Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Hola, Jesús: te estoy escribiendo desde esta cárcel de cristal extraña y confundida donde me encuentro desde hace ya más de dos años.

Perdóname que cuando te llame y te nombre, en realidad esté llamándome a mí mismo, al Jesús que a veces recuerdo que fui antes de empezar a desmoronarme como una flor en otoño, o como esas fichas de dominó puestas en hileras perfectas que una mano revoltosa empuja para tumbarlas en cadena.

Así, Jesús, así: se me han ido tumbando en cadena los recuerdos, y ya no sé, más que en contadísimas y cortísimas ocasiones, ni quién soy, ni dónde estoy...

Y es desesperante, mi viejo amigo, porque apenas puedo decidir qué hacer con el resto de la vida que me sigue quedando (suponiendo que a esta situación nebulosa se la pueda llamar ni siquiera vida), porque la verdad es que más valdría llamarla "temporada inconsciente", o "tiempo difuso", o cualquier otra estupidez por el estilo.

¿Recuerdas cuando hace unos tres años los hijos empezaron a quejarse de que repetía con frecuencia las mismas cosas y de que sólo hablaba de viejos recuerdos perdidos en el tiempo? Nos reímos de lo lindo porque intuíamos que eran los hijos los que se estaban volviendo bastante raritos por eso, quizá, de los stress laborales y coyunturales. Después, cuando empecé a notar que se me escapaba la orina de vez en cuando y que no me salían las palabras, sinceramente me quedé algo sorprendido. No digo preocupado, no, porque siempre pensé que se trataría de algo transitorio producido por mi excesiva afición al tabaco de siempre...

Ahora entiendo que las primeras fichas de dominó habían comenzado a tumbarse sin apenas percibirlo, y que, como una ola imparable, seguirían progresando hasta llevarme a donde hoy me encuentro...

Pero lo que más me aterra es no saber si alguien se da cuenta de mi confusión; si los que me rodean, los que me llevan y me traen como un fardo, los que me limpian y me secan, perciben mi enorme bochorno e impotencia.

Hago titánicos esfuerzos para decirles, para comunicarme con ellos por gestos, pero no me entienden, Jesús. Me miran con caras enigmáticas o sonrientes, sorprendidas o incómodas, y pasan absolutamente de intentar comprender lo que intento comunicarles...

¿Sabes?, estoy empezando a cansarme de estar meado, de que se me escapen las cacas continuamente haciéndome sentir sucio y asqueroso, rebozado en mis propios excrementos.

Y eso sí que no, Jesús, eso sí que no quiero aguantarlo mucho más, ni por mí, ni por ellos, a los que veo reprimir los ascos y las náuseas, y hacer de tripas corazón cada vez con más, no disimulada, impaciencia.

Creo que van a traer a una señora experta para que me cuide y me vigile. ¿Experta en qué? ¿En fichas de dominó que se van derrumbando sin solución alguna..?

He pensado, Jesús, en quitarme de en medio, pero no sé cómo...

Apenas puedo mantenerme yo solo de pie, y desde el carrito donde me sientan todas las mañanas después de limpiarme, asearme y hacerme tragar unas papillas inmundas con sabor a fresa, no creo que pueda ya ni impulsarme para dejarme caer por las escaleras de la terraza.

Ayer lo intenté, pero mis manos deformes y caídas no respondieron a los impulsos potentes que intentaba mandarles desde mi jorobado cerebro.

¿Qué puedo hacer, entonces, mi viejo amigo?

Desgraciadamente solo espero que el "lobulillo" me falle antes de que las úlceras, que empiezan a aparecer en mis glúteos de tanto estar sentado en la silla de ruedas, me lleguen hasta el hueso y aumenten mi ya maltrecha indignidad.

¡Quién me ha visto y quién me ve, Jesusito!

En fin, si puedes echarme una mano -mejor al cuello-, espero que por nuestra antigua y vieja amistad de siempre no dudes en hacerlo. Y no tengas miedo aunque ahora con estas ayudas se está poniendo el personal muy plasta y muy científico y las bautizan con nombres rimbombantes como eutanasia...

Yo sólo quiero salir de esta jaula de cristal extraña y confusa, Jesús, que me tiene aturdido y profundamente desesperado. Porque ni yo mismo me reconozco...

Jesús.






 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep