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San FernandoNumerosas circunstancias que han tenido proyección en todo el mundo acreditan que San Fernando, Cádiz y su Bahía han vivido hechos trascendentales en la historia de España, en comunión de esfuerzos y aspiraciones permanentes.

San Servando y San Germán, patronos de Cádiz y co-patrones de La Isla hicieron la ofrenda de sus vidas, en defensa de la religión de Cristo, en el antiguo Collado Ursoniano (hoy Camposoto), regando con su sangre heroica lo que conocemos como Cerro de los Mártires. Ocurrió en los primeros años del Cristianismo, bajo la tiranía del Imperio Romano, cuando La Isla pertenecía a la municipalidad gaditana.

Durante el dominio árabe en tiempos de Abderramán, Cádiz fue puerto militar y en San Fernando se estableció una defensa eficaz contra el moro en el entonces castillo de la Puente, denominado posteriormente de San Romualdo, como también el lugar recibió el nombre de Isla de León, por ser propiedad de la familia de don Rodrigo Ponce de León, que aprovechándose de los disturbios del reinado de Enrique IV se apoderó de Cádiz y quiso ser dueño del territorio próximo para establecer su señorío. Felipe V, por decreto del 21 de mayo de 1729, incorporó la Isla a su Corona con el nombre de Real Isla de León.

Cerca de cuarenta años después, por real Cédula de 11 de enero de 1766, Carlos III concede el título de Villa a esta antesala gaditana y dispone la formación del primer Ayuntamiento con el nombre de Real Isla de León, en los siguientes términos:

«...atendiendo a que no se puede demorar por más tiempo la formación de ayuntamiento en dicha Isla, haciéndola Villa por sí y ante sí, con jurisdicción civil y criminal mero y mixto imperio en todo su territorio, y que su Ayuntamiento, como los demás de las ciudades de nuestro reino, cuide con su alcalde mayor del gobierno político y económico de ella...»

El primer Ayuntamiento quedó constituido el 27 de enero de 1766, y lo presidía, como alcalde mayor y subdelegado de rentas reales, Don Sebastián Ventura de Sedano.

Tres años después fueron trasladadas de Cádiz a la Isla las dependencias de Marina de Guerra, representando para la Villa de la Real Isla de León un acontecimiento de la máxima importancia, ya que con esta determinación da comienzo el progreso de la población hasta llegar a nuestros días con cerca de cien mil habitantes.


Ultimo reducto libre de España.

Las CortesCuarenta años después de haber obtenido la Isla su autonomía municipal, la Guerra de la Independencia selló de nuevo con sangre su unión con la capital de la provincia, al convertirse en bastión inexpugnable el Puente Zuazo contra el francés invasor, en una defensa denodada que terminó con la famosa batalla de Chiclana del 5 de marzo de 1811. Cádiz y San Fernando fueron el único reducto imbatible de la España libre.

En la Villa de la Real Isla de León, el 24 de septiembre de 1810 y en pleno asedio napoleónico, tuvo lugar la primera reunión de las Cortes Generales Extraordinarias de Cádiz y como escenario de su Teatro Cómico, denominado de «Las Cortes« por este acontecimiento histórico.

En este edificio se reunió el Consejo de Regencia de España e Indias, formado por don Pedro Quevedo y Quintana, Obispo de Orense, don Francisco de Saavedra, don Antonio de Escaño, don Javier de Castaños, don Miguel de Lardizábal y Uribe, con el presidente de las Cortes, don Ramón Lázaro de Dou y Bissol, y el secretario, don Evaristo Pérez de Castro.

Acompañaban en esta sesión inaugural al Consejo de Regencia los dos secretarios de Estado que reunían en propiedad o interinamente los cinco ministerios: don Eusebio de Bardají y Azara y don Nicolás María de la Sierra, secretario de Estado y del Despacho Universal e interior de Guerra; y don Nicolás María de Sierra, secretario de Estado y del despacho de Gracia y Justicia e interino de los de Hacienda.

Todos, después de su primera reunión en el hoy llamado Teatro de las Cortes, estuvieron en la Iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo, en un emotivo acto de acción de gracias y para prestar juramento de sus cargos. Las sesiones de Cortes en la Villa de la Real Isla de León se celebraron hasta el 20 de febrero de 1811 en que se trasladaron a Cádiz.

Con la proclamación de la Constitución de Cádiz del 19 de marzo de 1812 (llamada popularmente La Pepa, por el día que tuvo lugar), se cierra una de las páginas más gloriosas de la historia de España, vivida en este pequeño territorio formada por Cádiz y la Isla, que fue el único de la Península Ibérica que no pisó «gabacho» invasor. El 175 aniversario de aquella famosa Constitución se celebró en 1987.


Concesión del Título de Ciudad.

Como premio a los distinguidos servicios prestados y en atención a petición formulada por el alcalde constitucional don Cristóbal Sánchez de la Campa, las Cortes Generales decretaron lo siguiente:

«Las Cortes, teniendo consideración a los distinguidos servicios y recomendables circunstancias de la Villa de la Real Isla de León y a que con ella se instalaron las Cortes Generales y Extraordinarias han venido a conceder el titulo de Ciudad, con la denominación de San Fernando. Dado en San Fernando a 27 de noviembre de 1813».

Firmado: Francisco Tacón, presidente Miguel Antonio de Zumalacárregui, diputado-secretario, Pedro Alcántara de Acosta, diputado secretario.


El cantón gaditano.

Otro de los hechos en el que San Fernando y Cádiz participaron estrechamente fue el de la represión del proyectado Cantón gaditano, acaudillado por Fermín Salvochea y el brigadier Eguía, del que en 1793 se cumplió el primer centenario.

Las baterías instaladas en San Carlos; los buques y medios de acción del Arsenal; los batallones de Infantería de Marina y otras circunstancias hicieron posible la entrada en Cádiz de la columna del general Rivera, y poco después, la del general del Ejército de operaciones de Andalucía, Manuel Pavía. Así terminó aquella romántica aventura de los incansables luchadores por la libertad.


San Fernando y Cádiz.

Las vicisitudes expuestas, obviamente, muy a grandes rasgos, fueron vividas entre otras muchas de gran trascendencia, conjuntamente por San Fernando y Cádiz que, sucesivamente, tuvieron el privilegio de desempeñar las funciones de capital de España en este pequeño territorio comprendido desde el Puente Zuazo hasta la Punta de San Felipe, en el que no logró poner su planta el hombre que había avasallado a toda Europa y que aquí recibió la lección más amarga de su vida y la herida más punzante a su soberbia.







 

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