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Un Real Decreto de Isabel II de 18 de septiembre de 1844, siendo ministro de Marina el jefe de escuadra D. Francisco Armero y Peñaranda, Marqués del Nervión, establece en la población de San Carlos del Departamento Marítimo de Cádiz, el Colegio Naval Militar. El edificio de la antigua Intendencia en que se instaló constaba de tres plantas. En la baja se hallaba la capilla, sala de recibo, sala de esgrima y baile, comedor, cocina, casa del alcalde de la población militar y de subalternos. En la primera estaban la dirección, administración, biblioteca, sala de juntas y alojamiento de los aspirantes. En la segunda se encontraban la enfermería, las habitaciones de los capellanes y las aulas.

La autoridad principal del centro, en calidad de inspector, era el director general de la Armada, y subinspector, el capitán o comandante general del Departamento Marítimo de Cádiz (Por R. D. de 21 de diciembre de 1875 fueron delegadas en el capitán general del Departamento de Cádiz las facultades concedidas hasta entonces al director general de la Armada).

El jefe a cuyo cargo estaba el Colegio debía ser brigadier o capitán de navío, con el título de director o primer jefe. Había además un capitán de navío o de fragata, subdirector o segundo jefe; un capitán de fragata tercer jefe, encargado del detall; cinco ayudantes -tres tenientes de navío y dos capitanes de Artillería-, un teniente de navío secretario, archivero y bibliotecario; un oficial del Cuerpo Administrativo, un médico cirujano; dos capellanes; un jefe de estudios; siete profesores de matemáticas y otros de física, química, dibujo, construcción, maniobra, francés, inglés, esgrima, gimnasia, natación y baile. Las clases de maniobra las impartía el conserje.

El uniforme de los aspirantes, a los que se concedieron los cordones de guardiamarinas, se componía de casaca sin galones en los cantos y un anda en el cuello; levita y casaquilla corta; sable corto, sombrero apuntado sin galón y pantalón blanco o azul, según la estación.

Formaban cuatro brigadas con sus correspondientes brigadieres y subrigadieres. Los primeros llevaban dos galones, cada uno de la mitad del ancho de los asignados al uniforme del Cuerpo General, colocados diagonalmente sobre la manga. Los subrigadieres llevaban uno en la misma disposición. Estos galones los llevaban tanto en la levita como en la chaqueta. En 26 de enero de 1847 se dispuso la supresión de la casaquilla corta.

Los aspirantes gozaban de los privilegios de los guardiamarinas. El Colegio en bloque se denominaba Compañía. Sólo formaba sobre las armas en el caso de que el Monarca o algún miembro de la Real Casa hubiese de entrar en el centro, así como por visita del ministro o capitán general. La Compañía no rendía honores sino al capitán general del Departamento y al director. Si la autoridad principal del Departamento ostentaba categoría inferior a la de teniente general, y entraba en el recinto, los aspirantes le recibían en formación sin armas.

El llamado baluarte, construido en el Colegio para instrucción de los aspirantes, se inauguró en 9 de noviembre de 1846 con un saludo al cañón, tras el desfile de las tropas de batallones en el terreno contiguo conocido por llano del Cuartel, al objeto de solemnizar las bodas de Isabel II y de su hermana la Infanta María Luisa.

El establecimiento del Colegio Naval aceleró la extinción del Cuerpo de Pilotos de la Armada, que había sido creado bajo el gobierno, régimen y estatutos de la Ordenanza Naval de 1748, en el reinado de Fernando VI. Durante un siglo fue un cuerpo muy nutrido de personal, decreciendo el ingreso en el mismo de tal forma que llegó a ser mínimo cuando se inauguró el Colegio de San Carlos. Una Real Orden de 23 de octubre de 1846 declaró a extinguir este cuerpo. De las tres categorías que lo formaban, los pertenecientes a la 1ª y 2ª ingresaron en el Cuerpo General con la antigüedad de sus nombramientos. Los de 3ª, una vez cumplidos ocho años de embarco en buques de guerra, sufrieron examen en el Colegio Naval de las materias exigidas a los guardiamarinas de 1ª clase, superado el cual, también se incorporaron al Cuerpo General. A los de 3ª clase suspendidos y a los meritorios sin desembarcar, se les concedió un plazo de seis meses para sufrir nuevo examen. Los que con esta oportunidad fueron desaprobados, cesaron en el servicio de la Armada con opción de recibir el nombramiento de pilotos particulares.

Desde la fecha de la extinción del cuerpo, a los alumnos de los Colegios de Pilotos de San Telmo de Sevilla y Málaga se les prohibió el ingreso en la Armada.

En enero de 1847 los libros, cartas y planos de las tres academias de pilotos pasaron a la biblioteca del Colegio Naval.

Cuando se iniciaron las obras del Panteón de Marinos Ilustres se construyeron dos capillas circulares a ambos lados de la iglesia central, destinadas a sacristía de la futura basílica. Una de ellas fue habilitada para capilla del Colegio Naval y estaba presidida por la imagen de la Virgen del Rosario, que había sido donada a D. Juan de Austria por los venecianos, para que la llevase a bordo de la galera real en la batalla de Lepanto. La imagen procedía de la cofradía de galeras del Hospital de San Juan de Letrán de Puerto Santa María. Había además un cáliz que tenía grabadas las armas del almirante.

