Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Cuántas veces te preguntas el porqué ha tenido que ser esa mujer la señal esperada para iluminar un camino que desde ese preciso instante has dejado de andar en solitario. Y en cuántas ocasiones has puesto en duda tu decisión de caminar con ella considerando que cualquier jardín, próximo o lejano, pudiera tener la flor con la que llenar tus nuevos ideales de belleza, la misma que se convierte en reclamo para la justificación de prolongar esa quimera un día más, alimentar una fantasía sin ninguna confianza por mantener siempre fresca esa otra flor que con cada recuerdo se marchita.

Durante cuántas noches, en silencio, has ido levantando ese país imaginario donde todo surge a golpe de unos deseos egoístas y caprichosos, donde tu compañera real es descalificada y anulada por 105 dictados hipnóticos de la más efímera posesión. Y los silencios acusadores que incapaces de aceptar la propia contradicción, juzgan y condenan a la otra persona que siente como un pequeño muro de ingratitud comienza a levantarse ante ella. Esos mismos silencios que buscan el cobijo del ruido en otros lugares, donde en el fondo sabes que sólo son la tapadera de vacíos inmensos, de soledades egoístas entre egoístas soledades.

Sin embargo, la ignorancia se rebela ante la luz del día y se enroca ante la posibilidad de reconocer la equivocación, ante la realidad de una convivencia rebosante de su mirada sincera. Esa inercia rutinaria que nos lleva a convertir la costumbre en bandera de nuestra falsa felicidad. Y como siempre, la mente, dispuesta a soplar en los rescoldos del desconocimiento, acude con las alforjas repletas de agravios y penalidades sufridas en el silencio cómplice del rencor y el reproche. Reproches guardados en los rincones de las sombras por temor a salir a la luz y dejar al descubierto la grandeza de esa mujer que con su presencia los transforma en sonrisa limpia y transparente.

Tanta contradicción, tantas idas y venidas en busca de algo que no se sabe, de alguien que tampoco sabe, de un saber al que le resultamos extraños, seres alocados arrastrados por instintos en busca de una mar tranquila donde poder descansar un solo instante, aun sabiendo que navegando en las aguas inestables de los instintos nunca tendremos una mar en calma. Descansar de tantos caminos empezados y no acabados, de tantas emociones ocultas y cambiadas de sitio. De infinidad de experiencias transformadas en miedos profundos. De abismales deudas contraídas a diestro y siniestro. De tantas y tantas guerras terminadas y victorias por conseguir. De un cansancio infinito, insondable.

Y justamente cuando has tocado fondo es el momento justo para que la realidad te ofrezca la oportunidad de llegar a lo más alto. Ahora sí te sientes como el Ave Fénix que, desintegrado en sus propias llamas, renace con las alas de la comprensión totalmente desplegadas, con la libertad de emprender el vuelo para terminar esa aventura que te ha llevado desde la individualidad más solitaria y dependiente de los demás, a la aceptación de la totalidad en cada uno de nosotros.

Realmente se experimenta una gran felicidad al compartir con esa mujer real este descubrimiento mágico que, con su energía, es capaz de poner a cero el contador de las derrotas y las soledades. Y por fin las luces de este nuevo día que te ofrece la oportunidad de realizar tus sueños más celestiales aquí en la tierra y a su lado.

Toda la Humanidad espera tu decisión y todo el Mundo es cómplice de una historia que ahora mismo acaba de comenzar.

Cuántos caminos dejados por andar, impulsados por la contradicción permanente insolidaria con tu propia humanidad, que anhela la serenidad del silencio para comprender al próximo que contigo forman puntos de un círculo que ingrávido en el espacio se une a todas las estrellas, a todos los planetas de los Mundos.

Darse la oportunidad de redescubrir al ser humano que está a tu lado que en silencio espera el renacer de un alma noble y sensible capaz de transmitir la felicidad que habita en su interior.





 

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