José Mª Álvarez Galván
Cádiz

 

 

CANTO A LA TIERRA


Soy romero flotando en el vacío
cuando al aire, ya viejo, se deshace.
Soy romero de un aire que me place
cuando huelo el romero en mi plantío.

­Romero! ­Romera! Voy junto al río
estrechando al romero cuando nace,
y abrazando esa luz que al paso yace
para hacer del romero su atavío.

Se yergue el romeral cuando lo beso.
El romero deshace su envoltura
que lo envuelve desnudo cuando duerme.

Casi pasa la luz. Se siente preso
del amor que le ofrece su aventura
como un haz que ilumina hasta envolverme.



Se me escapan las horas cada día
cuando ahogo el rocío entre mis manos.
Misteriosos placeres de hortelanos
que rebosan del grano su hidalguía.

La mirada del cielo se vacía
por la tierra de aquellos artesanos,
que errabundos del sol, son soberanos
de unas lágrimas blancas que los guía.

Así es, romera!, cómo perfumas
cuando el campo de noche te interroga
para hablarte de amor en la colina.

Y el rocío te cubre en sus espumas
con un luto de sombras que dialoga
con los sueños del Alma Campesina.