Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Sabemos que leer es una grata forma de saber, de salir de esa pequeña parcela que es nuestro propio mundo y atisbar en lo que en cierta manera y en principio parece sernos ajeno. Luego, claro está, nos damos cuenta de que todo no es tan ajeno, pues todo está en nosotros mismos. Es por ello que, a veces, pienso que estamos faltos de algo verdaderamente importante, y es ahondar en nuestro propio interior, conocernos sin miedos y sin rodeos para así, como si de un libro espléndido se tratase, leer en nuestra alma, porque quizá allí hallemos el más maravilloso de los descubrimientos.

Amo los libros, los buenos libros, me entusiasman las bibliotecas, las pequeñas librerías de los pequeños barrios. Disfruto ante la visión de un lector acomodado en el asiento de un tren, o de un parque, o de una cafetería sencilla. Me place observar a aquellos otros que, por una calle cualquiera, transitan portando un clásico entre sus brazos, u hojeando páginas en algún puesto circunstancial. Todo esto es para mí uno de los pequeños alicientes del día a día. Sin embargo, me gustaría saber cuántos de todos ellos, de todos nosotros, ojeamos si acaso las líneas de nuestra alma con el sublime deseo de buscar en ella el porqué de la vida.

Es verdad que para hallar algo en nuestro interior la mayoría de las ocasiones necesitamos de un estímulo externo, de otro que tal vez nos vaya ayudando o marcando las pautas. Esto para mí es el objeto de la lectura. Lo que muchos nos van diciendo a través de lo que algún día publicaron no es sino la guía para nuestras propias respuestas, porque, no lo olvidemos, cada uno debe hallar sus propias soluciones. Por eso, no podemos quedarnos en la sola admiración de lo leído, lo complicado viene después: ¿qué pensamos nosotros? ¿Dónde está el camino elegido para nosotros? ¿Cuál es la luz que a cada uno le ha sido dada de manera particular para alumbrarnos y llevarnos correctamente hasta el final?

Por todo esto, si es verdad que me entusiasma ver a alguien que lee, más me maravilla escucharle, sentir que sus planteamientos brillan hasta las raíces de su corazón con la fuerza de la sinceridad, de la sabiduría adquirida a base de reflexiones y de vivencias internas. Esta y sólo ésta es la maravilla de ser hombres y mujeres, seres humanos en fin motivados por el mero hecho de estar vivos y gozar por ello.

Pensemos que los libros que leemos están hechos por personas de carne y hueso, que han sufrido, que se han angustiado, que han amado, que se han dejado la piel tal vez por encontrar un sentido a todo. Los que los leemos también somos así, de modo que no les dejemos sólo a ellos la labor. Busquemos, busquemos siempre: más allá de los libros, más allá de las librerías, de las bibliotecas o pequeños puestos ambulantes. Viajemos al fondo de nuestro interior. Allá, a buen seguro, nos está esperando algo apasionante, o al menos algo que apasionará nuestro propio, único e intransferible caminar.







 

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