Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Un día, hacía ya mucho tiempo, apareció en su vida; nació lentamente en la inmensidad de sus silencios y pudo vislumbrar su presencia con los ojos cerrados, como la caricia de un alma que se buscaba en ella.

No era más que el amor sin rostro de alguien cuyos dedos invisibles la rozaban por dentro con esa ternura íntima que siempre halló entre las lágrimas de una nostalgia que no venía del recuerdo, sino de la esperanza.

Y cuando la vida le apretaba el alma con garras afiladas, cuando la soledad la miraba con ojos fijos, amedrentándola, cuando el desamor le pagaba el billete de un autobús que parecía no llevarla a ningún sitio, ella se iba a buscarle al otro lado de los sueños.

Pero la duda se burlaba de ella muchas veces y la señalaba con un dedo despiadado mientras el silencio se quebraba con la sacudida de su cínica risa. Se reía de ella, que tan sólo anhelaba saberle al otro lado de los sueños. Porque si él existiera, si tuviera la certeza de que la soñaba en alguna parte, quizás no importaría que nunca se encontrasen. Le bastaría saber unidas sus almas a través del alma del mundo, y podría ella misma reírse de la duda y de la propia soledad. Cada noche tendría un hombro invisible en el que apoyar su cabeza y llegar sobre él hasta el otro lado de los sueños. Caricias que se tejían con pensamientos y besos que nacían de soñar el roce de unos labios repletos de silencios parecidos a los suyos.

Si supiera que estaba en alguna parte, fuera de su vida, al otro lado, deseando cruzar el abismo que el destino les tendía, podría, por él abrir, cada mañana las ventanas y llenar de luz el vacío que crecía en su vida como una enredadera que la atrapaba en la noche. Porque soñar se iba pareciendo más a vivir que la propia vida. Porque él, que fue el impulso que la movió desde que se reconoció como mujer, nunca había llegado a formar parte de su mundo. Otros se colaron en su vida como impostores que se disfrazaban de los sueños que ella reveló en algún momento de flaqueza.

Algunos intentaron parecerse a él, convertirse en él, poseerla para siempre, robar el alma que tan sólo a uno podría pertenecer… Pero ella siempre acababa rompiendo los lazos que la ataban, para estar sola y ser libre y encontrarse con él al otro lado de los sueños… 

Siempre al otro lado. Un día, hacía ya mucho tiempo, apareció en su vida; nació lentamente en la inmensidad de sus silencios y pudo vislumbrar su presencia con los ojos cerrados, como la caricia de un alma que se buscaba en ella.

No era más que el amor sin rostro de alguien cuyos dedos invisibles la rozaban por dentro con esa ternura íntima que siempre halló entre las lágrimas de una nostalgia que no venía del recuerdo, sino de la esperanza.

Y cuando la vida le apretaba el alma con garras afiladas, cuando la soledad la miraba con ojos fijos, amedrentándola, cuando el desamor le pagaba el billete de un autobús que parecía no llevarla a ningún sitio, ella se iba a buscarle al otro lado de los sueños.

Pero la duda se burlaba de ella muchas veces y la señalaba con un dedo despiadado mientras el silencio se quebraba con la sacudida de su cínica risa. Se reía de ella, que tan sólo anhelaba saberle al otro lado de los sueños. Porque si él existiera, si tuviera la certeza de que la soñaba en alguna parte, quizás no importaría que nunca se encontrasen. Le bastaría saber unidas sus almas a través del alma del mundo, y podría ella misma reírse de la duda y de la propia soledad. Cada noche tendría un hombro invisible en el que apoyar su cabeza y llegar sobre él hasta el otro lado de los sueños. Caricias que se tejían con pensamientos y besos que nacían de soñar el roce de unos labios repletos de silencios parecidos a los suyos.

Si supiera que estaba en alguna parte, fuera de su vida, al otro lado, deseando cruzar el abismo que el destino les tendía, podría, por él abrir, cada mañana las ventanas y llenar de luz el vacío que crecía en su vida como una enredadera que la atrapaba en la noche. Porque soñar se iba pareciendo más a vivir que la propia vida. Porque él, que fue el impulso que la movió desde que se reconoció como mujer, nunca había llegado a formar parte de su mundo. Otros se colaron en su vida como impostores que se disfrazaban de los sueños que ella reveló en algún momento de flaqueza.

Algunos intentaron parecerse a él, convertirse en él, poseerla para siempre, robar el alma que tan sólo a uno podría pertenecer… Pero ella siempre acababa rompiendo los lazos que la ataban, para estar sola y ser libre y encontrarse con él al otro lado de los sueños… 

Siempre al otro lado.






 

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