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El 15 de noviembre de 1769 se establece la Academia de Guardias Marinas en la Casa del Sacramento o de la Reina de la Isla de León. Esta mudanza fue del agrado de los profesores del centro, que deseaban apartar a los cadetes de las excesivas distracciones de la bulliciosa ciudad gaditana. Se hallaba situada en la barriada del Sacramento, en la prolongación de la actual calle Manuel Arriaga, detrás del amplio edificio que la Compañía de María tiene en la calle Real.

Todavía por los años setenta, al cabo de un siglo, se conservaba en estado ruinoso la casa. Una vez abandonada por los cadetes, la Casa del Sacramento, sirvió durante muchos años de vivienda a familias modestas, y al final, dado su estado de inhabitabilidad, fue abandonada. En estas condiciones, aún podía contemplarse lo que había sido el patio de instrucción de los alumnos y el artesonado de paredes y techumbres. Disponía de sala de armas, museo desde 1774 y una extensa biblioteca. Posteriormente fue demolido sin que se alzara una sola voz en defensa de su conservación. En el Archivo de Simancas se conservan los planos de las obras que se efectuaron en la mencionada finca para acondicionarla como Academia. Uno de ellos, el trazado por D. Tomás Canelas de la Torre, capitán de Infantería excedente y maestro de Fortificación y Dibujo de la Academia, describe los tres pisos del inmueble y la distribución de los distintos servicios así como la vivienda del capitán-comandante. Esta casa había sido elegida después de haberse comprobado que reunía mayor número de requisitos de los que el Ministerio había indicado. Debía tener un centro de instrucción naval, según acredita una carta que el 16 de abril de 1769 dirigió el entonces capitán de la Compañía de Guardias Marinas D. Antonio Possada al Marqués de la Victoria, que decía: Excmo. Sr.: Recibí la de V. E. de ayer en la que se sirve decirme lo resuelto por S. M. tocante a los inconvenientes que se notan en las casas destinadas en la Isla de León para academia y cuartel de Guardias Marinas, de lo que quedo prevenido.

Las Ordenanzas de 1793, referentes a los guardiamarinas, decían: Cuando falten oficiales de guerra de la dotación de un barco, recaiga el mando en el brigadier, subrigadier o el guardiamarina más antiguo con preferencia a los pilotos, sargentos, condestables o contramaestres con consideración de oficiales, pero como puede faltarles experiencia, los antedichos les pueden advertir en lo correspondiente a sus ejercicios.

A la promoción de 1791 se incorporaron 171 alumnos procedentes de Ultramar -ya citados-, y por Real Orden de 8 de abril de 1794, 22 guardiamarinas franceses de las dotaciones del navío La Ferme, fragata Calipso, y corbeta Marechal de Castries fueron agregados a las Academias, por hallarse en desacuerdo con la revolución que azotaba su país. Muchos de ellos serían el tronco de varias generaciones de marinos de guerra de nuestra patria.


Academias de Ferrol y Cartagena.

El intendente D. Manuel A. Flores propuso en 1774 la creación en Cartagena de una academia profesional para ingenieros hábiles para la Marina, lo que aprovecharía a los cadetes de Cádiz para comprender mejor las lecciones teóricas, pero la propuesta no plasmó en nada concreto.

El 31 de enero de 1776 se proyecta establecer una Compañía de Guardias Marinas en Ferrol y Cartagena, lo que se determina el 13 de agosto del mismo año. El director de la de Cádiz, así como el primer maestro, tenían en un principio categoría de jefe de escuadra. Los directores de las de Ferrol y Cartagena eran capitanes de navío y estaban subordinados a la Academia de Cádiz, cuyo director se denominaba capitán-comandante. Asimismo, los puestos de teniente, alférez y ayudantes de las dos nuevas Compañías tenían por lo general un grado inferior a los similares de la Real Compañía gaditana. El número de profesores o maestros de las distintas enseñanzas, por lo regular era de diez. En el aula de construcción de naves había un modelo completo de cada tipo de buque, fabricado de tal manera que pudiesen separarse todas sus partes en piezas numeradas, con sus nombres y proporciones, que el profesor explicaba una por una. Cada día se colocaban en su lugar únicamente las piezas que correspondían a cada lección. De esta forma los alumnos aprendían todas las partes que componían el casco, su nombre, situación y cometido.