La Real Orden de 10 de octubre de 1850 que disponía erigir el Panteón, decía al final: que aprovechando la proximidad al Colegio Naval, sería un templo en que el que el tal colegio recibiese digno ejemplo y retribuyese justo culto. El monumento era, pues, evidentemente, modelo y estímulo para los caballeros aspirantes que iniciaban su carrera junto a tan venerable lugar.

Sabido es que a los que optaban a plazas de guardiamarinas se les exigían cuarteles de nobleza. Esta exigencia fue suprimida en 1813 y restablecida al año siguiente. En 1820 vuelve a derogarse para ser restablecida en 1823, quedando definitivamente suprimida en 1834.

El 20 de diciembre de 1850 se ordenó que los documentos de nobleza que existían en los archivos de las antiguas Academias fuesen depositados en el Colegio Naval.

Para ingresar en el Colegio, además de justificar tener la edad exigida y de presentar certificación de robustez -o hallarse en buenas condiciones físicas-, había que acreditar la legitimidad y pureza de sangre, sin probanza nobiliaria alguna. La limpieza de sangre motivaba un expediente para probar que la familia del solicitante era considerada honrada por ambas líneas, sin que sobre ella nunca hubiese recaído nota que la infamase o envileciese, según las leyes vigentes.

Los solicitantes podían pedir la admisión desde la edad de ocho años, valorándose la antigüedad de las solicitudes. La edad de ingreso varió según los distintos reglamentos. Osciló entre los once y diecisiete años. Eran excepción los hijos de tenientes de navío, como grado mínimo, o de pertenecientes a los demás Cuerpos de la Armada o del Ejército, de tenientes coroneles para arriba, a los que se les solía rebajar un año en la edad mínima. A los que correspondiéndoles determinado turno por la lista, desearan anticipar el ingreso, también se les rebajaba la edad de entrada.

Existían ocho listas para inscribir a los agraciados, según el empleo y categoría de sus padres. La proporción era la siguiente: un 24 por 100 para hijos de miembros del Cuerpo General; un 2 por 100 para los del de Ingenieros de la Armada; un 8 por 100 para los de los demás Cuerpos; un 8 por 100 para los de los Cuerpos del Ejército; un 8 por 100 para los de otras carreras del Estado y un 42 por 100 para hijos de particulares. Había un número de plazas de gracia para los hijos de los oficiales de la Armada fallecidos en combate, naufragio o incendio y otro número variable de plazas supernumerarias, que eran de nombramiento real.

Los designados, previa presentación y admisión de los documentos exigidos, sufrían un examen consistente en doctrina cristiana, ortografía, aritmética, gramática, geografía, nociones de historia y de dibujo y traducción del francés e inglés. Los exámenes se verificaban en los meses de junio y diciembre. Los suspendidos que deseaban solicitar de nuevo, habían de pedir gracia para volver a ser incluidos en las listas. Los aprobados tenían que presentarse en el centro acompañados de su tutor.

Media docena de disposiciones ampliaron las normas relativas a las condiciones de ingreso. Así, en 8 de octubre de 1858 se dispuso no se considerase obstáculo la emisión del certificado de robustez, ya que los admitidos habrían de sufrir reconocimiento por los facultativos del Colegio. Los aspirantes de gracia otorgada por el Rey, con derecho a uso de uniforme, no podían ingresar en el Colegio si los interesados, después de tener cumplidos ocho años, no solicitaban su inclusión en las listas de pretendientes admitidos, según especificaba la Real Orden de 14 de enero de 1862.

Los hijos de asesores de distrito y de oficiales graduados fueron incluidos en las listas de hijos de los Cuerpos de la Armada, según órdenes ministeriales de fechas 10 de marzo y 8 de noviembre de 1863, respectivamente.

En 8 de marzo de 1866 se ordenó que los solicitantes que tuviesen concedido el derecho de ingreso podían diferir éste tantas veces como les conviniese, siempre que estuviesen comprendidos dentro de la edad fijada.

Un Decreto de 9 de junio de 1848 había reorganizado el Cuerpo de Ingenieros de la Armada. Las edades para el ingreso estaban comprendidas entre los 17 y 22 años. El examen se verificaría en el Colegio Naval, por oposición, ante una junta presidida por el capitán general del Departamento, actuando como vocales el comandante general de La Carraca, el director del Colegio Naval, el primer profesor de dicho centro, el jefe del ramo de construcciones navales del Arsenal y el primer astrónomo del Observatorio. Como secretario actuaba el del Colegio Naval. La escuela se estableció en el antiguo Colegio de Guardias Marinas del Arsenal. En virtud de un decreto de 8 de febrero de 1860 se trasladaría esta escuela especial a Ferrol, estableciéndose en aquel Arsenal.

El Cuerpo de Infantería de Marina tenía en San Fernando, desde el 10 de agosto de 1830, la Academia de la Brigada Real. De las ochenta plazas de aspirantes que ingresaron en la primera promoción del Colegio Naval, quince fueron para Infantería de Marina y doce para Artillería. El 8 de diciembre de 1858 se establecieron para los cadetes nuevas pruebas de ingreso. Los aprobados pasaban a servir durante seis meses en los batallones y superados favorablemente los estudios, eran nombrados subtenientes. Posteriormente, al clausurarse el Colegio, se formarían en la Academia General Central del Cuerpo, establecida en San Fernando por Real Decreto de 31 de mayo de 1879.

(Continúa el próximo número)







 

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