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Con
el alma al viento
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Prosa |
LA VENTANA QUE NO SE CERRABA
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por Maria J. Calandria |
Cuando la vida era un cuarto oscuro, sin ventanas al mundo, y se hacía difícil contar los días tras los muros ciegos, aún entonces siempre encontraba uno, en un pequeño recodo, una ventana sin cierre.Haz de luz que mostró alguna vez la ventana abierta del amigo por la que se escapaba, sigilosa, nuestra noche solitaria.
O la del amante que, como ráfaga de aire, ventilaba nuestro espacio de paredes cerradas.
Otra vez fue en una ciudad, en la que fuimos turistas por no querer ser simples forasteros, y en un café concurrido, al fondo y tras la barra, un camarero abandonó el bullicio del repique apresurado de tazas y platos y nos dibujó un pequeño plano en una servilleta. Mapa coronado por trazos generosos de atención y de tiempo. Ventana sin cierre.
Siempre alguna vez, en un recodo y sin cierre, hubo una ventana que cualquier niño abrió sin esfuerzo desde sus ojos de mundo transparente, poniendo a nuestro alcance el recuerdo de luces olvidadas.
Abertura permanente a la esperanza.
Ventana-catapulta que libre nos llevó hacia delante, siguiendo el rastro tenue de la bondad de la vida.
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