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SOLEARES
De pájaros y de flores
se me llena a mí la boca
cuando pronuncio tu nombre.
Eres sangre de mis venas,
eres el río y el espejo
donde se miran mis penas.
En la fuente de tu boca
todita el agua que bebo
a mí me parece poca.
La luz, la rosa, la brisa,
¿qué son sino naderías
comparado a tu sonrisa?
Tú me tienes que esperar,
como espera al agua el río
y al río lo espera el mar.
Si lo quieres, compañera,
seré espadaña del aire
si eres tú la campanera.
Un día sin tu presencia
es una pena y un grito
de dolor y penitencia.
Con una frase sencilla
has roto todos los puentes
desde tu orilla a mi orilla.
Igual que el agua en la noria
el compás de tus andares
hasta me sé de memoria.
Cuando dijiste: ¡te quiero!,
me eché a temblar como un pájaro
y tu querer me dio miedo.
Cuando tú cantas, Dolores,
te lloran en la garganta
canarios y ruiseñores.
Porque tu nombre no salga
tengo que ahogar la voz
y morderme las palabras.
Mi mano se paseaba
por los prados de tu cuerpo
y nunca se me cansaba.
Con tus brazos me encadenas.
Con tus ojos me apuñalas.
Con tu boca me envenenas.
Eramos dos ríos malos,
y en el cauce de la vida
nuestras aguas se juntaron.
En tu mano está mi historia:
Yo seré lo que tú quieras,
tú, mi ruina o mi gloria.
Uno a uno, beso a beso,
tengo que contar despacio
los lunares de tu cuerpo.
Para este camino largo
-sin hijo, mujer ni amigo-
yo monto un caballo amargo.
Cuando se fue de mi lado
no supo que me dejaba
a su recuerdo clavado.
Te sigue mi pensamiento
por los ocho caminitos
de la rosa de los vientos.
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