes, y se dijo que bien, que sus juegos de niña ya no tenían ningún sentido y que iba a esconder sus muñecas y sus vestiditos de seda rosa, y los príncipes, y los libros de cuentos de hadas y brujas. Y que iba a esconder las mentiras con que la habían hecho vibrar, para entrar en la vida real, donde el amor de los príncipes iba a ser reemplazado por rostros menos hermosos, pero más normales.

Doce años para entrar en una nueva y misteriosa etapa, donde los misterios que envolvieron su niñez iban a ser desechados y donde la inquietud para comprender las cosas de los mayores estaban ya en camino. Frente al espejo, desnuda y sin timideces, sus manos recorrían los muslos, se posaban en el rígido pecho, danzaban sobre el pubis, apenas con vello, y se dormían en la paz de su hermoso ombligo. También recorrían sus piernas en un tímido masaje. Y Ernestina se dijo que era lo suficientemente bella como para merecer el amor.

Pero, ¿qué amor’? Esa palabra tan simple tenía para ella singular significación y desde que conoció la palabra la luz tenía mas sentido y las flores un perfume distinto, y el cielo era más azul; incluso la lluvia dejaba de ser algo terrible para convertirse en plácida sinfonía. Ernestina encontraba que el amor estaba en todo lo que veía, en todo lo que tenía cerca y debía descubrirlo entre las voces de sus amigos y entre las paginas de los muchos libros de poesía de su padre, que dormían y que aguardaban un despertar para sus ojos. La poesía, ¡oh, que lectura tan hermosa, tan cuidada, tan abierta a la fantasía! Mil y un poetas ofrecían sus visiones, colocaban en sus manos la experiencia, volaban con versos y sentimientos. ¡Qué hermoso haber descubierto el amor a través de los libros!

Y el amor, ¿era esa fantasía que escribían, esa fantasía, ese dulce ensueño, ese dulce atardecer? «No, Ernestina -le dijo su madre-, el amor no son las mentiras que cuentan los poetas. Los poetas todavía no han dado con el amor y por eso escriben sobre él» Y le contó lo que para ella era el amor: sentirse bien, con un compañero en quien creer, en un amigo que tener cerca, compartiendo vida y esperanzas» Y le dijo a Ernestina que vigilase las proposiciones que los hombres le ofrecieran, que sus insinuaciones sólo la llenarían de tristeza.

 Pero Ernestina soñaba. Sus dulces doce años eran para soñar. Un río rojo deslizándose de su cuerpo le señalaban como mujer y como mujer debía temer a los hombres.

Pero no hizo caso. Un amigo llenó de pájaros su cabecita y le tomó el corazón hasta el punto de entregarse. Y el amor le pareció al algo cruel, grotesco e inútil. Sus carnes se rasgaron, sus lágrimas brotaron incontenibles y no sintió el placer.

No volvió a entregarse. Si el amor era aquel dolor tan extraordinario, si el placer era aquel sabor a ceniza y cal, no quería conocer el amor. Y una noche, buscando con ansia el amor entre los libros y no encontrando ninguna solución a sus dudas, los tomó y les pegó fuego. Y mientras las llamas destruían tanta mentira y tanta belleza, sus manos buscaron los pechos llenos de altura, y encontró el escondido clítoris entre los montes de su pubis y sus piernas, altas como pinos, se ofrecieron a su mirada. Pero no descubrió el amor. El amor -pensó la pobre Ernestina- debía ser algo distinto que ningún poeta había sabido definir.

Y cuando las libros eran ya un volcán de fuego y humo, Ernestina lloró por su ignorancia y se dejó caer al suelo, y allí quedó hasta que el sueño la llenó de paz.





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep