Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Es un libro de pastas blancas, ya amarillentas de tantos años manoseadas en el silencio acariciante de mi biblioteca. Lo escribió Margarita González de Figueroa y nos cuenta la entrada del otoño, en prosa poética, cuando nos afirma preguntándonos: ¿Has oído esos grillos, los últimos del verano que se obstinan en cantar en estas tardes en las que ya va haciendo frío?

Y nos cuenta más adelante algo en lo que ahora ya estamos, porque ya hemos entrado en el invierno con sus heladas desagradables, sus cielos grises y plomizos amenazando tormentas de aguas invasoras y hasta terribles, peores que un fuego, que se lo lleva todo por delante y lo ahoga todo con su fuerza, humedad y encharcamiento invasor... En este caso ya llegó el invierno a pesar de aquella frase impaciente: «hay futuros que no llegan nunca y pasados que no se van. Sobre estos cimientos se alza todo el dolor de la vida».

Leyendo esta prosa poética de Margarita González de Figueroa es como nosotros suponemos que casi todos sentimos la angustia de los lactantes que pueden padecer una restricción funcional y sensitiva tan terribles como una sordera, ceguera, etc...

Que un adulto ciego es algo inmensamente desconsolador, pero un niño en esas mismas condiciones nos llena de una angustia verdaderamente inmensa que difícilmente podemos describir y contar.

Y es ese dolor de su vida el que el que agobia a todos sus padres y familiares y ¡hasta conocidos! cuando nos ponemos en contacto con estos minusválidos.

Cuando este mundo está hecho de colores agradables que van del rosa al amarillo, del rosicler más impresionante al amarillo más lleno de oro todo es conjunto de ilusiones que lleva consigo el soñar con el hijo que esperamos ver nacer y recibirlo con la alegría más inmensa y nos lo encontramos con una terrible minusvalía que le hace la vida restringida y tristísima, mientras los demás niños, ríen, cantan y juegan, ellos se tienen que limitar a ser flores marchitas que apenas si pueden darse cuenta de todo lo bueno y hermoso que el mundo tienen y nos guarda.

Entonces se hace preciso dar la cara al dolor, echar hacia delante y contar con su defecto terrible estimulando al niño ciego para que sus dedos, de pétalo tiernos, aprendan a sentir, palpando los dedos de su madre, acariciando su cara suave y amorosa y los juguetes, las formas de las caras de las muñecas, los cuerpecitos de tela y encajes de los muñecos, es preciso...

Y hasta se hace necesario que los niños que tienen y padecen extensas lesiones de piel gocen con sus ojos y sus oídos lo que la sensación cinestésica que les falta, le ha escatimado. Y que el niño sólo vea, palpe y sienta el vibrar de la música en el tacto de sus dedos sensibles a través de la muñeca que canta o del muñeco que lloriquea...

Hay niños que tienen que estar sometidos a férulas y yesos que restringen sus movimientos. Se hace preciso hacer todo lo posible para que sus restricciones sean mínimas. Que puedan suplir con la vista y los oídos los estímulos sensoriales que sus sensibilidad táctil aislada es incapaz de proporcionarle.

Lo normal es que las madres extremen al máximo sus atenciones para con estos niños no dejándolos autoalimentarse, actuar percibiendo los estímulos restringidos de su alrededor.

Esta reacción materna (tan normal y sobreprotectora) es perjudicial ya que conviene que estos niños tengan sus iniciativas aunque torpeen al cumplirlas. Es preciso que vayan conociendo su entorno para que las restricciones funcionales sean suplidas por los otros sentidos y vayan desarrollando artimañas capaces, curiosas y sorprendentes que nos hacen admirar la inteligencia y capacidad funcional de estos niños alentándose así su independencia, llegando al máximo de su rendimiento sin que la torpeza, propia de su minusvalía parcial, pueda repercutir perjudicando su vida tan llena de recursos.

Que la mayoría de las veces nos llevan a admirarlos de su capacidad funcional, agradable y estupenda, pudiendo suplir, de sobras, con el resto de los sentidos el que le falta.

Que como muy bien dice PROUST:

«LA VIDA ESTÁ LLENA DE MILAGROS QUE PUEDEN ESPERAR SIEMPRE LAS PERSONAS QUE AMAN».






 

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