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EL VELO QUE NOS SEPARA
No hay grito que no contenga
un ápice de amor dormido
bajo el estruendo
vacío de una queja.
No hay mirada airada
que entre nosotros surja
y que no tenga
un brillo de amor
ahí en el fondo,
donde el reproche
se avergüenza y calla.
El amor a veces
resurge, despierto,
y con su mano de pluma
-tinta de sueño-
retira el velo de dolor
que nos separa.
Por nuestra piel escribe versos
con las letras transparentes
de su savia,
y nos vuelve amantes desnudos
de rencores y de miedos,
acicalando recuerdos
que nos sirvan hoy
para llenar la memoria
vacía de mañana.
Nunca ya escribe el amor
sobre folios nuevos;
nos mantiene de las sobras
de siembras de otros siglos
y el hambre de presente
nos devora en la ira
de deseos incumplidos.
Pero el amor no ha muerto
aún, y aún nos vive
tras el velo ennegrecido
que a veces se retira
desde donde siempre
nos separa.
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