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La libertad de cultos es síntoma de apertura mental y de tolerancia. Por fin, el nuestro, es un país desarrollado que contribuirá al crecimiento del planeta, y todo el universo nos lo habrá de agradecer.

Hoy, sentada aquí junto a mi teléfono móvil, esperando una llamada física después de haber recibido la llamada divina, proclamo públicamente que soy fiel adepta de “La Asamblea Cósmica Celular del GSM”. Mi lugar de encuentro con tan elevado auspicio fue el Retiro de Madrid, y la fecha de mi Divina Iniciación, el día del comienzo de la primavera, hace exactamente tres jornadas. Doy gracias al Comandante de la Electromagnesis Crística, a su Arcángel Móvil y al cuerpo sutil de Mercurio por permitir en mi vida tan crucial evento.

Hace tres días, junto al estanque del Retiro, me encontré con el hermano Pedro, que luego me explicaría que llevábamos eones buscándonos a través de vidas. Él hace allí su callada labor de apostolado cada tarde, bajo la quietud mímica del disfraz intergaláctico que habréis visto muchos de los que transitáis el parque. El Apóstol Pedro, el Cósmico (que así me dijo que lo llaman en la Asamblea para distinguirlo del antiguo Apóstol de Jesucristo), es el mimo del uniforme plateado que se pone junto al estanque, frente al kiosco de patatas fritas; ese que durante horas, sin moverse un ápice, sujeta contra la oreja un teléfono móvil de cierta compañía que no menciono por no hacer publicidad proselitista.

Era la caída de la tarde y comenzaba a refrescar. El corrillo de gente que contemplaba al inmutable hermano Pedro comenzó a dispersarse. Sólo yo me quedé allí mientras me acababa la bolsa de patatas fritas y contemplaba la inmóvil y muda conversación del mimo con su teléfono celular. Mi intuición de buscadora nata de la verdad me obligó a no moverme de aquel sitio. Ahora reconozco que percibía -aún sin saberlo- la primera radiación divina de la electromagnesis cósmica.

El hermano Pedro finalmente se movió; me miró de reojo, apartó con solemnidad el móvil y lo posó levemente sobre su entrecejo, ritual que duró varios segundos. A continuación se inclinó y con sumo cuidado guardó el teléfono en una mochila marrón que había en el suelo.

-Buenas tardes, hermana -me dijo sonriendo, mientras recogía las monedas que había sobre un paño tachonado de estrellitas descoloridas.

No recuerdo bien cómo se desarrolló la conversación, porque esos momentos se pierden entre mi anodina existencia anterior y mi renacimiento a la vida verdadera. Sólo sé que acabamos en el piso que el hermano Pedro tiene en Malasaña, y hablamos y hablamos, hasta que la mañana despuntó. Durante la noche me reveló grandes secretos sobre el cometido que tiene en la tierra «La Asamblea Cósmica Celular del GSM». Su labor es la de enseñar a los elegidos a conectar con el cuerpo sutil del sabio Mercurio, que envía instrucciones telepáticas de armonía y de paz para salvar la tierra a través de las ondas de baja frecuencia de la telefonía móvil. (Madre mía…¡Pero con cuánta ignorancia vivimos!)

La máxima autoridad de la Asamblea en este planeta es el Comandante de la Electromagnesis Cósmica. Al Comandante lo conocí por la mañana, nos lo encontramos en el rellano de la escalera cuando nos estábamos despidiendo. Resultó ser el vecino de arriba y era un señor bajito, con gafas, que llevaba en la mano una ristra de churros. Reconozco con vergüenza que al primer golpe de vista no supe reconocer su elevada talla interior. El hermano Pedro me lo presentó contándole lo de mi «Iniciación» en la Asamblea, y el Comandante respondió con una carcajada redundante. Mientras iba subiendo las escaleras, aún llorando de la risa, el hermano Pedro me explicó que el humor era la mayor muestra de nivel espiritual.

Entiendo que al principio todo esto puede resultar extraño, pero cuando uno se vuelve un canal de radiación divina, creedme que todo encaja perfectamente. Yo me volví canal aquella noche, entre las sábanas de lino reciclado del hermano Pedro, hipnotizada por su mirada de éxtasis y sacudida por sus ondas de pasión divina. Antes de iniciarme en tan bello camino espiritual, el hermano Pedro me habló de las señales que van más allá del mundo de las apariencias. Me explicó que su labor como mimo inmóvil, con su móvil a cuestas, no es más que una señal que ofrece al mundo para que los elegidos capten el mensaje de la dualidad móvil-inmóvil, luz-oscuridad, sabiduría-ignorancia. Mientras con una mano me desabrochaba hábilmente la blusa dispuesto a emprender el rito sexual de Iniciación, con la otra mano tomó su teléfono móvil y, pulsando una sola tecla, llamó a su novia en el plano físico para decirle que le disculpara y que llegaría una hora tarde. Eso le puede parecer que hacía a una mente impura, anclada en el mundo de las apariencias.

En realidad, según me contó, mientras realizaba una llamada que bien podría traducirse como mundana, la realidad última era que estaba conectando telepáticamente con Mercurio a través del móvil para decirle que en una hora habría una nueva Iniciada.

Llevo tres días esperando a que llame, deseando oír de nuevo la voz del hermano Pedro, está vez a través de las ondas electromagnéticas. Le he rezado a mi móvil incontables veces, lo he puesto cada noche en el cargador (como Pedro me enseñó) en el centro de un triángulo formado por tres velas blancas, y he realizado tantas veces el ritual de ponérmelo en el entrecejo que ya casi tengo la marca del tercer ojo.

Él me dijo que me llamaría cuando el Arcángel Móvil le diera instrucciones para hacerlo.

(Cuándo será eso…).






 

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