Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2000 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Acabo de regresar del chalé tras unas vacaciones que he prolongado durante todo septiembre. Apenas llevo en casa, reincorporado a mi habitual quehacer y entrega, cinco o seis días. Pero me ha proporcionado mi vuelta a Valencia la grata sorpresa de hallar en mi buzón la revista «Arena y Cal» con un contenido que, como siempre, me he bebido más que leído.

Y una cosa ha traído otra. Tener entre mis manos la revista y ver ciertas ilustraciones (con esas tan envidiadas tertulias presididas por Alfonso Estudillo Calderón), en las que aparece quien las dirige, al igual que la revista, ha despertado en mí, una vez más, pero ahora con mayor fuerza que nunca, una morriña nostálgica, un querer desdoblarse mi espíritu y verme ahí, en San Fernando, con todos y, especialmente, con Alfonso Estudillo.

A Alfonso Estudillo lo conocí en Calatayud, y dos veces coincidí con él allí, del modo más curioso. Creo que lo chocante de la coincidencia producida merece contarlo.

La Peña Taurina «Litri», de Calatayud, convocaba y creo que sigue en ello, unos premios literarios de narrativa y poesía sobre temas de toros y toreo.

Corría el año 1992, Alfonso, obtuvo el premio de narrativa con su relato, estupendo, como todo lo suyo, «Malaleche». Yo, alcancé el de poesía con «El natural». Allí, en la entrega de premios y la cena subsiguiente (nos sentamos juntos), conocí a Alfonso Estudillo y estimo que congeniamos desde el principio con verdadero afecto por ambas partes.

En 1993, se cambiaron las tornas. Yo fui premiado por mi cuento «El maera», y Alfonso logró el premio de poesía con su «Tríptico de sonetos para un toro bravo».

Volvimos a encontrarnos, volvimos a compartir triunfos y volvimos a cenar uno junto al otro. Fue mucho lo que charlamos y mucho más, todavía, lo que congeniamos nuevamente, porque, en verdad, Alfonso me demostró que era una persona excepcional y que se había convertido ya, para mí, en un amigo entero y sincero.

No hemos vuelto a vernos desde aquel 9 de septiembre de 1993, hace ya siete años. Pero, aun en la distancia, ha seguido su amistad, ha seguido nuestra mutua amistad, como sigue el contacto a través del sutil mundo de la literatura y de mis sueños y confesiones poéticas.

Me abrió luego, generosamente, las páginas de «Arena y Cal», y en ello estoy y confío en seguir.

Ahora, junto con el número de septiembre, recibo una sucinta nota suya pidiéndome «más material». Me apresto a hacerlo y a escribir esta «Viñeta para el recuerdo» añorando la presencia directa de Alfonso Estudillo Calderón, con el ferviente deseo de poder desplazarme alguna vez a San Fernando y leer para todos, en esas mágicas tertulias amicales, alguna pequeña muestra de mis ya sesenta y dos libros inéditos de poesía.

Mientras tanto, y con esa dudosa confianza (pero confianza al fin) me conformo con pergeñar a vuela pluma esta «Viñeta para el recuerdo» y desear larga vida a «Arena y Cal», con mi saludo a todos y para todos a través de Alfonso Estudillo Calderón.





 

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