María J. Calandria
Madrid

 

 

EL VELO QUE NOS SEPARA

 
No hay grito que no contenga
un ápice de amor dormido
bajo el estruendo
vacío de una queja.
No hay mirada airada
que entre nosotros surja
y que no tenga
un brillo de amor
ahí en el fondo,
donde el reproche
se avergüenza y calla.

El amor a veces
resurge, despierto,
y con su mano de pluma
-tinta de sueño-
retira el velo de dolor
que nos separa.

Por nuestra piel escribe versos
con las letras transparentes
de su savia,
y nos vuelve amantes desnudos
de rencores y de miedos,
acicalando recuerdos
que nos sirvan hoy
para llenar la memoria
vacía de mañana.
 
Nunca ya escribe el amor
sobre folios nuevos;
nos mantiene de las sobras
de siembras de otros siglos
y el hambre de presente
nos devora en la ira
de deseos incumplidos.

Pero el amor no ha muerto
aún, y aún nos vive
tras el velo ennegrecido
que a veces se retira
desde donde siempre
nos separa.