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Al año siguiente, por Real Orden de 22 de marzo de 1848, es comisionado por el ministro para redactar el curso de estudios elementales del Colegio Naval, tarea a la que no pudo dedicar la debida atención por sus muchas ocupaciones, que aumentaron con la radical reforma que ordenó el Gobierno llevar a cabo en el almanaque náutico español. El exceso de trabajo agotó su salud. Con referencia al Colegio Naval se le encomendó la confección de los tratados elementales de aritmética, álgebra y trigonometría. La primera y segunda se imprimieron respectivamente en 1849 y 1850 en la Imprenta de la Revista Médica Gaditana. Recién terminada la trigonometría le sorprende la muerte. Este texto no sería impreso hasta 1865, por la Imprenta y Librería Española de San Fernando. En su prólogo no decía que causas ajenas a la voluntad del autor impidiesen viese la luz en tiempo oportuno y que la familia deseaba su publicación por la utilidad que pudiese reportar. Montojo había traducido del inglés en 1844 el Tratado de Astronomía de Sir J. E. W. Herschel, que fue editado en Madrid por la Imprenta de la Sociedad Literaria y Topográfica.

En 1851 se le concedieron honores de brigadier y en 1855 la efectividad del empleo, en atención al excelente trabajo efectuado en la reforma del almanaque náutico. Falleció el 13 de junio de 1856, relevándole en la dirección del Observatorio D. Francisco de P. Márquez Roco.

La primera dotación de profesores y oficiales del Colegio Naval fue la siguiente: Tercer jefe y encargado del Detall, capitán de fragata Fernando Bustillo Barrada. Secretario, archivero y bibliotecario, teniente de navío Luis Palacios Balzola. Segundo jefe de estudios, teniente de navío Salvador Moreno Miranda. Profesores, alféreces de navío Evaristo García Quijano, Casimiro Ariño, Mariano de Arbiol, y subteniente de Artillería, Juan Antonio Ruiz. Contador, capellán y médico, eran respectivamente Francisco Vila, oficial primero del Cuerpo del Ministerio; Francisco de Paula Grossa, párroco castrense, y José Carlés. Eran ayudantes de profesores, los tenientes de navío Fernando Pareja, Olegario Solís de Cuetos, Francisco Chacón Orta, y el subteniente de Artillería Francisco Samper. Dos de estos profesores, Evaristo García Quijano Ruiz de Bustamante y Casimiro Ariño Trespardanes, permanecieron varios años en el centro. El primero cesó como profesor en 1864, pasando en este año, como capitán de fragata, a desempeñar la jefatura de la Sección de Estudios Superiores, hasta el cierre del Colegio. El segundo, tras un intervalo de cuatro años, de 1855 a 1859 en que desempeñó otros destinos, volvió al centro, continuando en él hasta su clausura.

Varios profesores escribieron obras de texto para el Colegio. Así, el alférez de navío Mariano de Arbiol, hizo un Tratado elemental de Cosmografía, que dedicó a Francisco Armero y que en 1853 editó la Revista Médica. Aunque se consideró la utilidad para las Escuelas de Náutica, no se llegó a estudiar en el centro, que siguió usando la Cosmografía y Navegación de Gabriel Císcar. Los principios teóricos y prácticos de Artillería los escribió el capitán de Artillería Manuel Baturone Castro, quien también lo dedicó al Marqués de Molins. La obra fue declarada de texto para el Colegio Naval y Escuela de Condestables y fue impresa por la Imprenta y Librería Española de San Fernando en 1856.

Al inaugurarse el Colegio se encomendó el puesto de profesor auxiliar al guardiamarina Antonio Tomaseti Grosso -que efectuaba el curso de Estudios Superiores-, por sus excepcionales conocimientos de matemáticas. Años más tarde, en 1849, ya alférez de navío, sería nombrado profesor y en 1856, siendo teniente de navío, desempeñaría el cargo de secretario, archivero y bibliotecario.

El 12 de diciembre de 1856 es nombrado profesor el alférez de navío Cesáreo Fernández Duro.

De los dos capellanes que tenía el Colegio, con los empleos de primero y segundo, uno era profesor de historia sagrada, moral y religión, y de geografía política, lógica y literatura, el otro.

Las materias de dibujo, francés, inglés, esgrima y baile estaban por lo general a cargo de profesores particulares contratados. La clase de baile fue suprimida por Real Orden de 5 de enero de 1859, estableciéndose la de tiro de pistola, que fue impartida por el profesor ayudante, oficial de Infantería de Marina que tenía a su cargo la instrucción militar y manejo de armas.

Una Real Orden de 8 de julio de 1850 establecía que los dos oficiales que formaban parte de la junta de exámenes fuesen extraños al Colegio. Por otra de 28 de febrero de 1856 fue suprimido el destino de jefe de estudios. Otra más de 7 de enero de 1858, dispuso que el profesor más antiguo fuese en lo sucesivo uno de los vocales de la junta de exámenes. El 23 de febrero de 1859 se aumentó en dos el número de profesores de matemáticas, que era de siete.

Algunos de los reglamentos que tuvo el Colegio establecía que se concedería el ascenso al empleo superior a los profesores que desempeñasen el puesto por espacio de tres cursos consecutivos.

Los directores que tuvo el Colegio Naval fueron los siguientes: 1845, brigadier José del Río Elijio; 1847, brigadier José María Halcón Mendoza; 1854, brigadier José María Ibarra Autrán; 1856, capitán de navío Rafael Taberns Núñez; 1858, brigadier José María Ibarra Autrán (por segunda vez); 1859, brigadier Antonio Arévalo Guerra (interino) y de 1860 hasta que se cerró el Colegio, el brigadier José María Vázquez Butíer.

