Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
PETRA.-
(Entrando a la escena con un ramo de flores que termina arrojando al suelo, con cierta furia)

-¡Flores a mí, a la muy! ¡Ni desesperada, hijo! ¿Con flores intentas convencer a mi corazón? Para convencerme a mí hay que tomar ciertas precauciones, ser valiente, vamos. A cualquier mujer le gustarán las flores y seguro, seguro, que ablandarán su corazón y lo dejará al descubierto, ofreciéndose incondicionalmente. Pero Petra no. Petra es otra cosa, ¿entiendes? Petra no se mama el dedo. ¡Hace muchos años que va por estos mundos y sabe y sabe...! Y es que los hombres sois tan así, tan tonticos, y aunque mamá dice que si sigo por este camino voy a por monja, ¿y a mí, qué? Mejor monja que mal casada o mal querida, que es lo mismo. Porque una se casa o se entrega o se desprende de todas sus razones si el hombre que la acecha es de su agrado: no un hombre por ser hombre, sino un hombre que sea de su agrado, ¿entienden? Y hasta hoy ningún hombre... ¿entienden? ¡Ninguno! ¡Ni soñándolo he encontrado a ese hombre!

(Cambiando)

- Mamá me dice que no sea tan exigente, que esto de los hombres es cosa tan normal como desvestirse y darse al viento. Por descontado que no sé qué cosa es esa de darse al viento, pero mamá es tan así, tan poeta ella, que quién sabe qué cosa dice. Pero yo le digo: «no, mamá», a mí ningún hombre me hizo tilín ni talán ni ningún otro sonido de campanas. Porque mamá dice que cuando dé con el hombre esperado oiré sentir campanas. ¡Ya ven ustedes! ¡Campanas! Y a ese que acaba con ofrecerme flores le he dicho que se las entregue a su mamá, que las merece mejor que yo, o que las dé a otra mujer cualquiera, aunque no sea una mujer cualquiera, claro. Este es un pesado. Empezó con la cajita de bombones de Mozart, ese músico que todo lo salpica con bombones y luego me vino con libritos de poesía (a indicación de mamá, claro, que cree que la poesía lo es todo en este mundo). Y a ofrecerme viajecitos en barca, o paseos a caballo, o sesiones de cine. ¡Pero le vi el plumero! ¡Éste, como todos los hombres, lo que pretende es subirse al árbol o subírseme, que ustedes ya comprendieron... Mamá dice que tengo la edad necesaria para decir sí al primero que se me acerque. Que con cuarenta años una no está para remilgos y que cualquier oferta es buena. Mamá intenta darme moral, pues hasta hoy se han ido acercando hombres con buenas o peores intenciones, que poco importa. Porque, veamos, ¿qué es esto de las buenas intenciones? ¿Pasar por la vicaría, como se decía antes, o pasar por el ayuntamiento para que un secretario aburrido nos diga que ya somos uno de otro? ¿Es esto lo que quiere decir buenas intenciones? ¡El mundo pasa ya de las buenas intenciones! ¡Las buenas intenciones se demuestran con el buen sentido, saberse cuidada y mimada, saberse deseada a cada momento. ¡Esto son las buenas intenciones, lo que cuenta a fin de todo! ¡Porque los hombres con buenas o malas intenciones sólo pretenden subirse al árbol!

(Breve pausa)

Ya sé que he ido desestimando todas las ofertas que me han sido ofreciendo. Mamá dice que esto no es bueno y que ya en el barrio se corre la voz de que soy una homosexual, una tortillera, vamos. Porque ir dejando a los hombres sin interesarme por ninguno da mala espina. Da qué hablar y de hablar el barrio sabe y sabe. Porque en los barrios y en los pueblos hablar lo es todo, aunque sea sin tener fundamento alguno, y una cae en el barro y nadie la saca ya de allí. Y esto es lo que me está pasando a mí, por mi forma de creer en los hombres. ¡Ya sé que doce han sido los desechados!, ¡pero todos tenían su aquel, su podredumbre, sus problemas! ¡Y una no se mama el dedo y no cae en la tentación de encontrarse con los problemas de los hombres que acechan! ¡Una cree en el amor y sin ser poeta, como mamá, cree que el amor es algo más que un ramo de flores, o unos bombones de Mozart o ir de paseo. ¡Una sospecha que decir que sí a un hombre es como venderse, como vender su independencia! ¡Una no está por cosas tontas! ¡Prefiero mi soledad a depender de un hombre a quien siempre ha de dársele la razón, darle los buenos días y las buenas noches, de quien depender por dinero o por compromiso. ¡Prefiero hacerme monja! ¡No quiero a ninguno de los hombres que se han acercado a mí y que mamá aceptaría como yerno con los ojos cerrados. ¡Mamá es medio tonta y no ve más allá de sus narices! ¡Ella cree que el destino de la mujer es casarse y dedicarse al hogar, a freír huevos con chorizo, a pasarle el brazo al marido cuando llega del trabajo y a sonreír, a sonreír siempre como una beoda indecisa.

(A una señora del público)

¿Es usted casada? ¿Su marido la conquistó con un ramo de flores o una caja de bombones de licor? ¿Bastó esto para que usted se planteara ser su esposa? ¡No me lo cuente, por favor! ¡No quiero introducir en mi vida la duda! ¡Yo no quiero casarme, ni tener hombre, ni hijos! ¡Yo quiero ser libre, como las mariposas, que son libres pero que duran tan poco tiempo! (Por el ramo de flores, que recoge) Le habrá costado sus buenos duros. Pero le diré que lo ofrezca a su mamá, que lo agradecerá. ¡Y de ahora en adelante le pediré a mamá que no me busque a ningún posible marido, que esta que lo es no se chupa el dedo! ¡Y que cuando encuentre al hombre de su vida ya diré que sí y vale.

(Suavemente)

Pero mucho me temo que este hombre no exista, o no exista para mí.

(Al público en general)

¿Hay algún hombre que quiera intentar una conquista?

(Nadie contesta)

Nadie. Pues no quiero ser vendida al primer postor. ¡Que ya sé que no es el primer postor, mamá, pero es lo mismo! ¿Lo ves, mamá? ¡Nadie se atreve! ¡Pero subirse al árbol sí querrían!






 

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