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HAY ALGO QUE NOS PASA INADVERTIDO
Hay algo que nos pasa inadvertido,
algo que nos transita y que no vemos.
Borges lo llama «Aleph», y los sencillos
le llamamos misterio.
Hay algo prodigioso, cuando el sabio
entrega el universo convertido
en silla de montar. Los experimentales
en sus laboratorios blanquecinos,
el místico en su celda, el negro en paroxismo
y la mujer de parto, y el viejo de los cuentos
de los fantasmas provincianos,
y todo aquel que despertó una noche
creyendo en lo que había dudado mucho tiempo
sabe que existe un lado intransitable
de donde surge el estremecimiento.
El asombro fue siempre patrimonio del hombre.
Comenzó en una chispa su gran descubrimiento.
Después, el mar inmóvil y monstruoso.
Junto a su pavorosa mancha negra
asustados y tímidos, los hombres
echaban a volar las conjeturas
como petreles, a los vientos.
Y -ya habéis-, fueron doblando espumas
y deshojando mitos marineros:
El sueño de la isla sumergida
que algunos descubrieron,
la utópica cosecha redoblada,
las serpientes, los monstruos, el coral
de los sargazos sanguinolentos.
Todo fue para el hombre, Sí, del hombre
que hace la historia con sus huesos
móviles y sonoros, paso a paso
por los caminos descubiertos.
Ayer el mar, hoy quedan las galaxias,
la patria azul del firmamento.
A lomos de los mismos corceles de esperanza,
va el hombre hacia el secreto.
Pero alguien canta mientras tanto
desolado y profético.
Como desde el principio, desde el ave
primera que rompió el primer silencio.
No esperan su equipaje en los navíos,
nadie cuenta con él para el proyecto.
Sus naves interiores atraviesan
un inútil camino sin regreso.
Alguien queda en la tierra olfateando
los astros y los vientos.
Solo adivina. Vive
por cada vivo y muere en cada muerto.
Está cerca de Dios más que ninguno.
Con más miedo que nadie,
con más miedo...
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