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La fiesta resultó todo un éxito. El coro rociero era el más actual en el mundo del flamenco, en su género. Sus componentes, todos de la misma familia, se ganaban la vida actuando en fiestas particulares donde se celebraba algún acontecimiento. Donde quieran que acudían, eran bien retribuidos, que aparte de darles más prestigio y popularidad, hacía que pensaran en la posibilidad de grabar un «disco».

Comenzaron a buscar un representante que pusiese interés en ellos. Todos pensaron en el tío Miguel, ya que conocía muy bien ese mundo, que además de ser un gran «cantaor» de fama reconocida, estaba muy bien relacionado con personas, que a su vez, trataban con la «alta sociedad».

Sus comienzos..., ni él mismo se acordaba de cuándo, ni dónde. Sí recordaba muy bien que siendo muy niño, acompañaba a su padre cuando cantaba con su inigualable voz, y aún resonaban en sus oídos los largos aplausos con los que despedían sus actuaciones. En el mundo musical del flamenco era conocido como «Miguelito». Hablaron con el tío Miguel y le encantó la idea, pero al tener experiencia, les hizo ver que no seria tarea fácil, pero les prometió hacer cuanto estuviese en su mano. El grupo aún joven, puso toda la ilusión en ésta idea.

Desde ese día pusieron manos a la obra, aportando cada uno de ellos sus mejores sentimientos para, a ser posible, no tardase mucho en aparecer en el mercado dicho trabajo discográfico. El tío Miguel, veía casi una «quimera» llegar a buen puerto con esa idea, ¿Pero qué trabajo le costaba echarles una manita? Comenzó llamando a su compadre, que mucho tenía que agradecerle. No se le habría olvidado, «suponía», todo lo que le ayudó cuando su chiquillo se cayó por la escalera, y él había corrido con todos los gastos que supuso su recuperación. Una vez explicado con detalle el motivo de su llamada, su compadre, encontrándose en la cúspide de su carrera de «cantaor», le contestó que haría cuanto pudiese en ayudarles.

A continuación llamó a su amigo del alma, Sebastián, ¿Cuántas veces actuaron juntos cosechando verdaderos éxitos, dándose a conocer mundialmente? Aún recordaría la gira por Japón y el incidente en la Aduana, cuando lo detuvieron por creer las autoridades que su Pasaporte no se encontraba en regla, y él llamó a la Embajada Española, aclarándose todo, incluso por escrito le pidieron disculpas por el error llevado a cabo por el Funcionario del Estado. En su casa, enmarcado, lo lucía en una pared. Al igual que su compadre, le contestó que haría cuanto estuviese en su mano. Seguidamente, llamó a su casa discográfica exponiendo lo mismo que en las dos llamadas anteriores, contestándole que lo tendrían en cuenta, ya que les había hecho ganar mucho dinero con las ventas de sus «discos» y eso no lo podían olvidar. Incluso llamó a una Dama de la alta sociedad, ante la cual había actuado en numerosas ocasiones, contestando su secretaria que lo tendría muy presente al comunicarse con dicha Sra., pero no podía garantizarle el resultado por hallarse muy ocupada. Así hasta que por fin no encontró a quién llamar, estando muy seguro de recibir alguna contestación por parte de alguien.

Pasaron semanas, meses, incluso años sin recibir la menor contestación, por lo que esa idea se les fue borrando de la mente, en vista del poco resultado de las gestiones hechas por el tío Miguel. Siguieron actuando como siempre en círculos íntimos, en fiestas familiares, cambiando un poco su estilo, ya no formaban un «coro rociero», ahora cantaban de todo un poco. De aquello no se volvió a hablar. El tío Miguel esperaba alguna respuesta, pero al transcurrir el tiempo y comprobar que nadie se dignaba contestar, (algunos es que no podían por haber fallecido), se sumió en una profunda tristeza, pues fueron muchos desengaños juntos.

Cuando murió en Paz, todos o casi todos los periódicos, se hicieron eco de la noticia; todos o casi todos sus amigos, le acompañaron a su última morada, deshaciéndose en elogios acerca de él, como persona y «cantaor». Su casa discográfica puso en el mercado una recopilación de sus mejores obras, y fue cuando se acordaron de su petición, hasta entonces olvidada, pero con motivo de su fallecimiento lanzarían al mercado, a Bombo y Platillo, los trabajos del grupo flamenco «Triana Pura», todos en la tercera edad, sin ser por ello menos desenfadado.

Como la firma discográfica tenía la seguridad que resultaría un éxito, por estar avalados por el tío Miguel, les comunicó que grabarían lo que ellos quisiesen. El resultado es conocido por todos, pero sólo ellos sabían qué le pasaba al «probe Migué» allá solo en la montaña. Ahora lo sabemos unos cuantos.






 

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