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La importancia que tiene actualmente la metáfora arranca sin duda de las épocas vanguardistas. El surrealismo le dio una prioridad de la que antes no había gozado. Es cierto que fue muy utilizada por los poetas de nuestro Renacimiento -refiriéndonos en concreto a España-. Recuérdese, para poner un ejemplo, la poesía de Góngora, en la que el gran cordobés hace de esa figura un recurso de primerísimo orden, junto a otras, tales como el epíteto (El epíteto requeriría, de por sí, un estudio aparte y de no menos importancia que la metáfora, ya que del uso que haga un escritor del adjetivo depende la actualidad o el anquilosamiento de su obra, en este caso, una obra desgastada por el llamado «factor lastre», al que el escritor y crítico Guillermo Díaz-Plaja dedicó rigurosos estudios, y al que en otra ocasión ya le dedicamos un artículo.) 

En otros artículos convinimos en que la metáfora es una analogía que encuentra el poeta entre dos objetos, y que se sirve de ella para comunicar a los lectores una idea o un aspecto material de manera que, por el hecho de la comparación, los lectores entiendan mejor el contenido de lo comunicado. Esa facilidad del poeta podría parecer innecesaria, sin embargo, es innegable su pretensión de enriquecer los valores semánticos, no sólo los estéticos. La metáfora ayudaría, por lo tanto, a comprender mejor lo que se expresa, además del componente embellecedor que incorpora. Veamos una metáfora tópica, pero muy elocuente: «Coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto, antes que el tiempo airado / cubra de nieve la hermosa cumbre». 

Como podemos observar, el poeta consigue dos objetivos en estos versos. El primero es el puramente lingüístico, que atañe a la función conativa, y que tan sólo equivaldría a: «Aprovéchate de tu juventud antes de que llegue la vejez». Si el poeta se conformara con esta expresión, no pasaría de ser una oración gramatical. Pero, afortunadamente, Garcilaso no se contenta con una expresión impersonal y entonces recurre a una metáfora, muy grata por otra parte, para sus contemporáneos, tan compenetrados con el Carpe diem, y aquí es donde la metáfora cumple su misión de ampliar el conocimiento del contenido y también de colorear éste para introducir un valor estético que hace la comunicación conativa, y a la vez poética. ¿Qué mérito tendría el poeta toledano si se hubiese conformado con una recomendación de médico o de psicólogo o de amante?

La metáfora ha sido muy acogida en todas las épocas, aunque en determinados momentos de la historia de las Literatura haya sufrido restricciones como en el Neoclasicismo, o en la llamada Poesía Social de la postguerra, épocas en las que se imponía una visión más realista y directa de la comunicación literaria, que consideramos válida, pues ello es resultado de un abuso, entre otras razones, de una figura que pone a prueba la capacidad del poeta por unir el cielo y la tierra. 

En otros artículos aclararemos esta aseveración, que puede sonar a delirio poético.






 

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