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Rincón de la Poesía

Rosa Daniel Riu Maraval
San Cugat del Vallés



  



 


Y AÚN NO ES EL OTOÑO
«A Tere Márquez»

Y aún no es el otoño
y ya empezamos a ser recuerdo sólo
y extinguimos las nubes y las frentes
y empalidecemos las presencias
y descendemos a esas playas
donde los horizontes se han desparramado
a la espera de una señal inalcanzada.
Y ahora todo se desliza, 
se desliza suave, muy silenciosamente, 
hacia un desconocido adentro 
acogedor de rostros vaciados, de jamases, 
de paredes cruelmente destruidas, 
de deseos transidos, de daños ya no hirientes; 
y allá, 
en ese fondo profundo de los fondos 
la terrible amalgama se aposenta.
Y llevo estrellas en los hombros
-son tantas las noches contempladas-
y heridas de estancias,
y las plantas se han endurecido
al andar por las sendas
en busca de brisas que limiten 
la inmensidad de lo desconocido.
Y la palabra se deshace 
como una nieve blanda 
que transcurrente gotea y agoniza 
cubierta por un silencio resignado, 
y ni la lengua tiembla, ni estremece, 
estática se esconde
entre saliva y diente.
Se ha perdido el azar, 
y somos estatuas sin secreto
sin magia o bruma que nos cubra.
Y aún no es el otoño,
y las hojas van cayendo
inexplicablemente verdes
y encubren mi cuerpo
y lo atavían
con una vestidura sempiterna.
Y aflije esa lámpara imprecisa 
única luz de iluminar temblante, 
que ya no cobija mariposas 
ni señala distancias.
Y el sosiego insiste
y aquieta a la voz fuerte,
y enluta las blancuras,
y aísla a los erguidos,
y nos funde y nos pierde en los espacios
eternos custodios del letargo.
¡Y me vienes aquí,
y si me llegas
y me revelas claridades
y disuelves lo inmóvil
y rehaces
y cuentas cosas no nuevas, sí existentes!
y es que tu labio es fresco en el relato
y no sabe engañar amaneceres.
Y vuelvo a comprenderme, 
y sé nuevamente 
porque el beso es cierto 
y deseante y frágil, 
el porqué los chopos 
se arquean con el viento
en esa eterna sumisión hacia la tierra, 
porqué los asedios no perduran, 
porque hay resplandores
que no siempre llegan de los cielos, 
porqué las estaciones vuelven 
una y otra vez y son distintas, 
el porqué si hay esperas sin angustia.
Y juntos
-recién abiertas las ventanas-
me retornan, entran, se aposentan todos,
los símbolos, los signos, los presagios
y esos destinos idos no alcanzados.










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