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Los guardiamarinas, para hacer prácticas, asistían a la carena de los navíos que se realizaban en los astilleros de Puntales, Puente Zuazo y caño de La Carraca.

El 13 de agosto de 1776 se establecerían Academias de Guardias Marinas en los otros dos Departamentos Marítimos, Ferrol y Cartagena.

A estos centros acudieron muchos jóvenes españoles y también extranjeros. De ellos sólo citaré dos, que por sus sobresalientes méritos figuran en el Panteón de Marinos Ilustres: El Capitán General Federico Gravina, de Palermo, héroe del combate de Trafalgar, y el francés, Santiago Liniers, jefe de escuadra que reconquistó Buenos Aires del poder de los ingleses, rechazando un ejército de doce mil hombres, que pretendían de nuevo apoderarse de la plaza.

Poco después de establecida la Academia, el Zar Pedro el Grande de Rusia envió a Cádiz 22 jóvenes aristócratas con objeto de formar la plantilla de la Armada de su país. Fueron dados de alta en la Academia el 15 de agosto de 1719.

No les fue bien en la Academia a los rusos. El desconocimiento de nuestro idioma les hacía muy difícil el aprendizaje en los estudios, por lo que insistentemente pedían se les embarcase. Uno de los alumnos, Alejo Boloselski, falleció a los nueve días de iniciar el curso y fue enterrado en el Hospital del Rey, que por entonces dependía de Marina. Otro sufrió enajenación mental, siendo apartado de los estudios. Fueron repatriados el 28 de febrero de 1720.

Los veinte restantes servirían posteriormente en las fuerzas armadas de otros países: quince en Irlanda y cinco en Holanda. Cuatro de ellos llegaron al almirantazgo y dos a brigadieres del Ejército de Tierra.

También se instruyeron en estas Academias, jóvenes hispanoamericanos en número aproximado de 180, muchos de ellos hijos de españoles desplazados a aquellas tierras con ocasión de destino, o hijos de españoles que habían contraído matrimonio con nativas. Otros procedían de la oficialidad del Ejército Español, nacidos en Ultramar.

Cuba, Argentina, Perú, Colombia, Méjico, Venezuela, Guatemala, Chile, Bolivia, Santo Domingo, Uruguay, Puerto Rico, Ecuador y Honduras enviaron a España grupos selectos de sus juventudes, que deseaban dedicar su vida a la Armada. De Filipinas llegaron cuatro. El mayor contingente vino de Cuba, de donde procedía casi medio centenar y otra cuarta parte del centenar llegó de Argentina.

El guardiamarina sevillano Juan Manuel Negrete Alcántara, a quien se le había concedido el ingreso en 6 de abril de 1717, falleció el 30 de noviembre siguiente, mientras cursaba los estudios, siendo inhumado en la iglesia catedral gaditana.

La Academia tenía imprenta propia, que presentaba los trabajos más cuidados de la época. Más tarde imprimiría obras tan conocidas como el «Compendio de navegación para el uso de los caballeros guardiamarinas», de Jorge Juan; «Aritmética», por su profesor Luis Godin; «Geometría y Trigonometría rectilínea», de Vicente Tofiño; «Artillería», de Francisco Javier Rovira, etc. En 1790 -ya la Academia en la Isla de León- Mazarredo publicaría sus «Lecciones de navegación».

El 2 de marzo de 1728, los Reyes Felipe V e Isabel de Farnesio, visitan Cádiz. Desde el balcón del Ayuntamiento presencian una parada militar. La Compañía de Guardias Marinas formaba con otras fuerzas, a la derecha de la guarnición, en las Puertas de Tierra y durante el desfile, realizaron evoluciones y ejercicio de manejo de armas.

El profesorado civil de la Academia lo regía un director con los maestros necesarios, incluidos los de idiomas, música, danza y esgrima, casi todos escogidos del claustro del Real Seminario de San Telmo. Los maestros de la Academia influyeron en sobremanera en la cultura gaditana, su prestigio les hacia intervenir en múltiples asuntos afines y aún ajenos a sus disciplinas, y así vemos que fue el maestro de matemáticas D. Francisco del Orbe quien falló en definitiva el concurso de proyectos de la catedral nueva, eligiéndose el del arquitecto Vicente Acero. El 9 de noviembre de 1768, Tofiño, en unión del Capitán de Fragata Juan Lombardón, interviene en un certamen literario de Rosario Cepeda, hija de un regidor perpetuo de la ciudad. El Ayuntamiento de Cádiz, que conocía bien el pluralismo cultural de Tofiño, le encarga el 22 de junio de 1771, una detallada información sobre un proyecto de alcantarillado y saneamiento de la ciudad. Las Actas Capitulares de Cádiz contienen muchos informes de Tofiño y del maestro de idiomas José Carbonell Fogassa, bibliotecario de la Academia, buen matemático y excelente humanista.

La Posada tenía pared medianera con el Ayuntamiento, por cuyo uso se entabló pleito con el Conde de Alcudia, hasta que por un reconocimiento pericial se demostró que formaba parte de la antigua muralla, propiedad, por tanto, de la ciudad.

Veamos sucintamente cuál fue el destino del primer centro docente naval castrense de España. A finales de 1770, al haber aumentado la guarnición de Cádiz, es habilitada la Academia para alojar tropas. Al quedar desocupada fue arrendada a un particular D. José González Pisón, según consta en el folio 470 del Libro de Cabildos de 1788. Este elevó queja al Ayuntamiento, porque con 6.000 reales de alquiler, la Condesa de Alcudia lo quiso elevar a 18.000. La posada de la Academia se conoció más tarde como Posada del Caballo Blanco, por estar instalada en ella un teatro para aficionados, que llevaba aquella denominación.

