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Lo dijo Wil Richs, por eso lo repito en este momento en el que acuso mis preocupaciones: «LAS PENAS VIENEN FRECUENTEMENTE SIN AMOR, PERO EL AMOR NUNCA PUEDE VENIR SIN PENAS»

Y es que recuerdo aquella madre que acudió a mi consultorio, hace la friolera de unos cuarenta años, que se me presentó muy nerviosa y preocupada. El niño, rubio como las candelas y de ojos azules y luminosos como el cielo y el mar, escuchaba las preocupadas manifestaciones de su madre que, por desgracia, seguramente, repetiría, agobiada por el problema, más de una vez delante de él, lo de su tartamudez.

Tenia tres años y le aclaré, para que lo escuchara el niño sobre todo: «Como, muchos niños de su edad, señora, es uno más de ellos y no tiene importancia que así lo haga, forma parte del desarrollo de su edad...»

Entonces me di cuenta de que el niño ya había pasado a gozar de una cierta tranquilidad al escuchar mis palabras refiriéndose a sus problemas.

Tuve que llamar a la enfermera para que se lo llevara a desnudar, consiguiendo así, quedarme solo con su madre, que pudo quejarse de muchas cosas menos de que su hijo balbucea y tartamudea, y de hacerlo precisamente delante de él.

Y es que, así como el adulto cuando tartamudea, ya lo creo que se da cuenta de su defecto y tiene reacción nerviosa impaciente, cuando no encuentra la sílaba que está buscando, para seguir la conversación, repite de forma exagerada la que le precede, EL NIÑO NO SE DA CUENTA DE SU DEFECTO, por eso repetírselo, recalcárselo sin parar, delante del mismo es lo peor que se le puede hacer. Sin olvidarnos de que hay épocas en el desarrollo del niño en las que la ideación es más rápida que su capacidad para hablar y re- re- repetir no tiene la menor importancia en estas épocas pasajeras.

Efectivamente forman parte de la maduración de las palabras en los niños el balbuceo y las pausas, las prolongaciones, la falta de destreza verbal, cuando los niños tienen entre los dos y cuatro años, y vuelve a los seis años otra vez.

Como el niño no se da cuenta de sus trastornos, si usted, ante los demás, se lo repite una y otra vez, le puede producir una fijación anormal (en esta época tan delicada) y puede quedarse, así tartamudo para siempre.

Otro dato importante es la posible zurdera de su hijo: si SU HIJO ES ZURDO SEÑORA, PROCURE NO CAMBIARLE LA MANO QUE EMPLEA NI EN CASA NI EN EL COLEGIO PARA ESCRIBIR Y DIBUJAR, esto trastorna el centro de la palabra y no se olvide, señora que se puede ser más bueno con la izquierda que con la derecha, y más equilibrado, desde luego. Sin olvidarnos de lo que puede ser para el niño el premiarle cuando hable con fluidez y, en cambio, no hacerlo o ignorarlo cuando vuelva a su defecto al hablar con balbuceo o tartamudez. Debe dejarlo terminar, sin amenazarlo ni interrumpirlo y, sobre todo, sin ayudarle a decir la sílaba que repite en su tartamudeo.

Debe procurar que no se agote al escucharlo cuando nos habla, que no llegue al esfuerzo excesivo, cuando lo hace que no se convierta en una competición el conseguir que hable para el mismo, buscando la perfección que tanto le cuesta. No dirigirse a él hablando demasiado deprisa con palabras acosadoras y represivas y, sobre todo, con palabras regañonas. Dejarlo que se desahogue a gusto en la mejor tranquilidad y paz, procurando que se esfuerce lo menos posible para conseguirlo.

La actuación rígida de la madre temerosa de que su hijo pueda quedarse tartamudo, es preciso evitarla por encima de todo, y mandar al niño a que hable despacio y que piense antes de hablar y hasta que se detenga y empiece de nuevo, lo que a veces lleva a una mejoría momentánea, solo momentánea, a una mejoría falsa, consecutiva a una violencia que lo atosiga y trastorna aún más, llevando al niño a que convierta lo que es un defecto simple psicológico en un trastorno definitivo más difícil de resolver todavía.

Que también el niño cuando empieza a andar tropieza y cae, pero él solo se levanta sin la ayuda de sus mayores y continua su marcha tan tranquilo, en caso de que no se haya hecho daño traumático alguno. ¿Qué haría este niño si lo castigáramos por haberse caído? ¿Si lo amenazáramos por haber tropezado?

¿Han pensado ustedes en que el hablar ocupa demasiado al niño en la emisión de sus sonidos, en la pronunciación de nuevas y de distintas palabras, en la sintaxis y combinación de los tiempos del verbo? Y nos dice HILL y BATES AMES: «En general el niño de dos a seis años de edad, que todavía está desarrollando su lenguaje, repite de cuarenta a cincuenta palabras por cada mil que pronuncia».

¿Sirve esto, señora, para que usted actúe como debe hacerlo, refrenándose y que su hijo pueda mejorar su trastorno normalmente? No olvide señora, la AFIRMACIÓN DE TITO LIVIO: CUANTO MENOR ES EL MIEDO, MENOR ES EL PELIGRO.

Nosotros, para terminar estos elementales comentarios sobre el tartamudeo de los niños, debo aclararle que existe un factor orgánico en el tartamudeo que no se ha confirmado de forma definitiva.

Tampoco el factor hereditario ha tenido confirmación total por parte médica: hijos de padres tartamudos que no habían conocido a sus padres no tartamudeaban, los que los conocían sí que lo hacían, el factor IMITACIÓN si que ocupaba un primer plano en estos casos, hay que tener cuidado de que los niños no estén con los posibles causantes de su tartamudeo por ser ellos tartamudos.

El tartamudeo suele, además, aparecer a temporadas o de forma intermitente en los niños entre los tres y cuatro años de edad, sobre todo cuando el niño empieza a organizar la conversación; la terapia exige el no FIJAR el mismo comentando el hecho delante del niño y poniendo en evidencia su carácter denigrante y corrector, por lo que nos vemos en la evidencia de recordar la decisión de GUILLERMO DE ORANGE. Sabido es que éste poseía el TOQUE REAL, por medio del cual conseguía (?) la curación de la escrófula.

A las palabras clásicas de «DIOS OS DE MEJOR SALUD» éste añadió lo de «Y MAS SENTIDO COMÚN».






 

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