Una Real Orden de 24 de agosto de 1866 decía que el número considerable de Guardias Marinas existente en los Departamentos de la península y Apostaderos de Ultramar, hacia difícil su distribución en los buques de la Armada.El 10 de marzo de 1867 el ministro de Marina, jefe de escuadra D. Joaquín Gutiérrez de Rubalcaba y Casal, determinaba que hasta nueva orden no se verificarían cursos semestrales para cubrir plazas de aspirantes. Cuando se convocasen plazas serían mediante oposición.

Los trámites previos a la clausura del Colegio Naval se ordenaron por Real Orden de 13 de diciembre de 1867.

El ministro de Marina, D. Severo Catalina del Amo, escritor y político, dispuso en 4 de marzo de 1868 la creación en el Departamento de Cádiz de una junta presidida por el capitán general, en la que actuaban como vocales el director del Observatorio, el jefe del Curso de Estudios Superiores y el comandante del buque-escuela de guardiamarinas, haciendo las funciones de secretario el del Colegio Naval. Esta junta tenía la misión de reformar el reglamento del centro, de 28 de abril de 1858.

El 10 de mayo del citado año se fijaba la dotación afecta al Colegio a partir del 1 de julio siguiente, destinada a conservación y custodia de los edificios y el material en la población de San Carlos. La custodia del material científico quedaba a cargo de la Sección de Estudios Superiores. La dotación de personal era la siguiente: un capitán de navío como jefe del centro, que era a la vez comandante de guardiamarinas y gobernador de la población militar; un oficial primero del Cuerpo Administrativo, como contador, secretario, archivero y bibliotecario; un contramaestre en calidad de conserje y ocho marineros, número que, de ser necesario, podría aumentarse con los del depósito de La Carraca.

El 13 de junio de 1868 se dispuso se conservasen en el Parque de La Carraca las armas y efectos de guerra del Colegio. Seis días después se ordenó que a partir del 1 de julio siguiente, los objetos de la capilla del Colegio quedasen a cargo del capellán del hospital. El 7 de julio se determinó igualmente que la asistencia médica del personal del Colegio quedase a cargo de los médicos del hospital y dos días después, el 9 de julio, se ordenaba que la asistencia religiosa del centro quedase a cargo del capellán del hospital militar.

En los 23 años de existencia había formado el Colegio Naval a 1.002 alumnos, distribuidos en 42 promociones. Las dificultades de la Hacienda y la revolución de septiembre de 1868 aceleraron su cierre.

Un Decreto de 10 de septiembre de 1869, siendo ministro de Marina el jefe de escuadra D. Juan Bautista Topete y Carballo, establece en la fragata Asturias, de pontón en Ferrol, la Escuela Naval Flotante.

En el edificio del Colegio Naval quedó la Comandancia de Guardias Marinas y el Gobierno militar de la población. Una Real Orden de 2 de enero de 1869 dispuso que todas las oficinas de la Armada del Departamento de Cádiz fuesen trasladadas al edificio del Colegio Naval. Otra Real Orden de 29 de enero del mismo año ordenaba que la Capitanía General, Mayoría y Contabilidad, se instalasen en el edificio y, si aún sobrase sitio, se trasladasen igualmente, la Auditoría, Juzgado y Archivo. Sólo disfrutaría de casa habitación en el edificio el capitán general con su familia. Por las Reales Ordenanzas de 1 de abril y de 13 de agosto de 1869 se ampliaba el uso de casa habitación en el edificio al primer secretario del capitán general, mayor general, comandante de guardiamarinas mientras desempeñase el cargo de gobernador militar de la población, auditor, teniente Vicario, inspector de Sanidad, ordenador de Pagos e interventor.

Las obras que se efectuaron fueron las indispensables, al objeto de que en el futuro, de convenir al servicio, pudiera ser nuevamente ocupado por escuela o centro de instrucción.

Para gozar de más espacio en el edificio destinado a dependencias y viviendas, se cubrieron los arcos de las dos naves laterales de la planta baja.

Fernández Duro, en sus Disquisiciones náuticas, hace un interesante comentario de lo que significó el Colegio Naval para la Armada. Debido a lo amplio del mismo, no me es posible transcribirlo íntegro, por lo que sólo expongo un breve resumen:

Veintitrés años duró, pues, el centro de enseñanza que tantos estudios, informes, planes y gastos había consumido antes que llegara a decidirse su instalación. El Colegio Naval fue varita mágica para la población de San Carlos; transformó los caseríos ruinosos, sin estar concluidos, que recordaban la soberbia concepción de los buenos tiempos del reinado de Carlos III, en edificios rematados; el arenal que lo sustentaba, en jardines con buenos caminos de comunicación con el Arsenal y ciudad de San Fernando; creó el Panteón de Marinos Ilustres en el local que servía para depósito de escombros y de cadáveres del hospital; dio nacimiento a otros caseríos y fábricas en las inmediaciones, al arbolado, a las tiendas, en una palabra, realizó en gran parte el ideal de la población con el conjunto de edificios lúcidos y rientes que daban agrado y atención al viajero.

Cuarenta y cinco años más tarde volvería a su anterior destino de Centro docente naval. Un Real Decreto de 21 de octubre de 1911 autorizaba al ministro de Marina para proceder a la apertura de la Escuela Naval Militar en el Apostadero de Cádiz en el transcurso del año 1912, solicitando antes a las Cortes el crédito necesario para ello. Sólo en unos días se retrasó el cumplimiento de dicha disposición, inaugurándose el nuevo centro el 10 de enero de 1913.

(Continúa el próximo número)







 

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