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El Cuerpo de Guardias Marinas estaba considerado como tropa de la Casa Real, y se le tenía como sucesor de los Guardias de Estandarte o Cadetes de Cartagena, como quedó dicho.

Los empleos de capitán, teniente y alférez de la Compañía eran desempeñados como sigue: capitán, un jefe de escuadra, teniente general o brigadier y en algunas ocasiones, capitán de navío. Teniente, un capitán de fragata o teniente coronel, y alférez, un teniente de navío o capitán.

El primer capitán de la Compañía fue el brigadier D. Luis Dormay. Para teniente se designó a D. José Marín, que estuvo muchos años destinado en la Academia y alcanzaría el empleo de teniente general y que entonces era capitán de Caballería; y para alférez, al capitán de Granaderos D. Juan José Navarro, recién incorporado a la Marina y que más tarde, como es sabido, por sus destacados servicios, sería el primer Marqués de la Victoria. Algo después fueron nombrados dos oficiales más, D. Guillermo Bustamante y D. Agustín Arredado. En 1 de enero de 1718 se añadirían otros dos: D. José Paventest y D. Gaspar de Evia y Valdés, así como un capellán. El piloto mayor de la Carrera de Indias, D. Pedro Manuel Cedillo Rujaque, fue nombrado jefe de estudios. Escribió, para uso de los alumnos, un «Compendio del Arte de la Navegación», que se imprimió en Sevilla en 1717.

Una Real Orden de 18 de septiembre de 1719 disponía que los oficiales de las Compañías de Guardias Marinas disfrutasen las siguientes consideraciones: de coronel, el capitán, si no tuviese mayor grado; de teniente coronel, el teniente, y de capitán, el alférez.

El primer guardiamarina de los inscritos fue D. Esteban Reggio y Gravina, Príncipe de Yache, el 7 de febrero de 1717.

La banda de música con que contaba la Compañía era muy popular en Cádiz. Los conciertos que ofrecían en el Ayuntamiento con ocasión de las proclamas reales corrían a cargo de ella.

El uniforme era muy parecido al del Cuerpo General. Consistía en casaca de paño azul fino, forrado en sarguilla roja; vueltas de grana, pequeños ojales de oro hasta la cintura, en ambos lados, con tres alamares de oro a cada lado y atrás en la cintura; otros tres en los golpes de oro; y en cada manga, sobre la divisa, otros tres con los botones de oro correspondientes. La chupa era de escarlata fina con ojales de oro sólo a un lado, y al otro, botones de lo mismo; y el forro, como el de la casaca. Los calzones eran azules, del mismo paño de la casaca, forrados en lienzo; las medias rojas y el sombrero de medio castor. Se distinguía del que usaba el Cuerpo General por ser el galón que bordeaba la casaca, chupa, bocamanga y sombrero, más estrecho. Se diferenciaba del de los Guardias de Corps, en que el galón mosquetero era dorado y plateado el de éstos. También usaban un casacón para la mar, siempre que se hallasen embarcados. Era de paño ordinario azul o de barragán, con botones de lo mismo hasta la cintura y cerrada la vuelta de la manga; forrado en sarguilla roja la mitad de los cuartos delanteros de arriba a abajo, al objeto de preservar de las lluvias la casaca de uniforme.

Para el ingreso en la Academia sólo se exigía, en un principio, examen de las cuatro reglas y no exceder de dieciocho años de edad. Los que no poseían antecedentes de nobleza y tenían alguna más edad, podían ingresar como, aventureros -algo parecido a un marinero distinguido, aunque se incorporaban al mismo régimen de estudios y formación que los guardiamarinas. Como aventureros ingresaron marinos tan insignes como el teniente general D. Antonio Ulloa compañero de Jorge Juan, el jefe de escuadra D. Santiago Liniers; el que fue en varias ocasiones ministro de Marina, D. Francisco de Paula Pavía, autor de las conocidas obras Historia General de la Marina Española y Galería biográfica de los Generales de Marina, y otros muchos más.

Sin embargo, con respecto a la edad de ingreso, hubo excepciones, pues entre los incorporados en las dos promociones de 1717, alguno contaba 24 años, y el primero de los que ingresaron en 1718, D. Félix de Dicastillo, tenía 26 años. Por cierto, este alumno embarcó en el brulote Castilla en funciones de alférez de fragata, siendo el primero de los guardiamarinas que desempeñó este empleo.

El ingreso en la clase de aventurero fue suprimido en 7 de marzo de 1824.

El plan de estudios comprendía una formación teórica, dividida en semestres, y otra práctica en los buques. En el primer régimen de estudios de la Academia, cursaban las siguientes materias: Aritmética, Álgebra, Geometría, Trigonometría, Cosmografía, Náutica, Fortificación, Artillería teórica y práctica, Armamento, Evolución Militar, Construcción Naval, Maniobra de naos, Música, Esgrima y Danza. Este plan de enseñanza regiría hasta 1734.

En principio la Real Compañía debía contar con 158 cadetes, entre los que habría un determinado número de brigadieres y subrigadieres, como alumnos aventajados. Posteriormente sufrió algunas variaciones.

Percibían de sueldo los guardiamarinas 15 escudos de vellón al mes.

Los candidatos a plazas de guardiamarinas, una vez examinados, pasaban unos a la Academia, mientras otros embarcaban en las distintas unidades, tomando parte en las campañas en las que éstas intervenían, en las que muchos murieron y otros cayeron prisioneros.

En 1717, año de su creación, ingresaron en la Academia dos promociones, de las que un centenar formó parte de la primera expedición del cardenal Julio Alberoni, ministro de Felipe V, confiada al Marqués de Man, que fue su capitán. En esta acción cooperaron los guardiamarinas junto a las tropas de la Casa Real, con las Reales Guardias Españolas y las Valonas, en la campaña de Cerdeña. El tiempo de embarque de estas dos promociones duró unos seis años, siendo promovidos a oficiales a los nueve años de su incorporación a la Academia.

D. Juan José Navarro prestó tales servicios a la Academia desde que fue nombrado alférez, en 1 de mayo de 1717, que cuando, en 31 de octubre de 1719, se le concedió la distinción de teniente coronel de Infantería, siguió en la compañía desempeñando todavía el puesto de alférez. Decía la disposición que le autorizaba a continuar en su puesto: En contemplación a su mérito personal, y no por establecimiento del empleo de alférez, ya que sólo debía tener el grado de capitán, como estaba ordenado.

Las Ordenanzas de Patiño tratan, en capítulo VI. «De los cadetes o guardia marinas», y dice: Los cadetes embarcados, se deben principalmente considerar como gente de guerra y parte principal de la que guarnece los navíos; y, consiguientemente, deben ejecutar lo mismo, que los soldados que se hallen en ellos en lo tocante a guardias, con la sola diferencia del paraje, y forma con que se les mandará ejecutar por los capitanes de los navíos. Los cadetes, durante el tiempo que se mantuvieran en la mar, deberán tener, según S. M. ha dispuesto, además de su sueldo, una ración y media de harina; y los comandantes señalarán su alojamiento en catres, que se hallarán a este fin destinado en los navíos y dispondrá que se pongan en el paraje más decente, según permitiese la calidad del navío o fragata, que ordinariamente será bajo el alcázar, principiando al más antiguo inmediato a la cámara, como asimismo, que puedan colocar su ropa en parte más segura y resguardada.

(Continúa el próximo número)







 

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