Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Nuestro perro «Bronco» tenía muchas cualidades para enorgullecernos, pero la más notable de todas fue, sin duda, su valor y entrega.

Cierto día que estábamos en la playa, de pronto, sentimos un tumulto de gentes que corrían y gritaban: ¡un niño!, ¡que se ahoga!. El perro corrió detrás de la gente, pronto les tomó la delantera a todos e intuitivamente se lanzó al agua. Las encrespadas olas lo vapuleaban como a un juguete. Todos contemplábamos el espectáculo, y otros más valientes se habían lanzado al agua luchando a brazo partido en un espectáculo verdaderamente escalofriante. Nosotros seguíamos con la vista fija en nuestro perro, pidiéndole a Dios que no fuesen infructuosos sus esfuerzos. De pronto dejamos de verlo durante unos segundos -que a mí me parecieron siglos-, pero al remontar una ola logramos distinguirlo, llevando en su boca algo apenas perceptible. 

Por fin, tras titánicos esfuerzos, se acercó a la orilla, y ya todos pudimos ver lo que traía consigo. ¡Al pequeño medio ahogado! Lo soltó con suma delicadeza y todos se volvieron para atender al crío prestándole los primeros auxilios. Nuestro perro se alejó indiferente y se vino hacia nosotros completamente exhausto por el esfuerzo realizado. 

Es indescriptible la emoción que el espectáculo produjo a todo el que lo contempló, aunque de momento toda la atención estuvo concentrada en el pequeño, una vez pasado el peligro nuestro perro fue el héroe de la tarde. Hasta un extranjero que lo presenció quiso comprárnoslo, diciéndonos chapurreando el español «si no teníamos otro igual para él». Le contesté: Lo siento, señor, pero es «hijo» único; ni por todo el oro del mundo hubiésemos vendido a nuestro perro.

Y ya que estoy plasmando en esta verídica historia el extractado currículum de mi perro preferido «Bronco» II, no quiero dejar de omitir algo que, aunque comentado con anterioridad, fue de vital importancia para mí.

En época en la que aún toleraban que los perros al final de las tardes pudiesen pasear con sus amos por las bellas y rubias arenas de la chiclanera playa de la Barrosa, como de costumbre, nos dirigimos al mágico lugar, que en esa hora estaba casi vacío. De pronto, después de unas meditaciones, me dispuse a someter a «Bronco» a una dura prueba. Se me había ocurrido pensar en el hipotético caso de una separación conyugal, ¿con quién se quedaría el perro? Comprendí que sólo él podría determinarlo.

Le hice partícipe a mi marido de lo que estaba mi mente maquinando y, decidimos pararnos para, seguidamente, comenzar a marchar en direcciones opuestas. Bronco, sorprendido, nos miraba sin poder comprender a qué estábamos «jugando». Cuando nos habíamos distanciado unos 30 metros, él tomó su decisión. Corrió hacia mí y creo que sin volver la cara al que dejaba. Evidentemente fui su elegida. Por supuesto, todos los perros que hemos tenido ¡siempre me prefirieron! Qué razón tenía el famoso cantaor flamenco el «Pinto» cuando nos deleitaba con aquella copla en la que decía: «como una mare no hay ná».

Ha sido muy grato para mí evocar a tan excelente guardián que defendió a sus amos a «mandíbula batiente», mostrando unos colmillos tan impresionantes, que hubiese hecho palidecer de temor al más aguerrido gladiador; sin embargo, como contraste, se caracterizó siempre por su docilidad y obediencia, incluso se dejaba acariciar por algunas personas, máxime, si tenían perros -aunque, claro está, muy suavemente-.

Espero que los niños y mayores que hayan leído esta biográfica narración disfrutaran con ella. aunque quizás el mayor gozo lo podrán experimentar el día que tengan su propio perro y lo quieran como yo, porque sólo amando a los animales se les puede llegar a comprender y respetar.

Como broche final de estas páginas, deseo dedicarle un poema en el que sintetizo todo el amor que le profesé:


MI PERRO

Cuando veo a mi perro tan lindo,
con tan buena estampa,
que me habla sólo con sus ojos,
moviendo la cola
y pone en mi falda sus tremendas patas.
¡Qué a gusto me encuentro en su compañía
y qué bien guardada!
Impone respeto su robusto cuerpo,
con su espléndida caja torácica,
y su dentadura tan sana y perfecta
que en amplia sonrisa muestra al que pasa.
A veces no está tan contento,
como alguien muy bien no le caiga,
enseña los dientes con unas ideas
que hasta a mí me horroriza y espanta,
mas, le digo: -¡Bronco! en un tono fuerte
y noblemente su cabeza agacha,
hasta parece decirme muy quedo
en dulce mirada:
«si yo sólo ladro para que comprendan
que tú no estás sola,
que yo soy tu guarda»;
y lame mis manos contento
con una alegría que a mí me contagia,
y me olvido de mis soledades,
hace que me sienta tan reconfortada
que lo abrazo muy fuerte, muy fuerte
y le doy, con un beso, las gracias.


(Este poema figura en la pág. 12 de mi libro «Mi refugio»)








 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep