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Nunca había podido disfrutar de unos días de vacaciones. Ahora al quedar viuda y tras guardar unos meses de luto -por el que dirán- no se perdía ni una excursión. Ya fuese a través del IMSERSO, del Hogar del Pensionista o cualquier medio que estuviese a su alcance en cuestión de compañía. El grupo de viudas -cada vez más numeroso y con menos penas- solía acudir a cuantos balnearios y hoteles ponían a su disposición en temporadas bajas. Era el primer año que acudía. Hacia diez meses que su marido había fallecido en accidente de tráfico, y una amiga constantemente le reprochaba por el aislamiento en que vivía, sabiendo que el hecho para ella no había sido penoso ni traumático -todo lo contrario- si tenemos en cuenta que la convivencia con él era muy difícil.

El viaje resultó una experiencia inolvidable pues aparte de la libertad que sentía pudo dedicar todo el tiempo a su afición favorita, la lectura, cosa que tiempo atrás no practicaba mucho. Su llegada al balneario le resultó muy agradable; todas fueron obsequiadas con un bonito ramo de flores por ser el día de la mujer. Nunca su marido había tenido esa delicadeza ni alguna parecida. Por la mañana, al correr las cortinas del dormitorio, contempló desde la ventana el paisaje más maravilloso que jamás soñó. El cielo se confundía con el mar en el horizonte, al ser del mismo color, y la brisa marina la sintió en su rostro como una caricia. Podía decirse que a partir de ahí fue ella misma. Dejó volar su imaginación, sus prejuicios y todo cuanto la ataba al pasado.

Después del desayuno la invitaron a una excursión. Alegando estar cansada, se dejó caer en una hamaca comodísima con la intención de no levantarse hasta la hora de la comida y disfrutar de la lectura. El libro que tenía entre las manos era un best-seller premiado en un certamen literario de gran prestigio, titulado «Visión de Futuro». La lectura resultaba muy amena si al mismo tiempo se comparaba con la realidad. Motivo por el cual recayó en él dicho premio. Uno de los capítulos estaba dedicado al problema laboral del futuro, de lo cual no había buenas perspectivas, pero sí mucha imaginación. Espacialmente se centraba en una capital de provincias, rodeada por el Atlántico y con acceso directo con el Estrecho de Gibraltar.

Milenaria ella, por lo que a poco que se escarbase se hallaban restos de civilizaciones Púnicas, Fenicias, Romanas... por lo que al comenzar alguna obra, el dueño del solar en el que se iba a construir, parece ser, se encomendaba a todos los santos para que no hubiese sorpresas de última hora, a pesar de hacerles, en parte, un favor, pues casi se encontraba excavado el aparcamiento subterráneo que, como hoy en día, casi es obligado por el exceso de coches, y por tanto, amortizar mejor los gastos de la obra. Dicha capital solo se podía expandir ganándole tierra al mar, como constantemente hacían dentro de lo posible. Tras venirse abajo la industria de Astilleros, donde se construían magníficos buques, la población tenía puesta su ilusión en que en esos terrenos y los ganados al mar se crearía alguna fábrica o industria, con la seguridad que no sufriría retrasos por hallarse algún tesoro arqueológico. La zona, tras ser estudiada mediante estadísticas, fue declarada como la mejor para construir un polígono industrial o alguna fábrica que crease puestos de trabajo y a la vez riqueza; por lo que la población no llegaba a comprender cómo en dichos terrenos se construirían unos grandes almacenes para una clientela de elite.

Puestos de trabajo sí se crearían, pero sin llegar a comprender quién iba a adquirir los artículos de primerísima calidad siendo tan bajo el nivel económico de la zona, por ser la provincia con más índice de paro de la nación. Dicha capital, en la época de la esclavitud, su puerto fue muy importante en el trasiego de esclavos, existiendo aún vestigios de ello. En algunas iglesias se pueden ver los respiraderos de los sótanos donde permanecían hasta su nuevo destino, siendo muy numerosa las bajas por hacinamiento. Trasladándonos a nuestros días podemos comprobar que la esclavitud existe en algunos sectores como el deportivo... Ya no existen las ofertas en público, como antaño, en los que, igual que si de ganado se tratase, ensalzaban la salud, fortaleza y aspecto físico del esclavo, para encontrar un comprador. Hoy en día exigen más los potenciales compradores, pues la fuerza ya está obsoleta, la máquina hace casi todo; pero sí la salud y el aspecto físico, aparte de un coeficiente intelectual básico, son primordiales para ciertos puestos de trabajo, como para unos grandes almacenes. El libro hablaba de algo mucho más profundo que tendrán en cuenta los futuros empresarios. No sólo éstas cualidades expuestas, muchas otras que hoy ni nos imaginamos. El vientre de las madres serán ordenadores al servicio de la sociedad. Al llegar a éste capítulo, la comodísima hamaca le resultó como el nido donde guarecerse de tales pesadillas. Ahora se sentía doblemente feliz, porque ella no había tenido hijos.

La selección para escoger al personal fue rigurosísima. Una vez superadas varias entrevistas personales para el ingreso en dichos almacenes, en las cuales había preguntas de toda índole, personales y familiares, realizadas por psicólogos, todos cuantos eran convocados para el examen médico albergaban la esperanza de superarlo y así disponer -aunque fuese por un corto espacio de tiempo- con unos paupérrimos ingresos.

Llegada la hora de acudir al comedor, guardó el libro en su bolso para más tarde proseguir la lectura, pues como su imaginación volaba más libre y en mayor espacio en que lo hacen las gaviotas, se las prometía muy felices, cual si de un Julio Verne se tratase...








 

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