Manoli Reyes Barroso
San Fernando

 

 

HOMENAJE A MIS DOS ROSAS


 
Dos rosas llevo en mi corazón prendidas 
una era tu madre, la otra, la madre mía.

La primera rosa, la más querida, 
mi madre, el Señor me la otorgó 
chiquita pero bonita, con un corazón 
que en su pecho no le cabía.

Y en su cara se reflejaba una bondad infinita.
Con el paso de los años 
y los golpes de la vida 
le fueron saliendo sus canas, 
no por eso perdió ella su alegría.

Cuando por la noche, ella de mí se despedía 
al darme un beso yo sentía
su cara como la seda,
su fragancia a gloria divina,
y yo le decía, hasta mañana, madrecita mía.

Mi segunda rosa, no lo fue menos, 
era la madre de mi marido.
Ella me dio su tesoro más preciado, su hijo, 
mi compañero, el padre de mis hijos, 
el hombre que yo más quiero.

A ella no le gustaba
que suegra se la llamara,
pues, bien decía que mala fama tenía,
y la verdad es que ella no se lo merecía.
Porque al quererme tanto, 
tanto como me quería, 
la llevo en mi corazón, 
igual que a la madre mía.