Emilia Martínez
Las Palmas

 

 

Sin título

 

Cambado
tenías el destino,
Federico de mi alma.

Tu voz y tus palabras
por el suelo machucadas.
Cambiados los amores y las
distancias.
Por el suelo se alargaban
las garras.
Por el suelo los jazmines se
arrastraban,
buscando tu olor y el brillo
de tu mirada y la luz
de tu sonrisa y
el fuego de tu palabra.

Tu muerte cambió el
silencio
y estrelló la madrugada,
y se rompió para siempre
el cristal limpio del alba.

Federico, tu eras dueño
del cantar,
del reir,
del llorar.
Tú eras, y eres, un poeta de verdad.
¿Sabes? La envidia es amarilla y
se arrastra en soledad.

Yo soy simple y te amo,
simplemente.
Siempre. Te Amo.