El 21 de octubre de 1776 se nombra primer maestro de Cartagena a Jacinto Ceutí, procedente de artillería del Ejército, y el 23 de diciembre siguiente a Cipriano Vimercati, para el mismo puesto en Ferrol. Vimercati ocupaba a la sazón el puesto de primer profesor de la Academia de Artillería de Segovia y poseía profundos conocimientos en historia de la arquitectura naval. El 3 de marzo de 1777 es nombrado segundo maestro de Ferrol Domingo Marcell, procedente del Seminario de Nobles de Madrid.

El 25 de febrero de 1777 se dispone que 120 guardiamarinas formarán la primera promoción de las dos nuevas Academias. Los 60 de la de Ferrol embarcaron en Cádiz a bordo del navío San Miguel, a cargo de Francisco Javier Winthuysen Pineda, y los 60 de la de Cartagena, a cargo de José Mazarredo, embarcaron en los navíos San Eugenio y Vencedor.
Los cadetes de la Compañía de Ferrol, entonces bajo el mando del capitán de navío Francisco Gil de Lemos, fueron alojados provisionalmente en el viejo cuartel de batallones de Esteiro. En 1788 se inició la construcción de un nuevo cuartel en el campo de San Roque, en el solar donde había existido un cuartel para las brigadas de Artillería. En este lugar se instalaría posteriormente el parque municipal de Eduardo Ballester.

Las obras sufrieron muchas paralizaciones por dificultades económicas, hasta que una Real Orden firmada en San Lorenzo del Escorial el 26 de diciembre de 1795, disponía su supresión por no ser un gasto necesario. Los trabajos se suspendieron el 16 de enero siguiente, cuando las obras se hallaban muy adelantadas. Debido al abandono en que se encontraba el edificio, los materiales se fueron deteriorando, siendo aprovechado el que se hallaba en buen estado, para nuevas construcciones. Mientras se construía el nuevo cuartel, se había apreciado que las torres del próximo convento de San Francisco podían obstaculizar la visión de los trabajos de prácticas que los cadetes habían de efectuar en el Observatorio, sito en el cuartel como una dependencia del mismo, por lo que las torres se construyeron más bajas de lo previsto.

Mientras tanto los guardiamarinas continuaban mal alojados en el viejo cuartel de Esteiro. El Observatorio con el que contaban en éste, se instaló en 1785; no reunía las condiciones adecuadas y estaba dotado de escasos instrumentos. Sin embargo fue de utilidad para instruir a los cadetes en los principios de la astronomía práctica en sus relaciones con la navegación.

Los cadetes de Cartagena, bajo el mando del capitán de navío Domingo Navas, se instalaron en 1777 en una casa que había sido propiedad del asentista D. Pedro Berjes, sita en la plaza de San Agustín. Por quiebra de su propietario, el inmueble pasó a la Hacienda, según una Real Orden de 15 de octubre de 1767. El Observatorio para práctica de los alumnos formaba parte de dicha finca.

Al objeto de erigir un cuartel de guardiamarinas más adecuado, el arquitecto Juan Villanueva trazó un plano para un nuevo edificio en la Muralla del Mar, que el capitán de la Compañía Domingo Navas, previa aprobación del comandante de Guardias Marinas José Mazarredo, remitió al Rey el 3 de julio de 1788. Bajo la dirección del arquitecto Simón Ferrer se inician las obras el 25 de agosto de 1789. Por diversas circunstancias, abundando las dificultades económicas, las obras sufrieron varias dilaciones, quedando definitivamente instalada la Academia en septiembre de 1810. El edificio contaba con una torre central que formaba parte del Observatorio de prácticas, y que sería casi destruida en la guerra 1936-1939, siendo posteriormente restaurada.

La creación de las Academias de Ferrol y Cartagena suscitaron criterios contrapuestos en lo referente a su utilidad. Unos decían que realzaban la importancia de los Departamentos, así como facilitaban el ingreso de nuevos futuros oficiales, mientras otros argüían que su creación había sido costosa, inútil y mal entendida, pues ocasionaban triplicados gastos de cuarteles, academias, observatorios, así como exceso de plantillas de oficiales, maestros, músicos y personal auxiliar. Añadían estos últimos: Si los guardiamarinas hasta 1776 -época de prosperidad de la Marina- se formaban en una sola academia, al igual que los cadetes de Artillería en el Colegio de Segovia, ¿a qué venía esa desacertada división que sólo ocasionaba gastos a la Hacienda? Al fin prosperó el segundo criterio, acordándose suprimir las Academias de Ferrol y Cartagena por resultar gravosas y superfluas, conservándose sólo la de Cádiz y proponiéndose que en ésta se formasen 100 ó 120 cadetes. La clausura de ambos centros se dispuso por Real Orden de 26 de septiembre de 1824.

(Continúa el próximo número)







 

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