Al objeto de ampliar el edificio, el Ayuntamiento adquirió a fines de 1861 la Academia, que era contigua, y posteriormente la posada, parte de cuyo solar fue destinado a vía pública. Finalizaron las obras en 1864.


Observatorio.

Bajo la dependencia de la Academia de Guardias Marinas, existía un observatorio cuyo fin principal era servir de práctica a los cadetes. El establecimiento tiene su origen en una carta que el 26 de diciembre de 1749 dirigió desde Londres, Jorge Juan, que entonces era alférez de la Real Compañía, al Marqués de la Ensenada. Entre otras cosas, decía: Cuando vaya a Cádiz, sin causar mucho gasto formaré un observatorio, que hallará ya hecho Mr. Godin cuando venga, el que podrá gobernar, y en el cual no sólo aprenderán los guardiamarinas, sino muchos aficionados de Cádiz, tanto la Astronomía como la Mecánica y otras cosas, con los cuales darán crédito a una nación que merece muy bien tenerle. Es en este año de 1749 cuando se inicia en Marina la época del oficial científico, por los conocimientos de Rodrigo de Urrutia, Jorge Juan y Antonio de Ulloa.

El 13 de septiembre de 1751 fue nombrado Jorge Juan, capitán de la Compañía. Como teniente y alférez de la misma figuraban, respectivamente, Antonio de Ulloa y José Mazarredo. Vicente Tofiño y el académico francés Luis Godin, formaban parte del cuadro de profesores de la Academia.

Los primeros instrumentos fueron adquiridos por Jorge Juan en Londres. Aspiraba a que la Academia fuese una institución modelo y el Observatorio un centro de investigación astronómica. Entre los instrumentos que se trajeron -los más preciados y costosos de su tiempo- figuraba un mural muy apreciable, construido por Juan Bird. Más adelante, en un escrito de 19 de diciembre de 1788, diría con referencia a ellos: Ni el quinto de los Observatorios extranjeros, puede compararse al nuestro en el sentido de los instrumentos, y el Rey tiene un tesoro en este género.

Se emplazó el Observatorio en el Torreón del Castillo de la Villa, conocido como Castillo Viejo o de la Pólvora, situado en el final de la calle Misericordia -después de San Juan de Dios-, en el lugar que hoy se halla una guardería infantil, contigua al Arco de los Blancos. Por la citada calle se apreciaban no hace muchos años las rocas sobre las que se levantó el castillo con un torreón cuadrado y un cubo. Por su color terrizo de piedra, albero y calamocha destacaba sobre las edificaciones próximas, constituyendo uno de los rasgos mas notables del Cádiz antiguo.

Vicente Tofiño, explica así, la instalación del Observatorio en el torreón del castillo: La pieza destinada para las observaciones astronómicas es una sala que tiene once varas y media en el cuadro, y está formada sobre la espesa y fuerte bóveda de un torreón antiguo, cuya construcción y figura, dan bastantes señas de ser obra de los romanos. La anchura de sus muros y firmeza de sus cimientos hacen de este edificio uno de los más sólidos de Cádiz. Los cuatro ángulos del Observatorio se dirigen a los cuatro puntos cardinales y por la parte del Sur se descubre el horizonte de la mar, que está regularmente limpio y claro, por la bondad del clima y bella situación de Cádiz.

En troneras y tragaluces se hicieron los necesarios huecos, que ocuparon los aparatos propios de la astronomía. Los oficiales y guardiamarinas efectuaban ensayos prácticos, como el que hicieron desplazándose con el maestro Luis Godin, a Trujillo, para observar el eclipse de sol que tendría lugar el 26 de octubre de 1753, con el fin de fijar la longitud de la ciudad, comparando la observación con la que habían de hacer los astrónomos en París y Lisboa.

Adolfo de Castro, historiador de Cádiz, en 1858 decía con referencia al Observatorio lo siguiente: Jorge Juan, fundó en Cádiz, el Observatorio Astronómico en el castillo de los Guardias Marinas, llamado en otro tiempo de la villa del que hoy sólo se conserva el solar, y del que mañana apenas se conservará la memoria.

Veamos lo que fue del castillo, una vez verificado el traslado del Departamento en 1769. A finales de 1770, por haber aumentado la guarnición de Cádiz, es habilitado de cuartel. En este año también se habían alojado en él las tropas de la expedición de Ceballos a Brasil. En 1792 se trató de establecer la cárcel en el Castillo, acordando el Ayuntamiento, el 22 de mayo de dicho año, que por ser monumento antiguo, no debía cambiársele de forma. El intento fue ocasionado al derribarse la Cárcel Real, contigua a la Capilla del Pópulo.

El 24 de agosto de 1795, ante el escribano D. Cristóbal González Téllez, se formalizó su venta al vecino de la Isla de León D. Manuel González Pedreño, quien lo tuvo cerrado mucho tiempo sin efectuar obra alguna. En 1847 fue demolido y más tarde, en 1864, con el solar más reducido por reformas municipales, se terminó de edificar, el 7 de julio de 1872, un asilo para niños, actualmente Guardería Gaditana de la Infancia y Clínica Municipal.

El terreno escogido en la Isla de León para emplazar el nuevo Observatorio, fue el conocido por «Pago o Cerro de Torrealta», colocándose la primera piedra el 3 de octubre de 1793.

En tanto no iniciara sus actividades el nuevo Observatorio, el taller de relojería funcionaba en la Academia de Guardias Marinas de la Isla de León, a donde se había trasladado el existente en el barrio del Pópulo.

(Continúa el próximo número)







 

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