José Luis Rubio
Conil

 

 

(Del libro inédito Mirando al Espejo)



Tras el espejo sólo veo flores,
un cielo intensamente azul
y unas diminutas nubes
perdidas en el horizonte.

Allí, entre los rojos rosales,
caminas despacio, moviendo
grácilmente tus caderas
que siguen todas las miradas.

Allí, sintiendo el viento
acariciar mis mejillas,
aspiro el olor de tu cuerpo
dejándome arrullar por viejas golondrinas.

Nada pasa, no hay tiempo,
todo permanece inmóvil
casi sin movimiento.

El tiempo ha desaparecido
entre los poros del cristal
uniendo para siempre
al sol y a la luna.

Ya no quedan espectaculares atardeceres
ni melancólicos amaneceres.
Tan sólo un mar que nos cubre
con su manto de espuma blanca.

Al otro lado del espejo
me sigues mirando,
con la misma mirada,
un día tras otro.